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Adiós a Maria Dolors Boadas, figura clave de la coctelería en España

Referente para toda una generación de profesionales de la coctelería, Manuel Vázquez Montalbán la comparó con "las sacerdotisas te insinuaban que toda realidad tiene su trastienda y que si pruebas el elixir incluso quizá, quizá seas invencible"

Maria Dolors Boadas junto al aristócrata y actor Jaime de Mora. /

Boadas no es solo la coctelería más antigua de Barcelona. Pese a estar situada en la concurridíssima esquina de la calle Tallers con La Rambla, ha sabido conservar su esencia y matenerse como un local con encanto y clientela fiel. Fundada en 1933 por Miguel Boadas, un hijo de emigrantes catalanes retornado de Cuba, fue su hija Maria Dolors Boadas quien, entre 1967 y hasta hace solo unos años, tomó las riendas de un local frecuentado por artistas nacionales e internacionales. Su muerte, el pasado sábado, a los 81 años, supone el adiós a una figura clave de la coctelería.

Preguntado por la Cadena SER, Alfonso Maya, bartender de la coctelería Alexander de Granada, destaca "el carisma, la gracia, el mesmerismo-magnetismo y el don de gentes" de Maria Dolors Boadas, a quien considera "una figura capital dentro de la coctelería internacional" y a quien agradece, concretamente, que no se perdiera la técnica del throwing o escanciado que se trajo su padre de Cuba. En el encuentro FIBAR 2015, de hecho, se le rindió tributo por ello.

"Creo que, junto a Fernando del Diego, es uno los máximos exponentes contemporáneos de la cocteleria española. Por suerte puedo decir que conocí en persona a estos grandes", dice el bartender Diego Cabrera (Salmón Gurú) para quien fue una figura inspiradora y todo un ejemplo a seguir. "Supieron ser referentes internacionales en una época sin moda y su su constancia, su conducta y su buen hacer se va a quedar con nosotros como legado", añade.

Manuel Vázquez Montalbán escribió en el prólogo de Los cócteles del Boadas Cocktail Bar (Muchnik Editores, 1990), firmado por Maria Dolors Boadas, que "estar en Can Boadas con una copa en la mano es como estar escondido bajo una mesa camilla cuando se tienen cinco años y acabas de descubrir que la estructura del mundo es excesiva, que nunca estará hecha a tu medida".

En ese mismo prólogo, el periodista y escritor catalán dijo de la propietaria del local que proponía cocktails del día "con la misma sonrisa blanca lunar con que las sacerdotisas te insinuaban que toda realidad tiene su trastienda y que si pruebas el elixir incluso quizá, quizá seas invencible, aunque nunca puede asegurarse".

Para Jerónimo Vaquero, encargado de Boadas desde hace 30 años, Maria Dolors fue como una madre. Ayer celebró un homenaje a puerta cerrada con otros bartenders de la ciudad y, según cuenta por teléfono, todos alzaron sus copas al grito de "¡Larga vida al Boadas!". Su empeño es que, pese a los cambios y a las innovaciones, "el Negroni se siga preparando como decía el jefe".

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