El angustiado Fiódor Dostoievski

Siempre se ha dicho que un buen novelista tiene que tener una vida intensa en la que reflejarse e inspirarse y a fe que Dostoievski la tuvo.

En 1839 falleció su padre, asesinado a manos de sus siervos campesinos (mujiks), hartos del comportamiento despótico de su amo. La muerte de su padre y dos años antes la de su madre María, contribuyó a que el joven Dostoievski sufriese una crisis nerviosa y empezara a padecer sus primeros ataques epilépticos.

Se estrenó en la literatura en 1846, a los 24 años, con la novela Pobres gentes, con la que alcanzó una notable relevancia en su país. Pero tres años después el escritor se asoció con el Círculo Petrashevski, un grupo clandestino de intelectuales socialistas de San Petersburgo perseguidos por el régimen zarista, por lo que será detenido, condenado a muerte (con un simulacro de fusilamiento) y deportado a Siberia durante cuatro años de trabajos forzados en condiciones muy penosas. En su estancia en Siberia dedicó mucho tiempo a la lectura de la Biblia, empapándose de espiritualidad y aprendiendo el valor del sufrimiento. Cumplida la condena, lo enviaron a Kazajistán como soldado raso, hasta que en 1859 pudo volver a Rusia. En el año 1857 se había casado con María Dimitrievna, una mujer viuda con la que no consiguió ser feliz. El nuevo zar, Alejandro II, concedió ese mismo año una amnistía y Dostoievski recuperó su completa libertad.

Será a la vuelta del destierro, ya cuarentón, pobre y poco reconocido, cuando escriba sus mejores novelas, como Humillados y ofendidos o Recuerdos de la casa de los muertos, ambas inspiradas en su etapa siberiana.

Pero su annus horribilis fue 1864, ya que muere su esposa en el mes de abril a causa de la tuberculosis y también falleció su hermano Mijaíl, a quien estaba muy unido, en el mes de julio, teniendo que hacerse cargo de su viuda y cuatro hijos y de una deuda de 25.000 rublos.

Atormentado por la epilepsia y el asma, Dostoievski inició un viaje por Europa y se dirigió a París en busca de su amante, Polina Súslova, una joven rusa 16 años más joven que él, a la que había conocido en la revista El Tiempo. Con Polina recorrió gran parte de la vieja Europa, pero el desamor llegó al corazón del atormentado Fiódor, que se encontró con que su bella rusa lo engañaba con un estudiante español.

Fue en ese peregrinaje cuando se detuvo en la ciudad balneario de Wiesbaden. Una mañana descubrió la ruleta del casino y se inició en el juego. Unas pocas monedas le permitieron ganar 10.000 francos. El veneno del juego le había poseído y se convirtió en un ludópata. Una obra maestra de la literatura universal comenzaba a fraguarse: El jugador, que dictó a su secretaria, Anna Grigorievna, las cual se convirtió en su segunda esposa unos meses después, en 1866. Con ella viajó a Ginebra y al balneario alemán de Baden-Baden. Allí jugó en la ruleta con la fe del que cree tener el sistema infalible para ganar y perdió casi todo su dinero.

Perseguido por las deudas y sus enfermedades, Dostoievski murió en febrero de 1881 con la conciencia de estar sumido en la degradación. Unas semanas antes de su muerte, el autor recibió en su casa la visita de un amigo de Iván Turguéniev, que quería reclamar un dinero que se le debía desde hacía más de 15 años y que Dostoievski había quemado, a su paso por Baden-Baden y otros casinos europeos. Con razón dijo Nietzsche que este escritor ruso era el único psicólogo del cual se podía aprender algo…

 

 

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