Cuando el presidente sí habla otros idiomas

Pedro Sánchez es prácticamente bilingüe en inglés, domina el francés, se maneja en italiano y portugués; ¿quién da más?

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, charla con su homólogo ucraniano, Petro Poroshenko en el Palacio de la Moncloa. / ()

Cuando el actual presidente del Gobierno  Pedro Sánchez llegó a Bosnia Herzegovina en 1997 para  trabajar en la oficina del Alto Representante de la Comunidad Internacional  Carlos Westendorp, venía con un nivel de inglés cercano al bilinguismo. Gramaticalmente impecable  y con algo de arrastre de acento español, que no hacía sino,  que sonara más interesante. Exceptuando el propio Westendorp, era quien mejor se expresaba en la lengua de Shakespeare, desde luego bastante mejor que el resto del equipo y, teniendo en cuenta que en este organismo todo se trabajaba en inglés, era un elemento muy a tener en cuenta.

Pedro Sánchez tenía por entonces 26 años,  era un economista con un muy buen expediente académico, que había pasado por la universidad de Bruselas y hecho prácticas en Nueva York además de tener  unas ganas enormes de trabajar. La de Sarajevo, era una oficina multicultural, donde el departamento jurídico estaba en manos de un británico, el económico, de un alemán, el político  de un americano y el judicial, de un canadiense. O te manejabas en inglés, o quedabas relegado a trabajos menores.

He visto a Pedro Sánchez expresarse en italiano con tranquilidad y en francés, con una fluidez que le permitía mantener reuniones de nivel con el enlace militar galo en Sarajevo, e incluso en alguna ocasión le he visto manejarse  en portugués en la OHR (Office of the High Representative).

El presidente del gobierno español  Pedro Sánchez, además de tener una experiencia significativa en el escenario de la diplomacia internacional, de los entresijos de las reuniones a alto nivel con presidentes o primeros ministros, está acostumbrado a escuchar. Y no solo a los que opinan como él.

Durante su estancia en Bosnia-Herzegovina, participó en reuniones con Biljana Plavšić presidenta de la República Srpska durante dos años (1996-1998), que fue acusada en 2001 por el TPIY de responsabilidad en crímenes de guerra cometidos durante la guerra de Bosnia. También con el que fuera presidente de la antigua Yugoslavia Slobodan Milošević. Ambos (Plavšić y Milošević), fueron juzgados por el yribunal para los crímenes de la Antigua Yugoslavia y sentenciados por ello. En reuniones de trabajo con líderes de la Unión Europea, Comisión Europea, con la secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, en el Consejo de Seguridad de la ONU.  Observaba, tomaba notas, hacía informes. Sabe cómo es el trabajo detrás de un líder y lo que realmente es importante de lo que no. Es muy discreto cuando la situación lo requiere. A sus 26 años, alguna ocasión se escapó del despacho para echarse unas pachangas al baloncesto con los escoltas de Carlos Westendorp, Guardias Civiles del grupo antiterrorista y especialistas de Alta Montaña.

Sánchez ya era por entonces un joven extremadamente sensato. Altamente preparado. Muy trabajador. Ambicioso pero responsable. Y dedicado a aprovechar todo el aprendizaje que pudiera obtener de su estancia en Bosnia-Herzegovina.

La importancia de que un jefe de gobierno se maneje en varias lenguas nunca ha estado suficientemente bien ponderada, quizás porque en España, si hay algo de lo que han carecido los primeros ministros, ha sido precisamente eso. Pero en las reuniones internacionales, hablando el mismo idioma, ese matiz que marca la diferencia, solo lo puede percibir quien entiende a la otra parte.

Pedro Sánchez habla inglés, francés e italiano con una fluidez encomiable. Quizás el panorama interno lo tenga complicado, pero en lo que sea su política exterior va a marcar una diferencia sustancial en relación a lo que estamos acostumbrados.

Además, ha sido uno de los pocos políticos que ha dedicado tiempo a reunirse con los corresponsales extranjeros, en hacer viajes al exterior, universidades, foros de debate e Institutos de opinión de Europa y Estados Unidos, para explicar el conflicto catalán en los idiomas del lugar. Un trabajo que debería haber hecho el Gobierno de Rajoy para no perder el tren de la opinión pública mundial en un asunto tan complicado de percibir fuera de nuestras fronteras como es el asunto catalán.

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