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Una ONG denuncia que Israel envía y trata sus desechos en tierra palestina ocupada

Una ONG israelí pide en un informe que Israel deje de trasladar desechos, algunos de ellos peligrosos, a tierra ocupada palestina y publique los datos de 15 plantas que trabajan en Cisjordania sin apenas controles gubernamentales

Un chico vende dulces en una playa de la franja. / ()

Al menos 15 plantas israelíes de tratamiento de desechos trabajan en Cisjordania, en tierra palestina ocupada, sin apenas controles del gobierno y sin publicar informaciones sobre sus actividades, denuncia este martes la ONG israelí Btselem, que alerta del riesgo que estas fábricas representan para la salud de la población palestina local y exige a Israel que cese de trasladar sus desechos a tierra palestina.

“Israel está enviando desechos producidos dentro de sus fronteras a una área ocupada donde la población local, es decir tres millones de palestinos, vive bajo una férrea ley militar y no tiene como oponerse a estas actividades porque no sabe ni siquiera que existen y además tampoco goza de los derechos civiles para poder ponerles freno”, denuncia la ONG en su informe.

Residuos peligrosos para la salud de la población 

La investigación de Btselem se centra en cinco de estas 15 plantas de tratamiento de desechos presentes en Cisjordania. En ellas se tratan materia fecal, desechos médicos infecciosos, desperdicios eléctricos y metálicos y otros restos considerados contaminantes y peligrosos para la salud de la población local y cuya desaparición o reciclaje merecerían un control exhaustivo por parte de las autoridades.

“Pero Israel deja operar a estas empresas en militares cerradas sin apenas controles, sin exigirles que divulguen cómo trabajan, qué cantidad de desechos tratan o cómo intentan mitigar la polución. Lo irónico es que todas estas empresas también trabajan en territorio israelí y sí están sometidas a numerosos controles pero la situación es diferente cuando operan en Cisjordania”, explica a la SER Adam Aloni, uno de los autores del informe.

Según Btselem, un 38% de los desperdicios recuperados o reciclados en Israel son tratados en Cisjordania, un territorio que es cuatro veces más pequeño que Israel. Israel contempla estas plantas en territorio palestino como si formaran parte del sistema de tratamiento de desechos nacional pero al mismo tiempo les aplica una ley mucho menos rigurosa de la que impera en territorio israelí.

“La política medioambiental israelí en Cisjordania forma parte de la política de desposesión y anexión que practica en Cisjordania desde hace 50 años. Israel explota Cisjordania para su propio beneficio ignorando las necesidades de los palestinos y causando un gran daño a sus vidas diarias y a su entorno”, denuncia la ONG.

La necesidad de que estas empresas hagan públicas sus actividades

Btselem insiste en la necesidad de que estas empresas hagan públicas informaciones sobre sus actividades y la cantidad de desechos que tratan. La ONG explicó que había enviado varias solicitudes al respecto al ministerio de Protección Medioambiental y a diputados sin obtener ninguna respuesta.

“Hay que presionar a Israel en dos direcciones: para que se divulguen estos datos, sin los cuales no podemos calibrar el impacto de sus actividades ni ayudar a la población local, y para que deje de trasladar desechos a Cisjordania porque es algo prohibido por la ley internacional”, agregó Aloni.

Btselem recuerda en su informe que el país ocupante es “responsable de garantizar la salud pública y la higiene del territorio ocupado y una calidad de vida correcta para los resistentes de dicho territorio”.

La ONG recuerda además que los palestinos no son los únicos que corren riesgos con esta política. A diferencia de otros aspectos de la vida diaria en los que Israel sí distingue entre palestinos y colonos, en este caso no hay distinciones y los habitantes de los asentamientos de Cisjordania también sufrirán las consecuencias de estas políticas.

“Con una sola diferencia: los colonos pueden marcharse cuando quieran pero los palestinos no tienen otro lugar donde ir”, concluye el informe.

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