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Los 15 días que cambiaron España

Los acontecimientos que transcurrieron entre el pasado jueves 31 de mayo y el jueves 14 de junio han dibujado una España que poco tiene que ver con la que todos creíamos que comenzaría el verano

CADENA SER

Madrid

Nadie lo imaginaba pero sucedió. Los acontecimientos que transcurrieron entre el pasado jueves 31 de mayo y el jueves 14 de junio han dibujado una España que poco tiene que ver con la que todos creíamos que comenzaría el verano. Ni el presidente del Gobierno es el mismo, ni el seleccionador nacional de futbol se sienta ya en el banquillo. Ni siquiera el ministro que, minutos después de tomar posesión deseaba suerte a los jugadores antes de viajar al mundial de Rusia, está ya en su puesto. Política y futbol; futbol y política, las dos grandes pasiones de este país, se entrecruzaron durante quince días, en una sucesión de hechos consumados, pero también de carambolas, que acabaron por desbaratar cualquier tipo de previsión.

Los 15 días que cambiaron España

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Todo comenzaba ese jueves 31 de mayo por la mañana, en el Congreso de los Diputados, donde se discutía la moción de censura al entonces presidente Mariano Rajoy. Eran momentos de incertidumbre en los que aún no estaba claro que la propuesta de los socialistas fuera a prosperar. A Pedro Sánchez aún no le salían las cuentas para que triunfara la moción y la bancada popular confiaba todavía en que Rajoy seguiría en su puesto. Sánchez articulaba esa mañana un discurso regenerador, en el que ofrecía al presidente frenar la moción de censura si éste dejaba su puesto.

Rajoy no dimitía, los reproches se sucedían, pero, de repente, se producía otra salida, una que nadie esperaba: Zinedine Zidane dejaba su puesto como entrenador del Real Madrid tomando una decisión que ni el propio Florentino Pérez imaginaba dos días antes. En ese momento comenzaban dos caminos paralelos que se irían tocando durante los siguiente días. Se abría una nueva línea de tiempo en la que pequeños cambios derivarían en grandes consecuencias. Porque mientras los madridistas trataban de digerir la noticia, la actualidad política continuaba en dos escenarios: uno era el congreso de los diputados, donde, ya sin Rajoy, cuyo escaño era ocupado por el famoso bolso de Soraya Sáenz de Santamaría, seguía la moción.

Era el turno de palaba del PNV y Aitor Esteban anuncia la intención de voto de su grupo: “Creemos que respondemos a lo que mayoritariamente demanda la ciudadanía vasca y al mejor ejercicio de la responsabilidad votando ‘si’”. En ese momento, Rajoy era ya, de facto, un ex-presidente. El segundo escenario era un restaurante de Madrid, donde el líder popular, conocedor ya de la decisión del PNV, trataba de gestionar su futuro. Rajoy explicaba a los suyos que, aunque la moción estaba perdida, la solución no pasaba por dimitir porque eso no garantizaría que el PP siguiera en La Moncloa, y así lo transmitía después la secretaria general María Dolores de Cospedal. Tras más de 8 horas de reunión, llegaba una de las imágenes, uno de los sonidos, más peculiares de estos frenéticos 15 días: la salida del restaurante del aún presidente del Gobierno entre las preguntas de las decenas de periodistas que allí se congregaban.

Todo estaba decidido la mañana siguiente. Rajoy, ya derrotado, llegaba al hemiciclo poco antes de la votación de la moción de censura. Los diputados, uno a uno, se ponían en pie, para hacer pública su decisión. Y la presidenta del Congreso, Ana Pastor, ofrecía el inevitable recuento. Pedro Sánchez, en medio de los aplausos de su bancada, y de los gritos de "si se puede" de los diputados de Podemos era investido nuevo presidente del Gobierno. Al día siguiente, el sábado, Sánchez tomaba posesión ante el Rey y comenzaba a preparar en secreto su nuevo Gobierno.

Pero las sorpresas, las noticias inesperadas, continuaban. Rajoy ya no era presidente de Gobierno, pero quedaba por saber su futuro político y el de su partido. Un futuro que se despejaba el martes 5 de Junio. Durante la reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP, Mariano Rajoy pedía la palabra y hacía lo que no quiso hacer como presidente del Gobierno. Hacía lo que, de nuevo, casi nadie esperaba: renunciar a la presidencia de su partido. "Es lo mejor para mi y para el Partido Popular" explica el ex-presidente. En ese momento se ponía en marcha la sucesión en el Partido Popular y paralelamente iba conociéndose a cuenta gotas el nuevo ejecutivo de Pedro Sánchez y casi todos los nombres eran de mujer.

Pero la sorpresa, otra más, llegaba con el nombre del nuevo ministro de Cultura y Deporte. Sánchez había elegido al escritor y periodista Máxim Huerta, conocido por sus años como co-presentador de “El programa de Ana Rosa”. Pedro Sánchez había formado el Gobierno más femenino de la historia de nuestro país, un Gobierno que pronto tomaría su primera decisión de calado. El ejecutivo ofrecía el puerto de Valencia para que puedan desembarcar los 629 migrantes del buque Aquarius. Era ya lunes, 11 de julio, y los españoles enfilaban la semana en la que daría comienzo el mundial de Rusia mientras, por cierto, el Real Madrid seguía sin entrenador.

Y llegaba el martes, un martes en el que la Casa Real se enfrentaba a una de las mayores crisis de su historia: el Supremo ordenaba el ingreso en prisión de Iñaki Urdangarín. Y un martes en el que, al mismo tiempo El Confidencial preparaba una noticia que supondría la primera crisis del Gobierno de Pedro Sánchez: Máxim Huerta, ministro de Cultura y Deporte (otra vez el deporte), había defraudado más de 200.000 euros a través de una sociedad creada para cobrar y tributar sus ingresos. El escritor y periodista, tras estallar el escándalo, descartaba dimitir durante una entrevista en Hoy por hoy. Pero todo se precipitaba cuando las redes sociales recuperaban una entrevista de 2015 a Pedro Sánchez en Telecinco. Unas declaraciones en las que el líder socialista dejaba claro lo que tendría que pasar en una situación como la que ahora afectaba a su ministro: “Si yo tengo en la Ejecutiva Federal de mi partido a un responsable político crea una sociedad interpuesta para pagar la mitad de los impuesto que le toca pagar, esa persona al día siguiente estaría fuera de mi Ejecutiva”. La hemeroteca, unida a la presión del resto de partidos, acabaría provocando la caída del ministro sorpresa del nuevo Gobierno. No habían pasado ni 7 días desde que tomara posesión

El Gobierno de Pedro Sánchez superaba su primera crisis y España se quedaba temporalmente sin responsable de cultura y deporte. Pero es que España veía al mismo tiempo como el futuro de su seleccionador de fútbol estaba en el aire. El Real Madrid había anunciado que Julen Lopetegui sería su nuevo entrenador cuando acabara el mundial. Y a partir de ahí, como con el ministro, todo ocurrió muy rápido. Porque si bien el presidente de la Federación, Luis Rubiales, era ambiguo la noche del martes en El Larguero, ya por la mañana, el máximo responsable del fútbol español tomó una decisión que, otra vez más, la enésima en estas dos semanas, dejaba con la boca abierta a millones de españoles: “nos hemos visto obligados a prescindir del seleccionador nacional” explica Rubiales. Lopetegui, como Rajoy, como Máxim Huerta, era historia. Y el peso de dirigir a la selección caía sobre otro histórico futbolista. Fernando Hierro era el nuevo seleccionador. El nombramiento de José Guirao como nuevo ministro de Cultura y Deporte pasaba casi desapercibido porque los españoles aún discutían si Rubiales se había precipitado, si Florentino se había inmiscuido o si Lopetegui, que lloraba durante su presentación como entrenador del Real Madrid, había traicionado a la selección.

Los caminos paralelos que se abrieron ese 31 de mayo se cerraban. La historia había cambiado. Ya no estaba el presidente que era entonces presidente, ni el seleccionador que era entonces seleccionador. Ni siquiera estaba ya el ministro que ninguno sospechaba que fuera a ser ministro. Pero todo había pasado de forma tan acelerada, todo había sido tan imprevisible, que nadie parecía recordar que solo quedaban unas horas para el momento más esperado de los últimos 4 años. Nadie, excepto Sergio Ramos, parecía recodar tampoco que, por mucho que todo cambie, hay una cosa que debe permanecer: “Por encima de todo eso, me gustaría despedir esta rueda de prensa con una sonrisa porque parece que estemos en un tanatorio y mañana empezamos una Copa del Mundo”. 

 
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