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Tinta de calamar

Una caja misteriosa como forma de vida

Caja misteriosaEn programas como MasterChef y Top Chef desafían a los concursantes con el reto de la caja misteriosa (o la caja sorpresa o como sea). Todos esperábamos con los ojos como platos ver qué extraña suerte de viandas se escondían bajo la caja, que ¡sólo tiene 15 ingredientes! ¡Qué complicado! ¿No? La verdad es que eso es el día a día de cualquier cocinillas casero: cocinar conloquehaya. Llegas a casa apurado y en 10 minutos tienes que improvisar un plato porque llegas tarde a clase, tu niño tiene que ir al cole, te vuelves en cinco minutos al curro y no te puedes entretener. Abres la nevera, os miráis a los ojos como en un duelo del oeste y a los 10 segundos recuerdas lo que ya sabías: no hay absolutamente nada. Pues esto es aún peor, vamos, infinitamente peor en un piso de exestudiantes que ahora trabajan. Salimos todos a las 8 de casa y no volvemos hasta que los supermercados están cerrados. Nadie hace la compra porque nadie puede, todos nos llevamos un tupper para el día siguiente y queremos ser la envidia de nuestros compañeros así que no escatimamos en detalles. Otro día hablaremos de la comida en el trabajo, que es un tema apasionante. Y claro, volvemos por la noche, con hambre suficiente para comer harina cruda a cucharadas y en el frigorífico nos encontramos con un paraje desolador, como el mío de esta semana, fin de mes (¡ay señor!): dos huevos, dos medios limones secos y media lima, hojas de albahaca negras, perejil podrido, medio pimiento, cuatro champiñones que empiezan a críar champiñoncitos, media lata de tomate triturado, un brik de nata (¡vade retro!) y tres lonchas de jamón serrano que ya empezaban a combarse. Saque usted de ahí cena para cuatro animaliños de 25 años. Estimulación pura de la creatividad. Nevera vacíaSiempre digo lo mismo, si tienes una materia prima espectacular, respétala y comerás rico, es así de sencillo. Lo complicado viene en estos momentos en que no tienes casi recursos, que el presupuesto es limitado y el tiempo también; en esos momentos hay que ser ingenioso, probar cosas nuevas que no sabes si funcionan y ver qué pasa al final. El domingo pasado me encontré en una de esas situaciones: me levanto a la 1 y veo en el móvil que seremos 5 a comer. Repaso la nevera y me encuentro lo que os comentaba antes y un par de calabacines de regalo. Saco una cebolla algo mustia de la despensa, arroz, mejillones en escabeche picante y ajo, 10 langostinos que había por ahí congelados y me pongo a improvisar un arroz. ¡No sabéis qué cosa tan rica! Le hice fotos y pronto subiré el paso a paso a mi blog (que lo tengo abandonadillo) porque hacía tiempo que no comía un arroz tan bueno y con tanto sabor. Si por algo dicen que el hambre agudiza el ingenio... ¡Inventad!   * Imágenes: Getty.

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