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Han Solo, el Spin-Off de Star Wars aburre en Cannes

En un festival marcado por el cine político y la falta de estrellas, el sin Off de Star Wars ha traído rostros conocidos pero a costa de una sensación de aburrimiento y de falta de personalidad

El Festival de Cannes es ese sitio donde el público vestido de gala, de marca, con tacones y las joyas de Chopard, puede aplaudir hasta la saciedad las revueltas laborales del cine de Stephan Brizé con En guerre. O donde los sesudos críticos defensores del cine de arte y ensayo hacen cola para ver Han Solo, el nuevo spin off de Star Wars, la saga más rentable de todos los tiempos.

El Spin Off es una bonita manera de expandir historias. De contar aquello que les pasa a los personajes antes de la historia en sí. Universo expandido lo llaman unos, máquina de hacer dinero, vender entradas y merchandaising, lo llaman otros. Eso es Han Solo, una manera de seguir haciendo taquilla y de mantener el universo de la saga creada por George Lucas, ahora en manos de Disney, en todo su esplendor. Sin embargo, ni siquiera Ron Howard, un veterano elegido para subsanar los errores de los primeros directores a los que despidieron, ha conseguido que la cinta esté a la altura de los últimos episodios.

Para los fans será agradable descubrir de dónde viene Han Solo. Cuándo nace su amistad con Chewbacca y cómo consigue el Halcón milenario. Más allá de eso, la cinta tiene un arranque lento y visualmente no propone nada nuevo. La acción tarda en llegar y los protagonistas no tienen ningún carisma. Para hacer del joven Han Solo, han elegido al actor Alden Ehrenreich, el actor de ¡Ave, César!, a quien Harrison Ford ha dado la bendición. "Me ha dado muchos consejos y me ha apoyado mucho", reconocía en Cannes. En realidad toda la cinta podría leerse como un relato de iniciación, una coming-of-age de cómo Han Solo se convierte en adulto y aprende en quién no debe confiar. "No es un individualista, es simplemente que viene de un mundo donde estaba solo", añadía el actor.

Como coprotagonista y novia de Han tenemos a Emilia Clarke, la khaleesi de Juego de Tronos, otro papel de mujer lideresa. "Son dos supervivientes, han vivido mucho. Pero en khaleesi vemos una gran evolución como persona, todavía no hemos visto esa evolución en este personaje, esperemos que en las siguientes entregas", explicaba la actriz.

Lo interesante de Han Solo es ver cómo empieza a desatarse la rebelión contra el Imperio. Lo que ofrece una lección importante para los gobernantes de hoy: los esclavos, del tipo que sean, se unirán algún día contra la opresión. Un tema que siempre ha estado presente en la saga y que en el Episodio VIII cobraba más fuerza, con un discurso contra la aristocracia y en favor de la lucha de clases, donde cualquiera, incluso un barrendero puede ser un Jedi. Algo de eso vemos en este spin off, pero solo en el personaje de L3, al que pone voz la actriz británica Phoebe Waller-Bridge: "Ella es como una guerrera social, que quiere mejorar el planeta, el universo, lucha contra las injusticias de manera instintiva", explicaba la autora de la serie Fleabag. Suya es la mejor escena de película.

También anima la historia Donald Glover, el creador y protagonista de la serie Atlanta, creador, como Childish Gambino, de la canción y el videoclip 'This is America', donde muestra la opresión y el racismo en su país. ¿Lo habrá visto Trump? "Puede ser porque está en internet y él siempre está metido en internet. Además lo ha puesto la CNN, seguro que lo ha visto", respondía el actor que interpreta a Lando, un gamberro jugador de cartas, dueño del Halcón Milenario.

Han pasado casi 40 años desde la aparición de Star Wars y el fenómeno fan no para de crecer, es como una religión donde las nuevas generaciones siguen siendo bautizadas. ¿Cuál es el secreto para que la lejana galaxia siga interesando en este mundo del streaming? "Porque es como nosotros. Parece que cambian las cosas, pero todo sigue igual, todo se basa en el dinero, ahí están los políticos, la avaricia, y muchas cosas que son tan humanas", reflexionaba Glover.

Precisamente de eso, de dinero, avaricia y malas decisiones políticas, va En guerre, la cinta de Stéphane Brizé, que si compite por la Palma de Oro. Con Vincent Lindon como un líder obrero en la actualidad, tratando de plantar cara a una multinacional alemana que va a cerrar un planta en una de las zonas más deprimidas de Francia. Con una tensión y un pulso vibrante, retrata las negociaciones entre trabajadores y accionistas. La violencia verbal y la falta de empatía de los empresarios hace temer lo peor a todos.

La otra película en competición es Under the silver lake, el esperado regreso de Robret Mitchell, tras la cinta de terror It follows. Interesante propuesta que bebe de la cultura pop, el cómic, la música rock, Carroll y hasta de David Lynch. Si en su anterior trabajo retrataba los miedos de una generación de jóvenes temerosos de contagiarse el SIDA, ahora se centra en esa generación obsesionada con el cine y la cultura pop, como única vía de escape a la precariedad.

Under the silver lake es un laberíntico relato que recorre la luminosa ciudad de Los Ángeles, la ciudad de las estrellas, que decía La La Land. Sin embargo, poco de ella tiene, sí el desencanto de los que no triunfan, pero los personajes de Mitchell son los verdaderos perdedores de Hollywood. El protagonista es el actor Andrew Gardfield, en el papel de un pajillero y friki, un hombre tóxico como novio y obsesionado con las chicas, el sexo y el cine. Tres claves de un tipo de cinefilia masculina que, como los fans de Star Wars, sigue creciendo. Ambos son creyentes de una religión que no existe, pues detrás de todo, hasta de la guitarra de Kurt Cobain, está el capitalismo.

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