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Lourdes Lancho y Ángela Quintas sábados, de 12:00 a 12:30h

Todo sobre alergias e intolerancias alimentarias

Lo que debes saber sobre ellas, cómo prevenirlas y cómo convivir con ellas y hacerles frente

Las alergias o intolerancias alimentarias son una serie de reacciones adversas a los alimentos, que pueden ir desde pequeñas erupciones hasta reacciones alérgicas graves.

Aunque cada vez se diagnostican más casos, lo cierto es que siguen siendo algo minoritario: la prevalencia real de alergia alimentaria es de un 2% en adultos y entre un 3 y un 7% en niños. En este segundo caso, entre el 80 y el 90% las superan antes de cumplir los tres años.

La doctora Margarita Pich, gastroenteróloga pediátrica de Centro Médico Teknon, en Barcelona, recomienda ir introduciendo de uno en uno los distintos productos en la alimentación de los más pequeños para localizar posibles intolerancias o alergias desde un primer momento. En los primeros meses de vida se introducen los cereales, las frutas y ya superado el año el pescado, los frutos secos... Se puede encontrar toda esa información detallada y muchas otras informaciones interesantes sobre nutrición infantil, alergias e intolerancias alimentarias, en su blog.

PRUEBAS PARA DIAGNOSTICARLAS

Mediante pruebas cutáneas, dietas basadas en la eliminación de alimentos, pruebas RAST (radioalergosorbentes), que consisten en mezclar en una probeta pequeñas muestras de la sangre del paciente con extractos de alimentos, prueba de estimulación alimentaria a doble ciego, donde se coloca el alérgeno bajo sospecha en una cápsula o se esconde en un alimento y se da de comer al paciente en condiciones clínicas estrictas.

Además de las intolerancias a alimentos naturales, un número reducido de personas desarrollan determinadas alergias a algunos aditivos de los alimentos, como pueden ser ciertos colorantes o sulfitos. No suponen, sin embargo, ningún problema para la mayoría.

Las alergias a los alimentos o a sus componentes suelen identificarse en los primeros años de vida y son, frecuentemente, hereditarias. Si el padre y la madre son alérgicos, el riesgo para el hijo es de cuatro a seis veces mayor. En este sentido, algunos estudios apuntan que la lactancia materna reduce el riesgo de desarrollar dichas intolerancias en comparación con aquellos bebés que son alimentados con leche preparada.

Intolerancia vs alergia alimentaria

Las intolerancias alimentarias se dan cuando el cuerpo no puede digerir correctamente determinados alimentos o alguno de sus componentes. Las personas que sufren alguna intolerancia, no necesitan eliminar el alimento, sino que deben consumirlo en pequeñas cantidades para evitar los síntomas o reacciones adversos. Excepto en el caso de personas sensibles al gluten o al sulfito.

La alergia alimentaria, sin embargo, tiene lugar cuando un alimento concreto o a uno de sus componentes activa el sistema inmunológico. Es decir, que nuestro cuerpo identifica ese alimento como una amenaza -lo que llamamos alérgeno- y , por tanto, genera anticuerpos para neutralizarlo y eliminarlo. Normalmente estas alergias tienen lugar cuando el sistema inmunológico del cuerpo no funciona bien.

Los anticuerpos que reaccionan ante los alérgenos son conocidos como inmunoglobulinas E (IgE) y producen una reacción en las células de los tejidos y de la sangre de las mucosas de la nariz, del aparato respiratorio, los ojos y el intestino. Esta reacción provoca la segregación de sustancias químicas, como la histamina, que produce picor, moqueo, tos o trastornos respiratorios.

Síntomas de alergias alimentarias

Moqueo o congestión nasal, estornudos, asma (dificultad para respirar), tos, trastornos respiratorios, sibilancia, urticaria, erupciones o enrojecimiento, picazón, eczema, dolor abdominal, diarrea, náuseas, vómitos, cólicos, hinchazón, inflamación de labios, boca, lengua, cara y/o la garganta (angioedema) o Shock anafiláctico (shock generalizado grave).

Algunas reacciones alérgicas pueden tardar horas o incluso días en desarrollarse. Y aunque normalmente la mayoría de reacciones alérgicas son relativamente leves; existe un número reducido de personas que pueden experimentar reacciones con peligro de muerte denominadas anafilaxis.

Los cacahuetes son uno de los alimentos que pueden provocar un "shock anafiláctico”, que consiste en una caída repentina de la presión sanguínea. Quien la sufre puede morir de una parada cardiaca, a no ser que se le administre inmediatamente adrenalina, que abre las vías respiratorias.

COMO PREVENIMOS LAS ALERGIAS E INTOLERANCIAS

- La única forma de prevenir las reacciones alérgicas en las personas sensibles es eliminar dicho alimento o componente de su dieta o de su entorno.

- En caso de intolerancia alimentaria, puede ser suficiente limitar el tamaño de las raciones que se consumen del alimento, para evitar los síntomas.

- También es importante preguntar sobre los ingredientes y métodos culinarios empleados cuando se come fuera de casa, para evitar así los alimentos que causan problemas.

Las intolerancias pueden tener síntomas similares a los de una alergia; como náuseas, diarrea y dolor abdominal, pero en las intolerancias no interviene el sistema inmunológico.

Tipos de alergias alimentarias

Las alergias al huevo y la leche de vaca pueden desaparecer, las alergias a los frutos secos, las legumbres, el pescado y el marisco suelen permanecer durante toda la vida del individuo.

Las más frecuentes son: a la leche de vaca, los huevos, la soja, el trigo, los crustáceos, las frutas, los cacahuetes y las nueces.

1. A la proteína de la leche de vaca:

Los síntomas más comunes son vómitos y diarrea y es más común en bebés entre un 0,5 y un 4% y niños, especialmente cuando hay antecedentes familiares de alergia; aunque afortunadamente, las reacciones generalmente remiten pronto y la incidencia en niños de más edad y en adultos es mucho menor.

Mediante diferentes tratamientos en los productos lácteos, algunas personas sensibles a la leche pueden tolerar productos con leche esterilizada o evaporada, pero no con leche pasteurizada. En los productos fermentados, como el yogur, y en los quesos, la estructura de las proteínas lácteas no cambia mucho y por ello, conservan su alergenicidad.

2. A los cacahuetes y frutos secos:

Se considera una afección importante, ya que comienza a una edad temprana, dura toda la vida y puede ser fatal.

Los cacahuetes y los frutos secos como las almendras, las castañas, las avellanas y las nueces pueden provocar síntomas, incluso aunque el contacto haya sido mínimo, con la piel intacta o por inhalación.

La alergia leve a los frutos secos se puede limitar a una erupción, náuseas, dolor de cabeza y a la inflamación de la lengua y los labios, mientras que la alergia grave a los frutos secos y a los cacahuetes puede provocar un shock anafiláctico.

3. Otros alérgenos alimentarios comunes:

Las frutas, las legumbres (incluida la soja), los huevos, los crustáceos (cangrejo, langosta, cigala y langostino), el pescado y las verduras, las semillas de sésamo, de girasol, de algodón, de amapola y la semilla de mostaza.

La capacidad alergénica de algunos de estos alérgenos desaparecen cuando se cocinan o se procesan, ya que se desnaturalizan las proteínas.

Tipos de intolerancias alimentarias

Las dos más comunes son la lactosa y el gluten.

1. Intolerancia a la lactosa:

La lactosa es el azúcar que se encuentra en la leche y la enzima lactasa, presente en el intestino delgado, descompone la lactosa en azúcares más simples (glucosa y galactosa), para que puedan ser absorbidos por el torrente sanguíneo. Cuando la actividad de la enzima es demasiado baja, la lactosa no se puede digerir, y pasa al intestino grueso, donde es fermentada por las bacterias de la flora intestinal y esto es lo que provoca síntomas como flatulencia, dolor y diarrea.

Hay personas que tienen una baja actividad intestinal de lactasa y pueden tomarse un vaso de leche sin experimentar ninguna molestia, al igual que quesos duros, debido a su contenido bajo en lactosa, y yogures.

2. Intolerancia al gluten:

O también llamada enfermedad celíaca, está inducida por el gluten, proteína que se encuentra en el trigo, el centeno, la cebada y las avenas y se puede detectar a cualquier edad.

Si el enfermo consume alimentos con gluten, la mucosa del intestino delgado queda dañada, y tiene menos capacidad para absorber nutrientes esenciales como grasas, proteínas, carbohidratos, minerales y las vitaminas.

Sus síntomas son la diarrea, la pérdida de peso, la fatiga, la irritabilidad y el dolor abdominal.

Actualmente, la única forma de ayudar a los pacientes celiacos es proporcionarles una dieta sin gluten. Al eliminarlo el de la dieta, el intestino se regenera gradualmente, y desaparecen los síntomas.

COMO HACER FRENTE A LAS INTOLERANCIAS Y ALERGIAS

Cuando se confirma un diagnóstico de alergia a la proteína de la leche, es importante asegurarse de que se mantiene una dieta equilibrada y saludable, especialmente durante el crecimiento y desarrollo de los niños y es esencial contar con el asesoramiento de un dietista titulado para garantizar una ingesta óptima de nutrientes como el calcio, el magnesio, y las vitaminas A, D B2 y B12.

El consumo de sardinas y salmón con espinas (en lata) y de verduras verdes cocidas, como el brócoli, ayuda a mantener las ingestas recomendadas de calcio.

Debido a la posible gravedad de los síntomas de la reacción alérgica a los frutos secos, aquellas personas que sufren dichas reacciones deberán evitar cualquier contacto con los mismos y llevar adrenalina en todo momento (para contrarrestar reacciones alérgicas graves)

Aunque la mayoría de la gente que proviene del Norte de Europa produce suficiente lactasa a lo largo de su vida, la deficiencia de lactasa es un fenómeno común en algunas razas de color y algunas personas de Oriente Medio, India y zonas de África, así como en sus descendientes. En realidad, aproximadamente un 70 por ciento de la población adulta del mundo no produce suficiente lactasa, y consecuentemente tiene algún grado de intolerancia a la lactosa. En Europa, la deficiencia de lactasa se da en cerca de un cinco por ciento de la población blanca, y en una proporción mucho mayor (entre el 50 y el 80 por ciento) en grupos étnicos.

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