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LA OPINIÓN

La memoria de las víctimas

El PP lleva años dictando a los demás cómo deben expresar su homenaje a las víctimas. Mientras, una parte de la izquierda sigue dispuesta a dejarse arrebatar la herencia de sufrimiento

Es increíble que el recuerdo de una víctima de ETA en la democracia siga provocando bronca política en España. Es increíble y es una vergüenza. El PP lleva años apropiándose de una memoria dramática que corresponde a todos los españoles. Y le dicta a los demás ómo deben expresar su solidaridad o su homenaje, o de lo contrario vierte intolerables acusaciones de complicidad. Como si tuviera el monopolio de este dolor y de cómo expresarlo. Y por otra parte, hay una parte de toda la izquierda dispuesta a dejarse arrebatar la herencia de sufrimiento que la banda provocó a este pueblo.

Lo que significó Miguel Ángel Blanco nos pertenece a todos. Ni los pueblos ni las personas eligen siempre su destino. Y después de que ETA dejado ya en España un reguero de viudas, viudos, de huérfanos y familias rotas, en julio de 1997 Ermua y el joven concejal del PP se convirtieron para siempre en un símbolo.

Aquel secuestro y la muerte anunciada a cámara lenta; la dignidad y el desconcierto del padre albañil que volvía de la obra y se encontró a la puerta de su casa a una multitud de periodistas que le contaron la tragedia que se abatía sobre su familia. Aquella explosión de rabia y de urgencia por salvar una vida de 29 años a gritos, con pancartas o con velas que ocupó durante tres días cada plaza de cada ciudad española. Todo eso dejó más sola que nunca a ETA en Euskadi y la retrató como el trágico anacronismo que era en la España de 1997.

ETA está hoy derrotada y desarmada pero algunos siguen empeñados en regalarle la victoria de discutir sobre su herencia macabra.

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