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Sociedad

Reportaje:

Demasiado buenos para el sistema

La mayoría de los niños superdotados pasa por un calvario de enfermedades y soledad que, en ocasiones, muestra su peor cara durante la juventud o la edad adulta

EFE / Muchos de los niños superdotados desperdicia su talento durante años y, muchas veces, acaban abandonando los estudios

Aproximadamente un tercio de los niños con altas capacidades intelectuales son identificados a tiempo por los padres o los profesores. El resto desperdicia su talento durante años y, muchas veces, acaban abandonando los estudios o cayendo en el fracaso escolar. La mayoría de ellos ha pasado antes por un calvario de enfermedades y soledad que, en ocasiones, muestra su peor cara durante la juventud o la edad adulta.

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Más del 60% de los casos de niños superdotados o con altas capacidades no se detectan a tiempo, según los datos que maneja la Asociación Española para Superdotados y con Talento. Se considera que en torno al 3% de la población tiene sobredotación o, lo que es lo mismo, un coeficiente intelectual por encima de 130. Así pues, en un aula de 30 alumnos, al menos uno de ellos tendría altas capacidades. "Son niños a los que hay que darles progresivamente un papel de mayor protagonismo en su proceso de aprendizaje", señala Joaquín Chico de Guzmán, orientador psicopedagógico. "Puede parecer, a veces, de manera errónea, que por ser muy listos no es necesario hacer mucho más con ellos. Pero hay que huir de ese tópico", añade.

Los menores con altas capacidades necesitan una atención específica en los centros educativos para no desperdiciar su potencial y evitar que caigan en el fracaso escolar. Los casos pueden ser descubiertos por los padres o por los maestros y profesores, cuando "se van dando cuenta de que el niño tiene un funcionamiento por encima de la media en las diferentes áreas curriculares, con un estilo de aprendizaje particular, un alto grado de ingenio y creatividad, y un talento importante con el que destaca sobre los demás", apunta Chico de Guzmán.

Necesitan más

Ana Belén Márquez, maestra de educación infantil en el CEIP 'Cantos Altos' de Collado Villalba (Madrid). Descubrió en su clase a un menor superdotado. Era un niño que con 4 años leía, escribía y realizaba distintas operaciones matemáticas, incluyendo la multiplicación. "Podía estar horas y horas realizando operaciones de cálculo o escribiendo cartas a sus amigos", recuerda la educadora. "Buscaba siempre la compañía de niños mayores que él. Hacía los trabajos rápidamente y te pedía más. Siempre quería hacer más cosas. Al principio yo opté por que ayudara a sus compañeros. Era como un segundo maestro en pequeñito dentro del aula". Al poco tiempo, el centro habló con los padres de ese niño, que ya sospechaban que su hijo podía tener alguna sobredotación, y autorizaron las pruebas. Resultó que el pequeño tenía altas capacidades, así que se le hizo una adaptación curricular y directamente promocionó desde infantil a segundo de primaria.

Cayendo en la desesperación

Pero no todos los casos terminan bien. De hecho, casi tres cuartas partes de los menores superdotados no son evaluados y, en el mejor de los casos, la evaluación llega con mucho retraso, según Alicia Rodríguez Díaz-Concha, presidenta de la Asociación Española para Superdotados y con Talento. "A veces se tarda hasta dos cursos o tres en que se haga el informe al niño, lo que aporta al menor malestar y somatización de enfermedades como fiebres rebeldes, alergias, dolores o eccemas. Lo pasan fatal en la escuela. Y luego, cuando llegan a casa, sueltan todas sus frustraciones. No soportan estar tantas horas dentro de un aula, todos los días de un curso, aburridos y sin aprender nada".

Al final, esta situación desemboca, muchas veces, en el fracaso escolar o en el abandono de los estudios. "Pueden ser los últimos de la clase", dice Alicia Rodríguez. "Cuando llegan a secundaria, empiezan a bajar las notas y el rendimiento y optan por marcharse del centro antes de terminar la ESO. A veces ha ocurrido que, más adelante, estos chicos sufren una depresión o cualquier otro trastorno y, al acudir al psicólogo, este les revela la causa de inmediato. Es cuando el especialista le dice a los padres que su hijo tenía altas capacidades que no fueron detectadas de pequeño".

El problema, según la Asociación Española para Superdotados y con Talento, es que la Administración no sabe dar respuesta a estos casos, señala Alicia Rodríguez Díaz-Concha. "Los equipos psicopedagógicos son muy escasos. Hay equipos con tres personas que tienen que atender decenas de centros. Y así es imposible, porque están visitando a los niños una vez cada quince días". Además, los informes de profesionales privados o de la Seguridad Social no son válidos para Educación. Sólo en contadas ocasiones se han homologado este tipo de documentos, asegura Alicia Rodríguez. "Lo mejor que hay para estos niños es la flexibilización de curso, y esto no conlleva ningún gasto para el Ministerio. Lo que pasa es que no lo saben hacer, y hay muchos departamentos dentro de la Administración para atender a este colectivo, pero ninguno se implica en condiciones. Se pasan la pelota de unos a otros".

Lo positivo de todo esto, explica la Asociación Española de Superdotados, es que ningún talento se pierde. Según su presidenta, nunca es tarde para recuperar el tiempo malgastado. "Buscándoles un grupo de similares, ellos siguen para adelante. De hecho ha habido gente que había abandonado los estudios en la ESO y años después han terminado sus carreras universitarias".

Hablar por hablar. Tener un hijo superdotado no es tan bonito como parece. Nos lo ha contado Manuel.