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¿Quieres aprender a cocinar?

Además de clases para principiantes, los centros combinan enseñanza y ocio con talleres temáticos a los que, coincidiendo con la vuelta al cole, se apuntan miles de personas

Para aprender desde cero hay que reaprender a cortar una cebolla... /

Hay muchas razones por las que apuntarse a clases de cocina: para aprender (por fin) a freír un huevo, para hacer amigos, para sobrevivir (dignamente) sin los tuppers de tu madre, para pasar un buen rato, para poder criticar en Twitter a los concursantes de MasterChef...

Nacho Garbayo, responsable de Sueños de Cocina, reconoce que el boom de los programas de televisión animó a mucha gente, pero también dice que cocinillas "siempre ha habido y siempre habrá". Algo que, por otro lado, confirma Google Trends, donde además se aprecia que septiembre y enero siguen siendo los preferidos para empezar.

Por eso muchas escuelas programan para estos días el inicio de sus cursos para principiantes. El pasado martes, por ejemplo, tuvo lugar la primera clase del de "Aprender desde cero" en la escuela Sueños de Cocina, situada en el barrio de Prosperidad (Madrid).

Todo empieza con una pregunta elemental: "¿Para cuántas personas vais a cocinar en casa?". La respuesta marcará la elección de los utensilios porque no es lo mismo cocinar para uno que hacerlo para cuatro y porque, entre fogones, el tamaño importa y mucho.

El precio medio por sesión ronda los 50 euros... ¡e incluye la cena! / C. G. CANO

"Cojamos el cazo que cojamos, tenemos tendencia a llenarlo hasta la bandera y eso nos obliga a congelar o a tener que comer lo mismo varios días seguidos, lo cual no es nada recomendable", dice Garbayo.

El cocinero dedica la primera hora del curso hablar del tamaño de las ollas, de por qué conviene "dejarse la pasta" en sartenes o de por qué es desaconsejable tener un cuchillo jamonero en un hogar con niños. También reivindica la vigencia del pasapurés y muestra en qué se diferencia un corte mirepoix de una brunoise o una juliana.

Los alumnos atienden con cara de fascinación y algunos hasta toman notas, pero pronto tendrán que ponerse manos a la obra porque la idea es que aprendan y se vayan preprando la cena al mismo tiempo. Una práctica habitual en la mayoría de las escuelas de cocina porque, entre otras razones, ayuda a justificar el precio: unos 50 euros por clase.

Carlos Pascal, de la también madrileña Kitchen Club, explica que su propuesta no solo es docente, sino que "está enfocada a la experiencia de ocio" porque las sesiones suelen durar tres o cuatro horas y acaban siempre en una cena con bebida en la que "todo está muy bueno".

Ramen de bullabesa thai y noodels. / KITCHEN CLUB

Los cursos de cocina se han convertido en un regalo recurrente, de hecho. Los hay para principiantes, pero también específicos sobre algún producto de temporada, como las setas, o centrados en un tipo de cocina: japonesa, vegetariana, arroces, repostería... En Kitchen Club venden más de 1.400 bonos al año y Nacho Garbayo detalla que los obsequios navideños se traducen en seis meses de trabajo.

Retrato robot del cocinillas

Ana Ruipérez es informática y se apuntó a clases de cocina en "un momento difícil" de su vida porque le apetecía conocer gente. "¡Se aprende mucho! ¡Desde la primera clase!", explica. "Además se formó un grupo muy majo y, después de clase, a veces íbamos a tomarnos una copa. Ahora queremos hacer otro todos juntos".

Ana Ruipérez se apuntó a clases de cocina para conocer gente y Juan Carlos Oltra, para distraerse después de un tiempo hospitalizado. / C. G. CANO

Juan Carlos Oltra es un economista jubilado al que hace dos años, después de pasar un mes en el hospital, le recomendaron que hiciera un curso de cocina para distraerse. Una decisión que marcó un antes y un después en su vida porque hasta entonces se defendía con "lo básico", pero ahora es él quien guisa en casa.

En ambos casos han vuelto a Sueños de Cocina para hacer otros cursos y, de hecho, han vuelto acompañados de amigos o familiares. "Yo me apunté al curso intermedio, a un taller de arroces y, acompañado de mi hijo y de mi nuera, a otro de hamburguesas", explica Oltra. "¡Es que es imposible no ser prescriptora!", añade Ruipérez con entusiasmo.

Carlos Pascal, de Kitchen Club, señala que cada vez se apuntan más hombres, pero asegura que el público de los cursos es "supertransversal": desde gente mayor que nunca ha cocinado y tiene tiempo para aprender, hasta jóvenes que llevan poco tiempo emancipados, pero ya están hartos de la comida rápida.

Además de las escuelas de toda la vida, en los últimos años ha proliferado la apertura de otras más centradas en las experiencias de ocio o de turismo gastronómico. En Gijón, Aliter Dulcia. En Barcelona, Gastronomía Activa o Taller Sabores. En Valencia, Club Cocina y Food & Fun. En Mallorca, The Galley Club. En Zaragoza, Escuela Azafrán. En Sevilla, la itinerante Panepanna y Taller Andaluz de Cocina. Y en Madrid, además de las ya referidas, Mamá Kokore, Alambique, o A Punto.

Aunque mezcla los centros de formación en hostelería con los que están más dirigidos a público en general, el portal Chefuri.com dispone de un listado muy completo con las escuelas que hay en cada provincia.

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