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Euskadi camina hacia la normalidad: "Se ha perdido el miedo a hablar"

  • Ciudadanos, familiares de víctimas y políticos describen cómo ha cambiado la sociedad vasca
  • "El perdón a mí no me dice nada. Hay que aprender sobre convivencia", asegura una viuda
  • Todos coinciden en que hay que dialogar y construir una base ética y política compartida

Un operario pinta sobre una pintada de ETA en las calles de Bilbao /

Paz del Corral es profesora de psicología clínica de la Universidad del País Vasco. Se jubiló hace tres años y el 20 de octubre de 2011, el día del cese definitivo de la violencia de ETA, se enteró por ‘Hora 25’ de la noticia más esperada para los vascos. Salió a corriendo al palacio de Aiete, donde se celebraba el programa, para ser partícipe con la radio de ese momento histórico. Aquel día decía que solo quería que el fin de la violencia convirtiera a su sociedad en una sociedad normal. “Nos hemos vuelto algo más normal, del tono no, pero hemos conseguido menos tensión social”, asegura ahora.

Especial 'Hora 25' | Cinco años del final de ETA (tramo de 21:00 a 22:00 horas)

Paz recuerda las muertes, los secuestros, las intimidaciones, pero también a los matones y chivatos que condicionaban su vida cotidiana. “Tenías dificultad para hacer amigos nuevos, la gente no te abría la puerta, había dificultad de penetrar en la casa de los demás… En el fondo es la desconfianza del que entra y sale, cosa que en otras ciudades no pasa”, recuerda. El ambiente ha ido cambiando poco a poco. “Ahora todos mis amigos quieren venir aquí”, comenta alegre.

Pese al optimismo, aún existe un punto de desconfianza. Por ejemplo, señala el acto en un colegio de Hernani donde celebran que salgan de la cárcel o el caso de etarras que son bienvenidos en sus pueblos. "Todos tenemos necesidad de olvidar el pasado, pero puede ser un peligro hacer borrón y cuenta nueva”, advierte para poner en el centro del debate a las víctimas. “Nos recuerdan que la violencia no puede campar a sus anchas. Detrás de cada muerte la sensación de miedo y silencio era tremenda. Generaba una situación tan incómoda que hacía que te cerraras mucho”. Ahora, cuenta, hasta la estética de los ‘borrokas’ ha cambiado, pero el contenido queda. “No hay miradas intimidatorias, antes la gente demostraba asco y odio. Caminamos con cautela, pero con ilusión y con confianza”, concluye.

Paz del Corral y Rubén, durante el especial de 'Hora 25' / CADENA SER

El hijo de la paz

Hace cinco años, Rubén vivió el día más feliz de su vida. Nació su hijo Daniel y ETA dejó la violencia. Aquella noche estuvo en el Especial de Hora 25. “Si hubiera sido una niña la hubiéramos llamado paz”, afirmó entonces. Han pasado cinco años y Daniel ha crecido. “Este día me acuerdo de mi hijo y de los que se quedaron en el camino, de los que se fueron, de cosas que viví”, recuerda ahora Rubén que asegura que confiaba en vivir sin terror pero que no sabía cuándo iba a suceder. Rubén tenía tres sueños de entonces, tener un lendakari socialista, que España ganase un Mundial y que ETA dejara las armas. Todos se han cumplido.

Rubén asegura que en Euskadi se vive bien, pero “faltan cosas”. “Ya no tenemos ese miedo de antes, pero tenemos que pasar página y antes leerla, y eso no ha pasado. Sigue habiendo odio y me hiere cuando oigo a gente hablar de aquellos días como si hablasen de un fenómeno meteorológico”. Rubén cree que las cosas han cambiado, que dentro de las cuadrillas se puede hablar, pero asegura que fuera de ese ámbito no se habla porque “hay desconfianza, han sido 40 años de mucho miedo”, explica antes de mostrar su confianza en que los coetáneos de su hijo puedan hablar libremente de esto cuando crezcan, pero “dejando claro quién fue el que hizo daño y sembró el terror”.

Paz y Rubén, el relato de 5 años de normalidad sin ETA

Bilbao ya no es gris

Rosa Rodero lleva 23 años viuda. ETA se asesinó a su marido, Joseba Goikoetxea. Rosa se ha convertido en la imagen del diálogo. “Hay que aprender sobre convivencia. Esto va poco a poco, es un trabajo largo, pero estamos aprendiendo y se está viendo”, ha explicado Rodero, que se ha emocionado recordando aquel 20 de octubre de 2011. “Me quedé de piedra. No me lo creía. Lo esperaba pero me lo terminaba de creer. Pensé mucho en mi marido, hablé con él y le dije que por fin lo habíamos conseguido. Fue tremendo. Una gran emoción”.

Rosa Rodero durante su participación en el programa

Rodero cree que hay que seguir adelante en la mejora de la convivencia. “El perdón a mí no me dice nada. Hay otras cosas más importantes. Creo en las personas que se han dado cuenta que lo que hacían solo causaba dolor, un odio que se ha quedado grabado”, ha apuntado. Pero Rosa cree que no podemos olvidar, “si lo hacemos comentaremos los mismos errores, hay que seguir adelante sabiendo lo que ha pasado y enseñar al futuro que con el odio y el dolor no se consiguen las cosas, hablando sí”. Para Rodero la sociedad vasca habla ahora más. “Nos hemos abierto un poco. Se ha quitado el miedo a las repercusiones. La gente se acerca, te habla, tienes precauciones porque esto es largo, pero se va viendo otra cara. No hay tristeza, Bilbao ya no es gris”, ha señalado.

El modelo Rentería

Julen Mendoza es el alcalde de esta localidad de casi 40.000 habitantes, una de las más azotadas por la violencia de ETA pero también de las más activas en busca del diálogo. Comparte con Urtzi Errazkin, portavoz de la asociación de familiares de presos abertzales, que la tarea con los encarcelados es primordial. “Afecta mucho al proceso de reconciliación. Hay que eliminar el sufrimiento para permitir que otra serie de circunstancias se puedan dar. Hay que establecer cuáles son todos los hechos que han ocurrido. Es imposible que haya un único relato, lo que sí tiene que existir es que compartamos una base ética y política de lo que seremos como sociedad. Paz también es generar sociedades justas para todas las personas”, explica Mendoza.

Julen Mendoza, alcalde de Rentería / CADENA SER

En 2013 consiguió juntar en una sala a casi 300 personas. Había víctimas de diferente origen y todos los partidos con representación en el ayuntamiento estaban presentes. Es el modelo Rentería, hablar para construir la convivencia. “Teníamos la firme determinación de juntarnos y hablar. Fue la primera vez en la que distintas personas nos contábamos nuestras cosas, la tensión se masticaba, tenía miedo a que mis palabras hicieran daño a unos o a otros”, recuerda de aquel encuentro al que también asistió Rosa Rodero.

Mendoza cree que existe un proceso de normalización en la sociedad pero no en la política. “Creo que falta mucho para hablar de convivencia plena”, comparte con otros invitados pero añade un punto de alarma. “La clase política no está respondiendo al avance de la sociedad, y los que tienen que llegar a acuerdos para escribir qué ocurrió son ellos. Y no puede pasar al olvido sin cerrar bien la herida. Tenemos el riesgo de que esas heridas no cerradas vuelvan en el futuro. Por encima de todo está que generemos las condiciones para que esto no se vuelva a repetir”, sentencia.

Tres visiones sobre la reconstrucción de la convivencia

Hay mucho trabajo por delante. “Queda bastante tarea en la construcción de la memoria, en el papel que las instituciones quieren jugar y en el planteamiento de convivencia del futuro”, sostiene Eduardo Madina. El diputado socialista lloró tras recibir una llamada de Zapatero aquel 20 de diciembre. Cree que el fin de ETA es un triunfo socializable y así debe seguir siendo para la forjar una memoria colectiva. “Hoy la norma que rige el espacio público es plenamente democrática. Mi experiencia personal es la de un ciudadano más y no noto diferencia de los días que vivo en Madrid. Estamos en pleno proceso de normalización”, concluye optimista Madina.

Madina: "Las palabras pesan ahora menos que hace cinco años"

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