El ojo izquierdo

¿Todo era una broma?

Más sentido del humor, han venido a decirnos a todos los españoles los imputados que declararon ayer ante el juez Llarena, que estábamos de juerga cuando hicimos lo que hicimos

La tragicomedia catalana sigue su curso, y cada día que pasa nos
encontramos con un nuevo y sorprendente gag de película de enredos.
Primero, la inaudita situación de Puigdemont, que nada hay que comentar
en serio de esa broma de la toma de posesión telemática, por Skype o por
poderes, que es como se casaban en tiempos los indianos catalanes.
Aceptemos cocodrilo como animal de compañía, y demos por bueno el
grotesco espectáculo de que jura el cargo como un holograma. ¿Y al día
siguiente? ¿Cómo se gobierna a 1.344 kilómetros de distancia?
¿Tendremos que aguantar que Puigdemont, como el impresentable director
general de Tráfico, nos chulee diciéndonos que en Bruselas hay Internet?
Recuerden que Junqueras sigue en la cárcel, que de sabido ya tenemos
olvidada la gravedad del caso. Ayer, además, conocimos la forzada
renuncia de Forcadell, a la que hay que sumar las declaraciones de los
imputados por el juez Llarena, en las que han venido a decir que bueno,
que sí, que se hizo algún referéndum y se proclamó alguna república, pero
que tampoco hay que tomárselo todo tan en serio, que a ver si ahora uno no
va a poder divertirse con inocentes chanzas. Más sentido del humor, han
venido a decirnos a todos los españoles, que estábamos de juerga cuando
hicimos lo que hicimos. Pues nada, echémonos unas risas todos juntos.

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