Cannes destapa las heridas de la política del siglo XX

  • El polaco Pawel Pawlikowski deslumbra con su historia de amor marcada por el Telón de acero en 'Cold War'
  • El periodista Kapuściński llega al cine para mostrar el inicio del tercer mundo en 'Otro día de vida'

Con una edición con menos estrellas, el Festival de Cannes ha apostado por el cine más político. Por un lado, poniendo en evidencia a países como Rusia o Irán que tienen directores de cine en arresto domiciliario. Panahi no podrá venir a presentar Three faces y el ruso, Kirill Serebrennikov tampoco ha podido defender Leto (Verano). Por otro lado, hay películas con tramas y contenido político en cada una de las secciones. Algo que suele ser habitual en el certamen pero que este año, ante la escasez de cine de Hollywood, cobra más fuerza.

Es lo que ha ocurrido con Pawel Pawlikowski, director polaco ganador del Oscar con Ida, que ha convencido a la crítica con Cold war, una bella historia de amor imposible entre dos músicos polacos desde los años 40 hasta los 60, entre dos mundos, el socialismo de Stalin y el capitalismo incipiente de Francia tras la Segunda Guerra Mundial.

"Hay muchos obstáculos para el amor en esa época. Para mí sería difícil contar En una historia de amor en la actualidad, porque hay muchas cosas que te distaren, los móviles, las fotos..., no ves la agente maravillosa, hay demasiado ruido para enamorarse. En la época en la que ambientamos la película, la vida es más gráfica y más dramática y los sentimientos más profundos. Es esa la razón por la que vuelvo a esa época, por cierta nostalgia, evidentemente, no es nostalgia por Stalin", explicaba el director en rueda de prensa.

Pawlikowski vuelve a embaucarnos con unos perfectos y bellísimos planos en blanco y negro, como ya hizo con su anterior filme. "No queríamos repetir Ida, por eso pensamos hacerla en color pero no encontrábamos el color adecuado, la paleta que nos sirviera, probamos con colores más soviéticos para mostrar ese periodo soviétic, pero al final vimos que el blanco y negro es más metafórico de ese periodo. Y así la hicimos, aunuqe con un uso más dramático y metimos movimientos de cámara y música, lo que hace la película más dinámica", decía.

La música a la que se refiere varía del folclore polaco del campo y las montañas, que el socialismo soviético adaptó para trasladar los valores del régimen, al jazz de los salones franceses. Dos mundos por los que oscila la película y por donde transcurre esta inmensa historia de amor, el socialismo y el capitalismo, y donde en ambos son infelices, incapaces de vivir en libertad.

"Soy fatalista", confesaba el director que se ha basado la historia de amor de sus padres para esta película. "Creo que la vida es un desastre en general y no creo en el destino de mis personajes", completaba la descripción pesimista que establece en sus relatos, tanto en Ida, como en Guerra fría, donde toda la crítica política tiene matices y donde hay algo de aceptación de la tragedia en sus personajes.

Pawlikowski vuelve a la Guerra Fría, momento político que marcó muchas de las tragedias que vivimos hoy. Entre ellas el surgimiento del llamado tercer mundo. Un nacimiento que documentó el periodista polaco Richard Kapuscinski. A Kapuscinski hoy no le publicaría nadie -hoy sería freelance- y, sin embargo, todo periodista que se precie cita su nombre como ejemplo a seguir.

Este hombre que hacía cosas, fundamentalmente viajó por distintos países retratando con dignidad a las personas y denunciando sus problemas. Ahora el cine quiere homenajear su labor con Otro día más con vida, codirigida por el español Raúl de la fuente, la adaptación en imagen real y en animación de su libro homónimo, sobre su paso por Angola. Una continuación a esa descripción del desastre europeo y sus consecuencias -en África, concretamente-, que sigue cronológicamente a la cinta de Pawlikowski y que da la razón al polaco en eso de que el mundo tiene mucho de desastre.

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