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En Comú Podem

Xavier Domènech, un intelectual para tiempos infames

Es el mayor de tres hermanos y sus profesores en la facultad lo recuerdan como un alumno brillante

El candidato a la presidencia de la Generalitat de Catalunya por En Comú Podem, Xavier Domènech. /

Nacido en Sabadell en 1974, Xavier Domènech siempre ha combinado dos facetas complementarias: la de historiador especializado en movimientos sociales en Catalunya y España y la de activista de primera línea, vinculado a movimientos como el 15-M o el Procés Constituent.

Se puede decir aquello de que 'de casta le viene al galgo'. Su padre Pep -artista conceptual primero y diseñador web después- y su madre, Lola, librera de toda la vida militaron en la CNT. Es el mayor de tres hermanos y sus profesores en la facultad lo recuerdan como un alumno brillante, con una gran capacidad de trabajo dentro y fuera de las aulas. En esa época se implicó en diferentes movimientos y colectivos que defendían el pacifismo, el derecho al trabajo o la educación pública.

Su tesis doctoral refleja ese doble interés por la teoría y por la práctica: se centró en analizar los movimientos obreros y sociales del final del franquismo y su efecto sobre el cambio político. Una tesis que de alguna manera le sirve de guía para su actual propuesta para Catalunya: sumar amplias mayorías que vayan más allá de los partidos políticos, para articular un new deal, un nuevo acuerdo para Catalunya y para España que blinde los derechos sociales de los ciudadanos, que recupere la soberanía en la gestión de recursos básicos como la energía o el agua y que establezca una nueva arquitectura institucional.

Durante unos años, hasta 2001 se centró en su carrera como profesor e investigador: era de los preferidos por los alumnos porque en sus clases propiciaba mucho el debate. Y además siempre estaba disponible para colaborar en jornadas o hacer conferencias no remuneradas en el último pueblo de Catalunya. Cuando la crisis empieza a golpear a la universidad, con las subidas de tasas y la precarización de las contrataciones al personal investigador, Domènech vuelve a implicarse y se convierte en uno de los fundadores de la Plataforma Unitaria en Defensa de la Universidad pública (PUDUP) que aglutinó a estudiantes, personal de administración y profesores de todas las universidades catalanas.

Pablo Iglesias, Ada Colau y Xavier Domènech, durante la campaña de las elecciones generales de 2015. / GETTY IMAGES

Después vendría el 15-M, que Domènech vivió en primera línea y donde conoció a Iñigo Errejón y Pablo Iglesias, con los que desde entonces mantiene una relación intensa y fluida, todo lo contrario de la que Iglesias tenía con el hasta hace poco secretario general de Podemos en Catalunya, Albano Dante Fachín.

Su entrada definitiva en política vino de la mano de Ada Colau, que a su llegada al ayuntamiento de Barcelona lo nombró Comisionado de memoria histórica. Se estrenó en el puesto retirando el busto del rey Juan Carlos del salón de plenos, dentro de un proceso de revisión de la iconografía de la ciudad y de recuperación de símbolos republicanos.

En 2015 encabezó la candidatura de En Comú Podem a las elecciones generales que consiguió más de 925.000 votos y se situó como primera fuerza en Catalunya, muy por delante de Esquerra Republicana y del PSC. Ahora su objetivo es repetir esos resultados. Dice que no para ejercer de árbitro entre dos bloques sino para ser decisivos en un proceso de cambio que asegura tiene que volver a colocar a Catalunya como punta de lanza de un nuevo proceso constituyente en toda España.

Ha sido protagonista de dos imágenes grabadas en la retina de muchos ciudadanos: la primera tras el debate de investidura de marzo de 2016, cuando él y Pablo Iglesias se abrazaron y se besaron en el pleno del Congreso. La segunda mucho más reciente, sus lágrimas incontenibles en la manifestación del pasado mes de octubre para pedir la libertad de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias y el de En Comú Podem, Xavier Doménech, se besan en los labios al término de la intervención del diputado catalán. / EFE

Es adicto al café, al tabaco y a las buenas conversaciones, donde le gusta sobre todo escuchar. Un historiador de primera línea, que trabajó mucho con él, lo define como “un intelectual muy potente que ha aterrizado en política en un momento infame”.

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