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Los anuncios de comida mienten, cariño

“Me sabe mal decírtelo, cariño, pero los anuncios de comida mienten”. Esta frase, o una similar, es la que he dicho a mis tres hijas a lo largo de estos años cuando presenciaban un anuncio de una sustancia comestible (llamarla “comida” es elevar injustamente su condición) que parecía despertar su interés. Olga, quien además de mi mujer también es dietista-nutricionista, ha hecho lo mismo. Es triste tener que sacar a los niños de su encantadora inocencia, pero no queda más remedio, como entenderán en unas líneas.

Distorsionar la realidad ¿no es mentir?

De hecho, la mayor parte de anuncios de comida dirigidos a niños (que no son legumbres, frutos secos o fruta fresca, sino más bien “refrescos”, cereales azucarados, galletas, confitería, bollería, platos preparados y comida rápida, según la Organización Mundial de la Salud –OMS-) no mienten abiertamente. En realidad camuflan la verdad, la distorsionan, dicen una parte de ella u omiten detalles cruciales (Ej.: este yogur con un 0% de grasas tiene ingentes cantidades de azúcar).

La cuestión es que cuando los niños son pequeños cuesta hacerles entender que aunque es estrictamente cierto que una galleta rellena, un batido lácteo, unos cereales de desayuno o una crema de chocolate te aportan “energía para crecer”, habría que añadir un necesario matiz: te hacen crecer “a lo ancho”.

El caso de Actimel y Pediasure

También es difícil explicar a un niño que en el anuncio de un lácteo fermentado llamado Actimel, esos dibujos de unos bravucones guerreros ni en sueños ganarían contra las bacterias enemigas. ¿Que tienen vitamina B6 que “contribuye al normal funcionamiento del sistema inmunitario”? Es cierto, pero es tan cierto como que respirar “contribuye al funcionamiento de tu cuerpo”. En mi nuevo libro (“Mamá come sano”) explico que “ni hay carencias de esta vitamina en la población española que comprometan la inmunidad, ni consumir más vitamina B6 mejora dicho sistema o convierte a niños o adultos en superhéroes”. Eso de “alimenta tus defensas” hace creer a los niños que evitarán, por ejemplo, los resfriados, algo que no va a suceder. Tienen más información en el texto “¿Existen alimentos para aumentar las defensas?”.

Peor aún es lo que sucede con un producto llamado “Pediasure” (“alimento completo y equilibrado [sic] para niños malcomedores”-), del que opino lo mismo que declara la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en su cuenta de Twitter o en su página web: es innecesario, es muy caro (unos 120 euros al mes, que se dice pronto) y “puede llegar a desequilibrar su alimentación”, entre otros motivos por su “alto valor energético por dosis”. Yo añadiría algo más: pretender que un niño aprenda a comer bien a base de “Pediasures” es como intentar aprender a tocar el violín con un cencerro.

¿Herramienta para restringir la publicidad de comida malsana? Esperemos 30 años para implementarla (risas).

El pasado 19 de febrero, la OMS ha hecho pública una herramienta para que los gobiernos identifiquen “los alimentos cuya comercialización debe restringirse, ya sea en la televisión, Internet, vallas o cualquier otro canal”, para luchar contra la obesidad infantil, una epidemia de la que no saldremos si no tomamos medidas drásticas como las que relató el pasado 2 de marzo Juan Revenga (@juan_revenga) en su muy recomendable texto “Las claves de los raros casos de éxito en el control poblacional de la obesidad”.

Que no les quepa duda, la publicidad de alimentos promueve la obesidad infantil. En la nota de prensa que acompaña a la herramienta de la OMS, esta entidad declara algo tan obvio como sangrante: “los niños siguen expuestos regularmente al marketing que promueve los alimentos y bebidas con alto contenido de energía, grasas saturadas, ácidos grasos trans, azúcares libres o sal”. Algo que, en sus palabras “promueve el desarrollo de preferencias insaludables de alimentos, de dietas insanas, y la obesidad infantil, lo que contribuye al posterior desarrollo de enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta”. Las evidencias científicas que vinculan la publicidad de comida malsana y la obesidad infantil son, para la OMS, “robustas”.

Así pues, los estrictos controles en la publicidad de alimentos a los niños son, de nuevo según la OMS, “fundamentales para luchar contra la obesidad infantil”, y por eso, en febrero del año pasado publiqué en este mismo blog un texto titulado “¿Cuándo prohibiremos la publicidad de comida malsana dirigida a niños?”. Me encantaría decirles que nuestro gobierno va a implementar pasado mañana esta nueva e interesantísima herramienta de la OMS, y que se prohibirán esos dichosos anuncios que “engordan” a la población infantil, pero les aseguro que no va a ser así: la presión publicitaria va a seguir machacando a nuestros hijos durante años.

Los anuncios de comida mienten, cariño.

Por todo lo anterior, mi mujer y yo no hemos dudado ni un instante en proferir la frase que encabeza este texto (“los anuncios de comida mienten, cariño”) en cuanto aparecía ante sus ojos un anuncio de comida malsana. En realidad, podemos extrapolar perfectamente ese mensaje a cualquier otra clase de anuncio. Todos deberíamos aplicarnos los consejos que emite el doctor Juanjo Cáceres (@juanjocaceresn) en su imprescindible libro “Consumo inteligente” (con fantástico prólogo de Jesús Soria - @JesusSoriaD-), algunos tan sabios como el que sigue: “distánciate al máximo de los medios de persuasión, evitando especialmente la publicidad”.

Hoy por hoy, ninguna de nuestras hijas da crédito a los anuncios, y los miran (en las pocas ocasiones en las que caen ante sus ojos) con distancia, además de con un profundo y saludable escepticismo. Eso les deseo a sus hijos.

Julio Basulto

(@JulioBasulto_DN)

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