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CASO PÚNICAEl expresidente de Murcia Pedro Antonio Sánchez, imputado por el caso Púnica

El martirio

Once años de un caso que dejó una imagen para la historia: una infanta en el banquillo que en el camino quedó apartada de la familia real y perdió el título de duquesa de Palma Once años de "un martirio" que, como dijo el exjefe de la Casa del Rey, suma y sigue

Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón, en el banquillo de los acusados. /

Era 2006 cuando empezaron a saltar las noticias del caso Nóos. Los entonces duques de Palma vivían en Barcelona, en el exclusivo palacete de Pedralbes, con sus cuatro hijos y nada hacía presagiar lo que iba a acontecer. Iñaki Urdangarin se dedicaba a sus "negocios". La infanta Cristina trabajaba en La Caixa. En la Casa Real del tema ni se hablaba, de puertas afuera. Porque de puertas adentro comenzó el "movimiento real" cuando trascendió la denuncia del PSOE en el parlamento balear para investigar los pagos al Instituto Nóos. Y el rey Juan Carlos por su cuenta encargó a un asesor legal externo que investigara el tema.

El Conde de Fontao se desplazó a Barcelona y, tras comprobar que las actividades de Nóos eran lucrativas, aconsejó a Urdangarín que se desvinculara del Instituto. Y lo hizo, pero intentó otra fundación que no llegó a operar en el ámbito cultural y deportivo, porque tampoco respondía al planteamiento adecuado. En el mismo viaje se le aconsejó que renunciara a esa vía empresarial, que optará por una actividad profesional por cuenta ajena y a ser posible fuera de España. Dicho y hecho. En 2009 los duques de Palma fijan su residencia en Washington. Él fichó como ejecutivo internacional de Telefónica. Ella seguía a distancia con La Caixa. Y allí conocieron que el juez Castro empezaba a investigar al instituto Nóos, dentro del proceso por presunta corrupción conocido como caso Palma Arena.

Ciudadano "no ejemplar"

Los hechos se precipitan. En noviembre de 2011 la policía registra la sede del Instituto Nóos. Y el 12 de diciembre la Casa Real lo aparta de la agenda oficial al considerar que su comportamiento "no parece ejemplar". Días después llegó el discurso de Nochebuena con la famosa frase del rey "la justicia es igual para todos", y antes de que acabara el año, Urdangarin estaba imputado.

El padre de la infantan Crisitina durante el mensaje de Navidad / EFE

Era febrero de 2012 cuando el duque bajo la llamada "cuesta de la vergüenza" para declarar por primera vez ante el juez. La pareja se presentaba como "una piña". Incluso en el primer viaje, la infanta le acompañó a la isla. En el segundo ya marcó las distancias y Urdangarin llegó solo ante Castro. Por parte de Zarzuela, los movimientos ya eran "simbólicos". Se le quitó de la web de la casa real y se cuidaban mucho de no aparecer en ninguna foto con él. Solo la reina Sofía hizo caso omiso de esa indicación y se fotografió con él a las puertas de su casa de Estados Unidos. Al entonces príncipe se le protegía y se evitaban las fotos con el cuñado, hasta el punto de que coincidieron en el hospital viendo al rey Juan Carlos tras el accidente de Bostwana, y en ningún momento se juntaron. De estos años no hay ni una sola foto del rey Felipe y Urdangarín.

La infanta, imputada

La infanta Cristina durante su declaración ante el juez / EFE

Era enero de 2014. El juez Castro imputa a la infanta. El fiscal Horrach acusa al juez de apoyarse en una "teoría conspiratoria" para imputarla. Ella acaba bajando en coche por la cuesta. Once pasos dió hasta que entró en el juzgado, con "pose" y paso estudiado y look con sonrisa de inaguración. Dentro, ante el juez, se desentiende de la gestión de Aizoon y dice que confiaba plenamente en su marido.

Mientras ocurren estos avatares judiciales, la estrategia de la Casa Real cambia. Desde un primer momento en el que en un comunicado inédito y muy cuestionado, Zarzuela critica el cambio de posición del juez. De ahí se pasó al "respeto judicial" y en el nuevo reinado de Felipe VI se introdujo un adjetivo y la frase de guion incluyó el "respeto absoluto a la independencia del poder judicial". A los duques se les quita el ducado y la calle de Palma, mientras que la infanta se "agarra" a sus derechos dinásticos y se niega a dejar su título pese a las reiteradas insistencias desde Zarzuela para que lo haga. La residencia la fijan en Suiza. Él se queda en paro y ella sigue trabajando en proyectos de La Caixa.

La infanta Cristina, al fondo a la izquieda, e Iñaki Urdangari, al fondo a la derecha, durante el juicio / EFE

La foto del banquillo

Separados por tres imputados, en una esquina de la última fila, Cristina de Borbón. Inmóvil. Ni siquiera se inmutó cuando al principio la llamaron pomposamente Cristina Federica de Borbón y Grecia. No se le movió el rictus. Sus abogados la prepararon para estar serena y sólo se la vio algo emocionada cuando le leyeron los cargos. El que no paró de moverse y de hablar con Diego Torres fue Iñaki Urdangarin. Hubo "tiempos muertos" en los que resultó clamorosa la "soledad" de la infanta mientras su marido charlaba amistosamente con su ex-socio y compañero de banquillo. Llegado el momento de la declaración, la infanta sólo respondió a las preguntas de su abogado. Y ella se ciñó al guion marcado y estudiado del "no sabía nada" y la "confianza en su marido". Fue Urdangarin quien cambió su versión. Mientras que en la fase de instrucción protegió a la casa real, desvinculándola de todos sus negocios, durante el juicio oral su estrategia de defensa dio un giro radical y paso a decir que "no daba ni un paso sin consultarlo con Carlos García Revenga", entonces secretario personal de las infantas. Finalmente el 22 de junio de 2016 el juicio del caso Nóos queda visto para sentencia tras casi seis años de proceso judicial.

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