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LA OPINIÓN

El odio como síntoma

El episodio del director del Instituto de Nanociencias de la Universidad de Barcelona, sus insultos homófobos y racistas al candidato socialista Miquel Iceta, entran en la categoría de síntoma

Las redes sociales están llenas de cosas buenas y también de odio. Cada día, miles de personas enmascaradas tras el anonimato vierten su frustración contra personajes públicos por cualquier motivo, e inmediatamente son jaleadas por otras muchas que encuentran ahí una vía de escape no se sabe muy bien a qué delirio o rencor. Otras veces sí se sabe y algunas son todo un síntoma.

El episodio del director del Instituto de Nanociencias de la Universidad de Barcelona, sus insultos homófobos y racistas al candidato socialista Miquel Iceta, entran en la categoría de síntoma. Porque escribía a cara descubierta, porque no fue una vez sino varias y porque todos sus colegas y conocidos que lo seguían en Twitter no encontraron motivo para decirle “així, no” (así, no). Hasta que ha trascendido más allá de su ámbito cotidiano. Y entonces sí, la Universidad lo ha condenado y él mismo ha dimitido.

Todo parece valer en esta dolorosa batalla en la que han metido a los catalanes el insulto, la mentira, la exageración. No hay acuerdo político que cure eso en el corto plazo. LLuis Bassets escribía ayer que ya no se trata de una brecha, que los catalanes viven en dos mundos que se alejan, donde la empatía y la comprensión por el sufrimiento del otro desaparecen. Y esta es, de lejos, la peor herencia que deja la cabalgada independentista.

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