Cuidado con la puerta del ascensor social
"Se habla mucho del ascensor social, pero yo me quedé atrapado en el ascensor vital. Antes fallaban siempre los ascensores"

Cuidado con la puerta del ascensor social
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Barcelona
Se habla mucho del ascensor social, pero yo me quedé atrapado en el ascensor vital. Antes fallaban siempre los ascensores. Me refiero a los de los edificios. Y así la gente se quedaba encerrada entre dos pisos. Más o menos, como está ahora el planeta entre una pandemia que no acaba de irse y una guerra mundial que no acaba de llegar. El ascensor era lo más parecido al coche que muchas personas podían tener. Incluso se exigía una edad, haber cumplido 14 años, para ir en ascensor sin compañía de un adulto. En los cines, sucedía según la película. Las edades del hombre, antes de ser una serie de exposiciones de arte religioso, fueron una progresión de derechos adquiridos. De un ascensor atascado entre dos pisos, se salía o bien por la parte de arriba o bien por la parte de abajo. Dependía del azar. Hoy día, todo el mundo sale por abajo. Me refiero al ascensor social. La puerta de un ascensor era tan peligrosa como las puertas del Metro. De ambas se decía lo mismo. No había ascensor sin la leyenda del niño que se que se pilló la mano y se quedó manco. Entonces, en las calles, en vez ambulatorios había torres de alta tensión, y en la base de cemento de cada torre se exhibían las muescas de los críos que habían subido hasta lo alto y se habían electrocutado. Era más normal la silla eléctrica que el sillón reclinable. Lo que antes era Alcatraz ahora se compra en Conforama. Creemos que pasa el tiempo, pero sólo pasa el ascensor. Siempre hay un vecino que se deja abierta la puerta del tiempo. La llave del ascensor la tenía el presidente de la escalera. Lo mismo ocurre con el ascensor social. Con la pandemia, dejamos de compartir el ascensor, el social y el de los vecinos. Por eso muchos ascensores tienen espejo. Para que nos veamos mientras subimos y bajamos.




