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Revistas para chicas: indulgencia dietética, restricción, dieta severa… y vuelta a empezar

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Existen muchos “medios irresponsables” a nuestro alrededor, hasta el punto de que podríamos considerarlos como agentes implicados en el actual caos nutricional, tal y como indiqué en mi último artículo en este blog (“Resistencia nutricional. Pacífica y no armada, pero inmune al desaliento”). Uno de dichos medios son las revistas para chicas, muchas de las cuales nos encomiendan a que adoremos a una trinidad poco santísima: insatisfacción corporal, ingesta compulsiva y restricción dietética. Son tres “dioses” a los que no conviene rezar por separado, y mucho menos cuando forman un único y supremo Misterio.

Información nutricional en los medios

Antes de abordar el tema de las revistas para mujeres jóvenes, quiero remitirles a un texto que tuve el gusto de redactar con la periodista Laura Caorsi, titulado “Consejos nutricionales en los diarios, ¿son fiables?”. En él indicamos que buena parte de la información nutricional que aparece en los periódicos no es fiable y alguna podría denominarse “desinformación” o incluso “antiinformación”. Como los medios de comunicación pueden influir mucho en nuestras decisiones sanitarias (y eso incluye a las decisiones alimentarias), estamos ante una situación nada tolerable. Y es por ello que Laura y yo incluimos un apartado en nuestro texto denominado “Cómo mejorar la información nutricional en los medios”.

Sin embargo, hoy, como digo, me centraré en las revistas dirigidas a chicas o a mujeres jóvenes que, aunque no se lo crean, tienen un gran potencial para difundir mensajes acerca del papel de la alimentación en la salud.

Incoherencia en tres episodios: indulgencia, restricción y régimen

Miremos pues de cerca este tipo de revistas. Es lo que hizo en octubre del año pasado una interesante investigación publicada en la revista Public Health Nutrition. Sus autores son Rosemary J. Spencer, Jean M. Russell y Margo E. Barke, pertenecientes a la Facultad de Medicina (Unidad de Nutrición, Departamento de Oncología) y al Servicio de Información Corporativa e Informática de la Universidad de Sheffield.

La doctora Spencer y su equipo comienzan haciéndonos reflexionar, ya que parecen preguntarnos algo así como ¿cuántas veces ha visto usted un anuncio de fruta fresca, hortalizas, legumbres o frutos secos en una revista? Y digo “parecen preguntarnos” porque lo que en realidad indican en la introducción de su investigación es que existe una “generalizada ausencia de publicidad de frutas y hortalizas” en este tipo de revistas, y que la publicidad de alimentos está dominada por alimentos insanos y por bebidas alcohólicas.

El caso es que estos investigadores analizaron los patrones estacionales y temporales en la publicidad de alimentos y en el contenido de los artículos en dos importantes revistas británicas dirigidas a las mujeres jóvenes en un período de 12 años. Pues bien, tras revisar 97 revistas, 590 anuncios y 148 artículos concluyeron que estas revistas presentan una “naturaleza cíclica”, es decir, fomentan la indulgencia y el exceso en Navidad, la restricción dietética después de dicha fecha, y una dieta severa o un régimen estricto en los meses cercanos al verano. Su análisis también revela un fomento de la insatisfacción corporal. Canela en rama.

Trágico énfasis de la solución rápida

Los mensajes para perder peso, además, se centraron en objetivos estéticos a corto plazo en lugar de beneficios para la salud a largo plazo. Seguramente es lo que quiere escuchar parte de la población, pero no es en absoluto lo que un medio responsable debería transmitir. Es más, tanto la publicidad como los artículos representaron la pérdida de peso como si fuera un proceso rápido y fácil. Y eso es algo que les aseguro que no es plausible (no es lógico perder exitosamente un montón de grasa que nos ha costado años y años acumular) ni es recomendable.

El énfasis en la solución rápida o en las llamadas dietas de choque es, en palabras de Spencer, Russell y Barke, trágico, porque se suele traducir en el conocido efecto yo-yo: a corto plazo perdemos peso (que no grasa), y recuperamos posteriormente la pérdida, comprometiendo, además, nuestra salud. Hablé de del efecto yoyó en mi libro “No más dieta”, pero también en un texto que publiqué en abril de 2013 y titulado “Tres razones para huir del efecto yoyó”.

Mezcla explosiva

Todo lo anterior puede incluso generar psicopatologías, un mayor disgusto con la vida, y hasta un mayor riesgo de trastornos del comportamiento alimentario, tal y como detallaron Brownell y Rodin en Archives of Internal Medicine en junio de 1994.

Es posible que estén pensando que el estudio de la doctora Spencer y colaboradores no es representativo de todas las revistas dirigidas a mujeres jóvenes. Me encantaría darles la razón, pero debo decirles que existen muchísimos más estudios que vinculan esta clase de revistas con la insatisfacción corporal y con los trastornos alimentarios, dado que además de promover dietas, métodos y productos peligrosos, enaltecen la esbeltez y nos hacen creer que el ideal de belleza es una mujer joven y delgadísima o un hombre también joven, pero en este caso musculazo. Amplié este antiestético asunto en el texto “El peso ideal, ¿realidad o fantasía?”.

Mi opinión

Veo muy poco probable que el actual panorama mejore, así que con respecto a estas revistas les diría lo mismo que aconsejamos los profesionales sanitarios cuando hablamos de bebidas alcohólicas: cuantas menos, mejor.

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