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Las arenas movedizas del pato y el foie gras

Llegó la Navidad y no lo pude evitar. Con una amiga francesa en casa, me lancé a guisar un pato al moscatel de Málaga. Así, sin más problema ético. Y después de aderezarlo con mucho tomillo y de dejarlo cocer lentamente entre el jugo de la cebolla y el vino, me asaltó la moral. ¿Es este un pato que sufrió el convertirse en foie gras? A juzgar por la grasa de la pechuga, lo parecía. Así que me puse a leer sobre la cuestión. Y me encontré con el mejor: Agustín Blasco. Según este estudioso, la degeneración de grasa en el hígado de un animal no induce a pensar que se traduzca en malestar. De hecho, entre los humanos es bastante frecuente y muchos de quienes lo padecen gozan de gran felicidad. No obstante, el tubo en la boca podría ser indicio de abuso, aunque como el animal a estudiar cuenta con buche, parece diseñado genéticamente para ingerir grandes cantidades de alimento sin sufrimiento alguno, apunta Blasco. Sin embargo, cuenta este estudioso que el conflicto ético existe, pues se está forzando a una serie de individuos sin objetivo moral a ser engordados, ya que no hay un fin objetivamente digno como es el dejar de pasar hambre por parte del humano. Pero el problema es, a veces, sólo cuestión de imagen, ya que parece más ético comer buey de Kobe que foie gras, pese a que las terneras japonesas pasan su vida privadas de la libertad de andar. Además, eso que llaman masajes, es sólo movimiento de tripas inducido, debido a que la estabulación absoluta les impide que el intestino se mueva por su propia naturaleza. De la cerveza, sólo un litro al año, y con el objetivo de que sirva para diluir algo  el exceso de grasa y evitar que mueran de un infarto. Así que, llegados a este punto pienso que lo más honesto es quizás dejar de comer carne, porque tanto da que sea pato, pollo, ternera o cordero. Todo depende del nivel de humanidad que se ponga en el contrincante a comer. Y estas son las arenas movedizas en las que moral y ética se hunden en el fango del consumo humano.   * Imagen: Getty.