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Por qué algunos veganos comen ostras

Mientras que parte de la comunidad vegana defiende el consumo de mejillones o berberechos, otros lo rechazan con furia

Las ostras al natural, con unas gotas de limón, son todo un manjar. /

El debate sobre si los veganos pueden comer bivalvos empezó (o al menos se reactivó) el pasado mes de enero con un artículo de David Cascio publicado en la red social Medium. Dos meses después el texto empezó a compartirse en grandes foros veganos y, en cuestión de días, muros de Facebook mediante, llegó también a España. El estilista culinario Alberto Lancha compartió el enlace añadiendo la imagen de una lata de berberechos con el lema "Apto para veganos" y las reacciones no se hicieron esperar. Una parte de la comunidad vegana se mostró sorprendida, pero comprensiva. Otros, en cambio, se enfadaron... ¡y mucho!

Pero empecemos por el principio. El autor de On the Consumption of Bivalves sostiene que el objetivo del veganismo es no causar sufrimiento a otras formas de vida y también acabar con lo que él llama granjas/fábricas porque son crueles y contaminantes, pero enseguida añade que también hay productos de origen vegetal con un elevado coste ético, como el cacao o el aceite de palma, y que hay productos "tolerados" pese a haberse tratado con productos de origen animal, citando como ejemplo el uso de huesos para decolorar ciertos tipos de azúcar.

Partiendo de esa paradoja, Cascio asegura que el sistema nervioso de los bivalvos solo les permite interactuar con actos reflejos. El autor expone que en el reino animal hay seres incapaces de sentir dolor y, por lo tanto, "no sintientes". Los compara con las plantas e incluso con un cadávez humano, capaz de responder a ciertos estímulos con actos reflejos incluso horas después del fallecimiento. También explica que, según científicos de la Universidad de Yale, el cultivo de ostras o mejillones puede llegar a ser beneficioso para el medio ambiente y que su consumo, además de aportar nutrientes como la vitamina B12 o el hierro, es muy saludable.

El artículo repasa las referencias a "la consciencia" en la literatura científica de las últimas décadas y también profundiza en la anatomía de los bivalvos para llegar a la conclusión de que comérselos no es peor para el medio ambiente o para la sintiencia colectiva que consumir trigo, fresas o ciertas bebidas, por lo que restringir su uso en una dieta vegana "carece de justificación y es contraproducente".

Los argumentos expuestos merecen, como mínimo, ser tenidos en cuenta. Uno de esos lectores respetuosos ha sido el filósofo australiano Peter Singer, animalista reconocido y profesor de Bioética en la Universidad de Princeton. Pero la mayoría de los veganos ha reaccionado con incredulidad. En el muro de Alberto Lancha se han repetido las acusaciones de hipocresía, absurdez, "cáncer del veganismo"...

También hay quien se lo ha tomado a guasa y quien ha acusado a los más críticos de comportarse como ultraortodoxos o inquisidores, a lo que el propio Alberto Lancha, que ha rechazado participar en este artículo, reaccionó con una llamada a la calma, pidiendo poner la inteligencia colectiva al servicio del debate. Con eso y también con una recopilación gráfica de los comentarios:

Consultada por la Cadena SER, la bióloga marina Gloria Costas, responsable de la web Ciencia y Biología, señala que para entender el concepto "sentir el daño" hay que tener en cuenta dos aspectos: la nocicepción y el dolor.

"La nocicepción es el proceso a través del cual los organismos responden a un estímulo dañino para ellos y por tanto, les permite adaptarse al medio. Casi podría decirse que es una respuesta automática y normalmente son respuestas de huida", dice. "A fin de cuentas, la percepción de daño es lo que permite a todos los seres vivos sobrevivir. Por otra parte, el dolor se considera como una experiencia subjetiva de respuesta al daño y, por tanto, requiere un sistema nervioso más desarrollado".

Y la bióloga marina prosigue con su explicación: "Los bivalvos tienen un sistema nervioso muy sencillo formado por dos cordones nerviosos y tres ganglios (que son agrupaciones de células nerviosas pero no un cerebro o una cefalización compleja), además de receptores que les permiten recibir información del medio (cambios de temperatura, salinidad, daño en los tejidos). Este sistema nervioso tan sencillo les permite recibir información del medio y reaccionar en consecuencia, como respuesta a la nocicepción. Sin embargo, parece poco probable que este sistema tan sencillo les permita desarrollar una experiencia subjetiva de dolor".

La dietista-nutricionista Lucía Martínez, autora de Vegetarianos con ciencia, no cuestiona las conclusiones de los biólogos, pero sí opina que el hecho de que los vegetarianos empiecen a comer ostras o berberechos puede suponer un gran problema de comunicación: "Si ya nos cuenta explicar por qué la gente es vegetariana, imagínate que pides la paella sin calamar, pero con mejillón... Aunque solo sea por claridad en el mensaje y por no liarla, yo no entraría. No me parece supernecesario. Podemos vivir sin berberechos. Pero es una opción personal".

A la instagramer Marta Martínez, conocida como Mi Dieta Vegana, le parece que "la postura de los sensocentristas que comen berberechos o almejas está muy poco fundamentada" y asegura que le parece desacertado "guiarse solo por lo que el ser humano entiende por sentir, generando un marco ético sobre un tema sobre el que aún hay discusión". Pero lo resume de una forma mucho más gráfica: "Las almejas se esconden bajo la arena de la playa cuando se sienten en peligro y reaccionan al ácido del limón. Yo no me como al que se esconde".

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Cadena SER

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