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Internacional

Casiraghi o la realeza desaliñada

El hijo mayor de Carolina de Mónaco se ha convertido en un abanderado de lo que las revistas de moda llaman bohemian-chic

Flickr / An untrained eye

El hijo mayor de Carolina de Mónaco se ha convertido en un abanderado de lo que las revistas de moda llaman bohemian-chic

Cuando Pierre Casiraghi se hizo mayor, una parte de la sociedad adolescente de todo el mundo convulsionó. Ese chaval a medio camino entre lo pijo y lo hippy (ahora tenemos hasta palabra para esto: pijipi) enseñó al mundo que una melena rubia desaliñada y un pareo de rayas eran más elegantes que muchos trajes acompañados de gomina.

Su hermana ya nos había mostrado que se puede ser princesa y ser guapa, realmente guapa. Carlota es una mini Carolina envuelta en diseños de Karl Lagerfeld o paseando por París con unos vaqueros y una camiseta blanca. Pero ella es una niña guapa, nada más, su hermano mayor, sin embargo, se convirtió en sex symbol.

Hay algo sexy en ese look bohemio, en ese Pocholo a lo monegasco en el que se convirtió Andrea. Dio una lección magistral de "lo casual es elegante" y todo, sin darse ninguna importancia, con una imagen de despreocupado sobre lo que lleva puesto, como si hubiese cogido del armario lo primero que vio.

Nada más lejos de la realidad y nada más parecido al dandy de Baudelaire (la Revista de Occidente publicó un número exquisito sobre moda donde viene desarrollado este asunto).

Esa camisa arrugada, esa sensación de no estrenar nunca ropa, mientras se muestra una elegancia natural pero también aprendida: se puede aprender a caminar, a moverse, a tocarse el pelo... Así lo hacían los dandis del siglo XVIII, y así lo hace Andrea Casiraghi.

El dandismo está de moda, pero solamente por un motivo: nunca ha dejado de estarlo.