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Cinco llamadas, cuatro mensajes y una caída

Puigdemont acaba la semana que pretendía de su investidura con el independentismo fracturado y una derrota que él mismo asume mientras Cataluña se instala en el limbo

Cinco llamadas, cuatro mensajes y una caída /

Con todo lo que llevamos parecía imposible que aún quedaran primeras veces, si ya pasamos por la primera vez que el Parlament (o una parte del Parlament) declaraba la independencia, la primera vez que la Generalitat desobedecía las leyes, la primera aplicación del 155. Todavía quedaba la primera vez que se incumplían los plazos para investir al president y Cataluña se adentraba en este limbo de duración incierta y cuya resolución está en manos de los abogados. Se ha detenido el tiempo para la política catalana que, entretanto, se ha encontrado en estos días con elementos que no esperaba.

El principio de realidad. Antes de que Roger Torrent frenara la investidura de Carles Puigdemont —"no existen las garantías", dijo—, el republicano Joan Tardà había avisado de un posible "sacrificio" de Puigdemont. El martes, Torrent llamó al expresident pero fueron cinco llamadas perdidas. Dicen en Junts per Catalunya que Puigdemont no descuelga si ve un número desconocido. El aplazamiento del pleno supone la asunción de un principio de realidad jurídica: el Parlament no podía investirle sin entrar en otro enfrentamiento con el Estado, que mantiene en vigor el 155. Entre acatar o desobedecer, y ese era el dilema, el presidente de la Cámara optó por la primera opción.

La visualización de la ruptura independentista. Al frenar la investidura, diputados de Junts per Catalunya acusaron a Esquerra de traición. El Parlament a veces se lee como una obra de Shakespeare. Unos y otros se reprochaban haber incumplido los acuerdos a los que en teoría habían llegado para que Puigdemont resultara investido. Con los papeles cambiados del pasado mes de octubre, cuando Puigdemont estuvo decidido a convocar elecciones, esta vez fue Esquerra la que escuchó en la puerta del Parlament gritos por "desleal".

La sinceridad inesperada. Los cuatro mensajes que Puigdemont envía al republicano y descuidado Toni Comín, desvelados por El Programa de Ana Rosa en Telecinco, dan el relato definitivo a la semana. Su mejor lectura: "Esto se ha acabado". Pero "esto" no es el procés. "Esto" se refiere a la caída de las aspiraciones personales de Puigdemont, que son la causa que en realidad defiende el expresident en Bruselas. Él, que se marchó a Bélgica sin avisar, se siente "sacrificado" frente a quienes siguen en prisión. Desde Estremera, Junqueras le ofreció como salida que asuma el símbolo, que cohabiten una presidencia de verdad y otra de paripé. Al cabo, si algo ha tenido el procés han sido símbolos, desde las banderas en las calles a la mansión de Waterloo.

La cavilación. En la respuesta que Puigdemont trató de dar a sus propios mensajes de teléfono hay una expresión llamada a perdurar: "Soy humano y también dudo". El limbo se alarga y aún no se ve una salida. Rajoy, en Moncloa, no parece agitado.

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