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Diario de un huerto escolar (DHE #1)

Brotes Ver que, de un guisante, poco a poco va saliendo la raíz, luego el tallo y, finalmente, las hojas, a algunas personas quizás les parezca insignificante. A otras, incluidas ellas y ellos, nos parece alucinante. Así es como surgió el proyecto del huerto de infantil del Colegio Siglo XXI. Durante un tiempo los niños y las niñas de tres años sembraban guisantes en algodón y veían cómo la semilla se iba convirtiendo en una planta, en vida. Cuando se hacía grande no sabíamos qué hacer con ella por lo que, o bien acababan llevándosela a casa, o bien se moría. Entonces se interrumpía la observación del proceso de crecimiento y las maestras nos propusimos que continuase, trasplantándola en un huerto. Trasplantando guisantes Con la ayuda de las familias conseguimos acondicionar un espacio en el patio. Que estuviera a su alcance, que les fuera accesible, que no tuviera vallas. Hacer un semillero, trasplantar una planta, custodiarla de los insectos y quitarle los hierbajos supone una responsabilidad que les hace crecer y sentirse mayores, y eso les gusta. Cuando salen al patio se acercan al huerto para ver cómo está, cuánto han crecido las plantas o qué insectos tienen. – ¿Podemos regar? ¿Podemos regar? Regando el huerto del Colegio Siglo XXI Poco a poco le van cogiendo cariño y eso supone que van desarrollando hábitos de cuidado y respeto hacia las plantas. Pese a que el huerto está dentro de su zona de juego, saben que no pueden meterse dentro, que de ahí no pueden sacar arena y que las flores no se cogen. Una vez que empiezan a salir los tomates, los pimientos o las fresas, son ellos y ellas los primeros en darse cuenta. Y a los que antes no comían tomate en el comedor porque no les gustaba, ahora, después de cogerlos, lavarlos y echarles sal y aceite, ¡les encanta! Soy maestra de Educación Infantil, como he dicho antes, en el Colegio XXI, una cooperativa de familias que se fundó en 1970 y que se caracteriza por impulsar un tipo de educación acorde a un ideal cooperativo, responsable, democrático, solidario y participativo. La experiencia de incluir un proyecto de huerto en la programación de aula es muy bonita y da cabida a trabajar muchos contenidos de todas las áreas. En mi opinión, para los niños y las niñas es muy enriquecedor porque aprenden a respetar y a convivir con el medio natural, a conocer de dónde viene aquello que comen y lo saludable que es para nuestro cuerpo. Para el equipo de maestras este proyecto ha supuesto todo un reto. La mayoría carecíamos de conocimientos sobre el cultivo y, poco a poco, vamos formándonos y aprendiendo. Tenemos que coordinarnos para poder realizar las tareas que conlleva mantenerlo y eso, en el día a día, requiere un esfuerzo y un compromiso. El huerto: otra forma de aprender Esta semana hemos empezado el cole y hemos bajado a ver el huerto detenidamente. Para nuestra sorpresa, hemos encontrado algunas plantas más muertas que vivas y otras más vivas que muertas. Al preguntarle a los de cinco años por qué pensaban que están así las plantas, han contestado que "porque les está dando mucho sol", porque "el sol gana al agua" o "porque no lo hemos regado". También han visto las fresas "más gordas" o plantas que "huelen bien" pero lo que más ha llamado su atención son los "muchos" tomates. Hemos arrancado algunos que ya estaban maduros y en clase se han comido un trocito. A la mayoría les ha encantado y pedían repetir. – ¿Otro día podemos coger más tomates y comerlos?   * Imagen de cabecera: Getty.

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