El indie le toca los cojones al machismo

La igualdad se ha convertido en un tema destacado de algunos de los últimos lanzamientos discográficos del indie

Un gesto que no requiere explicación. /

Lidia Damunt canta en La Caja que "este cuerpo está cansado de vivir tan encerrado dentro de esta caja grande que se llama patriarcado". Y el estribillo de Indiespañol, el primer single de Las Odio, es un zasca en toda la boca: "No soy la novia, no soy la amiga, no soy la prima, ni la vecina [...], mira mi pulsera, ¡yo soy la artista!". Incluso Anntona, el guitarrista de Los Punsetes, ha incluido una canción llamada Mi pequeño pene y yo en su último disco. ¿Hay algo más efectivo para luchar contra el machismo que ridiculizar su gran símbolo?

No son los primeros gestos feministas de la historia de la música, desde luego, pero ¿el hecho de que se estén dando tantos y tan seguido puede entenderse como un síntoma de que el indie ha adoptado cierta sensibilización feminista?

Aún no tenemos muy claro qué es el indie, por lo que cuesta disponer de datos fiables sobre el machismo en este mundillo. Pero si ampliamos el foco, leemos en El País que las mujeres solo representan un 30% de los trabajadores de la industria musical o un pírrico 15% de la dirección de las discográficas.

Zara Sierra es parte de ese 30%. Junto a otra mujer, es socia de Desvelo, mánager y promotora. Precisamente ahora están trabajando con Las Odio, Kumbia Queers y Mordem, todas mujeres. No es casual: "En Desvelo prestamos mucha atención al talento femenino, hay que hacerlo para compensar la invisibilidad que sufren las mujeres en la música, tienes que hacer tú por buscarlas, porque no te van a saltar a la vista en los medios ni en los carteles de los festivales. Pero tampoco es una elección excluyente, hemos trabajado con artistas hombres y seguro que volveremos a hacerlo en el futuro. Hay muchos factores que determinan que queramos trabajar con un artista u otro, pero ninguno de ellos es el género", explica.

Zara lleva una década trabajando en la industria y reconoce que ha tenido que batallar con muchas actitudes machistas pero asegura que lo importante es "contestar siempre, no callarse, señalar a los machistas y afearles la conducta". Ese comportamiento lo nota, por ejemplo, cuando las entrevistas se centran en el hecho de ellas sean mujeres y no se les pregunta por lo musical o cuando al llegar a una prueba de sonido el técnico te recibe dándote explicaciones que no son necesarias y que no te daría si fueras un hombre. "Este tipo de machismo disfrazado de condescendencia es muy común en nuestro ámbito", destaca.

Hace unos meses le pedimos a unas cuantas adolescentes que opinaran sobre las letras de Maluma. Pero no hace falta irse tan lejos para apreciar el desequilibrio. En nuestra lista de las 20 mejores canciones españolas de 2016, de hecho, solo hay cuatro con presencia femenina. También llama la atención la escasa presencia de mujeres instrumentistas que, sin formar parte del grupo, tocan con otros artistas. A Zara le vienen a la cabeza nombres como Ana Galletero, que toca el bajo con Joaquín Pascual, Laura Gómez Palma, también bajista, que suele tocar con Coque Malla, Aurora Aroca, que ha tocado el chelo y el piano con muchísimos grupos indies, y Carmen Boza, que es "una guitarrista excelente" y que antes de tener su proyecto propio, también era música de sesión: "A ella, por ejemplo, le dicen mucho que toca como un tío, un comentario muy machista que encima pretende ser un elogio, como si las mujeres no pudieran ser buenas ejecutantes", critica Zara.

Cuando le preguntamos a Las Odio cómo veían a la cantante indie actual, nos respondieron que, "generalmente, muy guapa", y añadieron que eso "está guay", pero que "molaría que hubiera más diversidad, que hubiera más grados de representatividad de mujer en el escenario, igual que lo hay de hombres". En su opinión, el indie está lleno de "macro, medio y micromachismos", pero al mismo tiempo son conscientes de que el discurso feminista "está muy presente en los medios" y afirman que "ya nadie puede decir libremente que no es feminista sin que le caiga una pila de mierda encima, igual que hace dos años decías que eras feminista, y te caía la misma pila de mierda".

Las reivindicaciones de Lidia Damunt van un poco más allá. Ella misma reconoce que, al haber estado viviendo en un pequeño pueblo sueco, tenía ganas de comunicarse. ¡Y vaya si lo ha hecho! En Bolleras como tú se da el gustazo de utilizar una palabra (y una historia, al fin y al cabo), que todo el mundo conoce, pero que nadie en el indie había usado de forma tan evidente: "Estoy casada con una mujer y tengo dos hijas pequeñas. Todos los días me defino". Su crítica al patriarcado de La caja incluye una llamada a abolir la prostitución. "Sé que hay muchas feministas que no piensan como yo" —reconoce la artista murciana— "pero me apetecía algo in your face, como se dice en inglés..." Al final lo importante es que se cante (y se hable) desde otros enfoques y para eso es esencial que haya más voces feministas... ¡y de mujer!

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