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Dame los ingredientes que ya cocino yo

“Ya solo me fío de las estadísticas que yo mismo manipulo” (Winston S. Churchill)

Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. / ()

La estimación de voto de cualquier encuesta se cocina con cuatro ingredientes: los datos recogidos, los datos históricos, el análisis del momento actual y una buena dosis de intuición.

Hoy, en un contexto que muchos califican de excepcional, han desaparecido dos de esos ingredientes. No hay recuerdo de voto ni resultados concretos de anteriores elecciones generales que sirvan para medir la verdadera fuerza de los dos emergentes, Ciudadanos y Podemos. Están los referentes de las pasadas europeas, y de un modo algo más fragmentado, de las municipales y autonómicas. Pero las particularidades concretas de esas elecciones hacen que no sean del todo fiables como instrumento comparativo.

En cuanto a la intuición, es tal el grado de volatilidad y de indefinición que se detecta en los últimos sondeos que pocos saben por dónde sopla el aire. “Ya ni el recuerdo de voto resulta tan útil, porque del mismo modo que antiguos votantes del PP no quieren reconocer ahora que hace cuatro años apoyaron a Rajoy, también los hay que recuerdan haber votado al PSOE cuando en realidad lo que hicieron fue quedarse en casa”, explica uno de los sociólogos que más datos estadísticos maneja en España.

Así que, finalmente, ya solo quedan dos asideros a los que agarrarse: los datos reales y la capacidad de analizar cada momento concreto. En primer lugar, la cantidad y calidad del muestreo. Es decir, el número de encuestados, su distribución territorial y demográfica y el método utilizado para obtener sus respuestas. ¿Teléfono fijo? ¿Móvil? ¿Entrevista presencial? ¿Cuestionario por internet? En segundo lugar, lo que no llega a los ojos de los comunes mortales: los microdatos. Las tripas pormenorizadas de la encuesta, que permitirán a cada profesional demoscópico compararlos con los suyos propios y reafirmarse o cuestionarse en su propio diagnóstico.

Estimación de voto según el barómetro del CIS. / EFE

Cada encuesta tiene su particular sesgo

Y la del CIS, como principal referente de los sondeos por la presumible calidad y amplitud de su muestreo, su rigor y su neutralidad, también tiene el suyo: demasiado institucional, creen unos, demasiado conservadora en sus estimaciones, dicen otros.

Por eso da la impresión de que en la cocina final ha sobrevalorado el bipartidismo de PP y PSOE y ha infravalorado a los emergentes Ciudadanos y Podemos. Pero eso no quiere decir que haya manipulado nada. El Centro de Investigaciones Sociológicas tiene profesionales serios que trabajan con métodos contrastados. Quizá incluso con su conservadurismo hayan acertado en diagnosticar el verdadero pulso político de la sociedad española.

Estos días hay abundancia de encuestas, y los resultados de unas respecto a otras son tan aparentemente contradictorios que, o bien acaban anulándose entre sí, o acaban influyendo las inmediatas sobre las siguientes. “En esta campaña, por primera vez en años, las encuestas se han convertido en armas de propaganda política, capaces de influir como nunca sobre el ánimo del votante”, dice otro veterano experto en sondeos.

Así que, si de verdad se quiere extraer valor a cada nueva entrega, lo más sabio puede ser tomarse el tiempo de leer de arriba abajo todo el cuestionario: la intención directa de voto, la suma de voto más simpatía, el estado de ánimo de los ciudadanos respecto a la economía o la política, la valoración concreta de cada líder, la percepción de los ciudadanos a la hora de situar a cada partido más a la izquierda o a la derecha…

Y con todos esos ingredientes, que son muchos, intentar cocinar cada uno su propia receta. Al menos, hasta que vuelvan a ofrecernos nueva materia prima, que dado el vértigo con que ocurre hoy todo, siempre se tratará de productos de temporada.

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