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El ojo izquierdo

¿Y si dejáramos todos de sobreactuar?

El castigo, no se engañen, es por saltarse chulescamente todas las leyes que se les han puesto por delante. Lo demás, propaganda y victimismo

¡Qué delgada línea separa una decisión judicial justa y equilibrada de otra desproporcionada y, por tanto, injusta! En tiempos de tanta agitación como los actuales, convendría que nos olvidáramos de la sobreactuación. Es lógico que a muchos ciudadanos les parezca una medida excesiva mandar a todo lo que se menea a la cárcel, con un cierto abuso de esa figura tan discutible como es la prisión preventiva, que primero castiga y luego juzga. Tan abusivo como desgarrarse las vestiduras porque han mandado a la cárcel a unas buenas gentes solo por sus ideas. Mentira. Quien más lo grita, por ejemplo, es Esquerra Republicana, que lleva décadas defendiendo, como su nombre indica, sus ideas de izquierdas y de República, presentándose a elecciones con absoluta libertad y recibiendo por ello unos cuantos miles y miles de euros de ese Estado que según ellos les prohíbe sus ideas. El castigo, no se engañen, es por saltarse chulescamente todas las leyes que se les han puesto por delante. Lo demás, propaganda y victimismo, tan caros a Puigdemont, el patético ausente. ¿Soluciones? Apunta un prestigioso jurista que una posible salida sería que el Supremo, que ya lleva el asunto Forcadell y la mesa del Parlament- arrebatara el caso a la Audiencia por tratarse de una misma cosa juzgada. El Supremo, dicen las mismas fuentes, preferiría otras sanciones al encarcelamiento. Mientras, un horror.

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