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Cuando el patrón es la pesadilla

Nunca la tele me pareció tan instructiva como con Alberto Chicote y su Pesadilla en la cocina. Tras sucesivos programas voy viendo que el gran problema de un restaurante es su dueño. En el cuarto programa, una de las socias, aunque no principal accionista, toma las riendas sin ton ni son, porque se cree la mejor formada para hacerlo (y, entre las razones que arguye está la de haber ido a un colegio de pago, como si eso garantizase el nivel intelectual y empresarial del alumnado). En el anterior programa, el dueño (y pareja de la socia capitalista) dejó clara su incapacidad para ir más allá de los abrazos y los besos cuando lo que tiene es que dirigir su empresa. A quien más se criticó en Twitter durante la emisión del programa fue a una de las camareras, pero hay que decir que actuaba con la complacencia del jefe. Ser jefe y propietario no debe ser fácil, y más cuando has montado una empresa porque te parece que puede ser un sueño hecho realidad, pero que no tienes ni idea de cómo funciona. En el sector de la hostelería es habitual encontrar este perfil (¿quién no ha soñado alguna vez con tener un bar de tapas o un garito como el que siempre hubiese deseado visitar?), pero también sucede en otros muchos sectores más de la economía en nuestro país. Pienso en la prensa y se me ocurre que a quién no le gustaría tener un periódico, una televisión o un portal en internet para leer lo que le gustaría que mucha gente leyera. Y cuando se profundiza, la empresa es mucho más que una forma de ganar dinero, porque de ella depende el trabajo de mucha gente y el servicio para otra mucha y, de todo ello, el responsable es el dueño. Con cada crisis económica, cada gobierno publica su propia reforma laboral, en la que se acometen programas de medidas dirigidas al empleado, pero pocas, o casi ninguna, al empleador. Por eso, quizás sea el momento de aplicar la creatividad que se pide en la cocina, en el restaurante y en la economía en las normativas gubernamentales y afrontar una reforma del empresario, ese que paga mal (si paga), exige (sin saber el qué) y hace una pésima gestión del talento. Para su puesta en práctica podría ponerse en marcha un nuevo reality de patrones, o, mejor aún, de políticos. Por ahora, en Twitter ya se pide la intervención del chef Alberto Chicote en el mismísimo Consejo de Ministros...

  * Foto: una imagen del cuarto programa de Pesadilla en la Cocina, disponible en LaSexta.com.