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Trump admite haber compartido con Rusia información clasificada sobre terrorismo

El presidente de Estados Unidos reveló información secreta al ministro de Exteriores ruso que puede perjudicar la lucha contra DAESH, según una investigación del Washington Post. La Casa Blanca lo negó anoche en tres ocasiones

El presidente de EEUU, Donald Trump, durante una recepción en la Casa Blanca / ()

Donald Trump defiende “su derecho” a compartir información con Rusia, dice en Twitter, “hechos relacionados con terrorismo y seguridad aérea”. Asegura que lo hace por razones humanitarias y porque quiere que Moscú dé un paso grande en la lucha contra DAESH. El presidente no confirma explícitamente que la información revelada ayer por el Washington Post es verdadera pero reconoce que ha compartido información con Moscú. Trump vuelve a contradecir a tres miembros de su gabinete que salieron anoche a declarar públicamente que la investigación del Post es falsa.

No habían pasado ni 24 horas del despido del director del FBI, que investigaba la interferencia de Rusia en las elecciones estadounidenses y su posible colusión con el entonces candidato presidencial, cuando Donald Trump recibió en el Despacho Oval al ministro de Exteriores ruso, Sergéi Lavrov, y al embajador ruso, Sergéi Kislyak. En esa reunión hablaron de amenazas comunes, de la situación en Siria y de la lucha contra DÁESH, cuando Trump empezó a dar detalles de una amenaza terrorista detectada por un socio clave en terreno. Se trata del uso de ordenadores portátiles en aviones comerciales para cometer atentados, según una investigación publicada por el Washington Post.

La CIA y la Agencia de Seguridad nacional, implicadas directamente con la fuente de la que proviene la información, se han negado a hacer declaraciones. Pero, según los oficiales consultados por el Post, la información filtrada es “altamente sensible” ya que puede poner en peligro a la fuente en terreno y su colaboración con ella, porque Estados Unidos no tenía autorización para compartirla con otros aliados. Mucho menos con Rusia. Con los datos revelados Moscú tiene la posibilidad de saber de quién proviene y podría interferir en la colaboración que tiene con Washington, ya que el Kremlin colabora con el régimen de Bashar Al Asad, tiene tropas en Siria y unos intereses diferentes a los de Estados Unidos.

La Casa Blanca asegura que la información del Post es falsa. El general H.R. McMaster, asesor de seguridad nacional, explica que el presidente y el ministro de exteriores ruso analizaron “desafíos comunes, desde organizaciones terroristas a las amenazas en vuelos comerciales” pero “en ningún momento trataron fuentes de inteligencia ni métodos concretos”, tampoco hablaron de operaciones militares que no se sepan públicamente. Según el Post, Trump reveló también acciones que Washington estudia llevar a cabo para contrarrestar la amenaza terrorista, incluidas operaciones militares en Irak y Siria.

La Casa Blanca no ha aclarado si esta información está relacionada con una medida que está estudiando el departamento de Seguridad Nacional de prohibir ordenadores portátiles en las cabinas de los aviones que van de Europa a Estados Unidos. Este país, junto a Reino Unido, aprobó en marzo una norma similar que afecta a pasajeros provenientes de diez países de mayoría musulmana. Tampoco ha dado explicaciones sobre por qué, si la información revelada es falsa, uno de los asesores de Trump llamó a la CIA y a la Agencia de Seguridad Nacional para “prevenir de los detalles sensibles” que se trataron en esa reunión.

Es el último capítulo de la trama rusa que pisa los talones a Donald Trump y amenaza con arrollarle si no pone fin cuanto antes al embrollo político y legal al que se está exponiendo con sus propias acciones, declaraciones y contradicciones. Con esta revelación a Rusia, de confirmarse verdadera, Trump no habría vulnerado la ley ya que, como presidente, tiene capacidad de desclasificar información secreta. Pero sí viola unas normas de espionaje entre gobiernos y agencias al minar la confianza entre los actores para intercambiar información.

Esta filtración caldea todavía más las sospechas alrededor del despido de James Comey, el director del FBI, que investigaba una posible colusión entre el entorno de Trump y el espionaje ruso durante las elecciones de 2016 que tenían como objetivo perjudicar a la candidata demócrata, Hillary Clinton. Con la credibilidad del gobierno cuestionada dentro y fuera de sus propias filas, Trump pretende nombrar al próximo director del FBI antes de su primer viaje al extranjero el próximo viernes. Republicanos y demócratas esperan que sea un personaje independiente, sin vínculos previos con el presidente, para devolver la credibilidad y la independencia a los servicios de Inteligencia. Esta persona será escrutada por todos en su misión más crítica: avanzar con la investigación sobre la trama rusa y su posible complicidad con el entorno del presidente.

El embajador Kislyak, al que Trump recibió la semana pasada en la Casa Blanca ante la estupefacción de todos, es un personaje central en la investigación. Las mentiras de Michael Flynn sobre sus contactos con el embajador le costaron el puesto de asesor de seguridad nacional 24 días después de asumirlo. También al actual fiscal general del Estado, Jeff Sessions, que ha sido inhabilitado en cualquier asunto relacionado con la trama rusa por mentir al Senado sobre sus conversaciones con Kislyak.

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