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refugiados y toxicómanos en un mismo centro

''Vivíamos en un clima de miedo porque hay drogas y siempre había tensión''

Según ha podido saber la Cadena SER varios de los refugiados han tenido que recibir atención psicológica tras pasar por el centro de Dianova

Un refugiado africano muestra las secuelas de la agresión que sufrió dentro del centro de Dianova el pasado mes de julio /

Cuando el 11 de enero de 2016 entró en aquella macro instalación rodeada de árboles con apariencia de remanso de tranquilidad no sabía a lo que se iba a enfrentar. Era uno de los primeros refugiados que llegaban al centro de Ambite que la Asociación Dianova España tiene a las afueras de Madrid. Esta organización que no tenía experiencia previa en la atención a refugiados se hacía cargo de 99 plazas de acogida a este colectivo desde el 1 de enero del año pasado tras concurrir a una subvención pública del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Este joven acababa de dejar atrás una de las guerras más violentas de la actualidad en África y pensaba que en España encontraría la oportunidad de vivir en paz y de mejorar sus vidas pero comenzaron los problemas, “vivíamos con personas afectadas por las drogas. Imagínate, familias con sus hijos viviendo con esos chicos con problemas de drogadicción, qué educación o qué ejemplos le están dando a esos niños” denuncia en declaraciones a la SER este refugiado africano que prefiere no ofrecer su nombre real por miedo a represalias.

Entró a un edificio “sólo para refugiados, porque los drogadictos y los inmigrantes del programa de atención humanitaria dormían en otras instalaciones pero al final nos mezclábamos todos los días para comer o en los lugares comunes. No era un sitio adecuado, había gente que consumía drogas y otras que las vendían dentro del centro. No es un sitio para refugiados o migrantes, porque hay sustancias, se fuma, se bebe, puede haber gente que al final se vea tentada a probar la droga. Con esta política no puede ser, todos perdimos la confianza en DIANOVA pero todos teníamos miedo a hablar” afirma en una entrevista con esta emisora.

Él fue también uno de los primeros y “numerosos refugiados” que presentaron quejas ante el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, el encargado de gestionar la acogida a los refugiados y migrantes que entran a España por vías irregulares o por programas de reasentamiento o reubicación.

Este ingeniero especializado en energías renovables acabó presentando una queja tanto ante el Ministerio como ante ACNUR, “los únicos que me dieron información sobre mis derechos y sobre la situación de mi expediente fueron los de ACNUR, sólo podía confiar en ellos a pesar de que yo había tenido confianza en la administración” lamenta.

Permaneció siete meses en DIANOVA “cuatro de ellos sin hacer nada”, les reclamaba formación en castellano u otro tipo de cursos pero “no me dieron nada hasta meses después de estar en el centro, muchas veces ibas a hablar con los abogados o trabajadores sociales pero tenían las puertas de sus oficinas cerradas y no nos dejaban hablar con ellos y mostrar nuestros problemas” denuncia.

“En tanto que la gente bebía y fumaba hacía que siempre hubiera tensión y amenazas. Estábamos amenazados y de hecho se producían agresiones como de la que fui víctima. En teoría era un programa para que dejaran la droga pero desgraciadamente había mucha gente que se drogaba en el centro” cuenta este africano que se queja de las trabas constantes para informar a la administración de su situación, "teníamos muchos problemas para poder acceder al Ministerio y quejarnos. La primera vez que fui me mandaron de vuelta a DIANOVA, y yo entré en cólera. Teníamos derecho a hablar de ello y protestar pero no nos dejaban”, afirma.

Un refugiado africano muestra las secuelas de la agresión que sufrió dentro del centro de Dianova el pasado mes de julio / CADENA SER

Es más, asegura que trabajadores de DIANOVA le presionaron para que no presentara queja ante el Ministerio o ACNUR, le decían que si denunciaba iban a cerrar el centro y todos los trabajadores serían despedidos.

Pero este refugiado sufrió una agresión en el interior del centro, en una pelea con internos en la que intentó mediar. No pudo denunciarlo ante la Guardia Civil de Arganda porque los agentes le remitieron de nuevo al Dianova, “primero me pidieron un certificado médico y después cuando se los llevé me dijeron que antes de denunciar hablara con el abogado de DIANOVA, cómo iba a confiar en el abogado de DIANOVA si eran ellos los que habían permitido que pasara esto” lamenta.

Tuvo que recibir ayuda psicológica

“El consejo que le diría a cualquier solicitante de asilo es que no aceptara ser llevado a Dianova porque allí lo único que hacen es mentir. Es muy duro vivir allí” repite varias veces durante la entrevista a la que acude con abundante información, incluidas fotografías que demuestran que fue agredido o las quejas escritas que presento ante el Ministerio de Empleo y Seguridad social fechadas en julio del año pasado.

“Vivíamos en un clima de miedo, todo el mundo tenía miedo a hablar no fuera a ser que se les hiciera un informe negativo y pudieran ser enviados a sus países de vuelta. Nadie quería hablar por miedo a pesar de cómo nos trataban. Desde que estaba dentro tuve que acudir al psicólogo varias veces y al salir he tenido que seguir recibiendo asistencia, ha sido una experiencia muy dura“lamenta. Ahora convive con otros refugiados en un programa de atención en un piso del centro de Madrid pero quiere dar a conocer su caso para que no le pase lo mismo a otros y con la esperanza de que “el Gobierno cierre ese sitio indigno para cualquiera”.

Sobrevivir a dos atentados en Colombia y acabar “en el centro de tortura de Ambite”

José Ricaurte y su familia llegaron al centro de Dianova en enero de 2016. Fue una de las primeras familias en entrar a las instalaciones y también una de las más activas en denunciar el trato que recibían.

“Entramos en enero del año pasado a ese centro de tortura de Ambite porque es un centro carcelario, nos querían negar las visitas, no te permitían quejarte de nada o denunciar nada porque te castigaban. Allí no nos trataban como seres humanos. Me da tristeza que a uno como refugiado lo traten a uno discriminándolo, porque uno llega huyendo de la violencia de otro país. Que no le den un trato digno y que haya asociaciones como esta que se enriquecen y que el Gobierno no haga nada”, denuncia en declaraciones a la SER.

Un chico en huelga de hambre tumbado en su sofá / CADENA SER

Este colombiano tuvo que huir desde Puerto Rico Caquetá por la violencia de la guerrilla. Sufrió cuatro desplazamientos forzados, un secuestro y sobrevivió a 2 atentados terroristas “el sufrimiento empezó con el proceso de paz de Andrés Pastrana con las FARC, se acabó el proceso de paz y la guerrilla nos persiguió porque yo era concejal allí. Me fui al Valle del Cauca y otra vez tuve que huir. Después intentaron matarme a balazos el 25 de septiembre de 2014 en el que murió uno de mis escoltas. El 18 de febrero de 2015 otro al que sobreviví gracias a coche blindado. Esta es la razón por la que busqué protección en España. Y fue el programa de reasentamiento de víctimas de Amnistía Internacional el que nos ayudó a salir” y detalla que llegó en compañía de su esposa y de sus dos hijos.

El centro está bien para el programa de toxicómanos porque está aislado pero para nosotros los refugiados no es adecuado. Llegar allí con familia y ver que estás en un sitio donde a cada rato se forma una pelea y donde convives con toxicómanos no es lo que uno se imagina cuando le dicen que le van a dar acogida en España” lamenta Ricaurte.

Me llegué a poner en huelga de hambre para reclamar una atención digna con los derechos que tenemos como refugiados. Hice una huelga de hambre de tres días y al tercer día sufrí un desvanecimiento, lo único que me trajo ese gesto fue persecución y castigo por parte de DIANOVA asegura Ricaurte. Sin embargo fuentes de la Asociación aseguran a la SER que “no consta caso de huelga de hambre, no la hizo, sólo una persona la anunció pero no la hizo” se defienden desde la cuestionada organización.

“Denunciamos el caso ante la oficina de asilo del Ministerio del Interior, de allí me remitieron a la subdirección general de integración a los inmigrantes del Ministerio de Empleo y Seguridad Social pero la administración ha hecho caso omiso a nuestras quejas. Eso me hace pensar que algo muy raro sucede, ¿Por qué no escuchan a los refugiados? Lo que pretendía es que los funcionarios nos escucharan pero nunca nos dieron la oportunidad” denuncia este colombiano que asegura haber sufrido presiones y represalias por parte del director del centro de Ambite por haber puesto la queja ante el Ministerio.

De allá salimos enfermos psicológicamente. Estoy ahora empezando un tratamiento psiquiátrico que me están dando en la ONG Rescate. Nos sentimos mal, enfermos por el trato que nos dieron en Dianova. Hubo momentos en los que llegué a pensar que habría sido mejor dejarnos matar por las balas en mi país que estar en un centro donde nos trataban así” se lamenta este refugiado colombiano que lucha para que sus hijos puedan seguir estudiando en España mientras él busca trabajo a todas horas “como conserje porque estoy ya un poco limitado físicamente”.

ACNUR visitó el centro para investigar las quejas que le llegaban de estos refugiados pero según Ricaurte no le permitieron hablar en ese momento con las técnicas de la agencia de la ONU para los refugiados.

Tanto ACNUR como Aministía Internacional trasladaron verbalmente y por escrito al Ministerio de Empleo y Seguridad social su “preocupación ante la posibilidad de que se pudieran estar vulnerando los derechos de los refugiados en esas instalaciones. Mezclar tres programas diferentes de atención a toxicómanos, inmigrantes en atención humanitaria y a refugiados y sus familias no es un modelo adecuado de acogida “afirman a la SER fuentes del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.

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