Sociedad

Obituario: Luis Granell Pérez, periodismo y compromiso

Ha fallecido el periodista Luis Granell, referencia en la Transición. Estaba ingresado en el hospital de Pau, tras sufrir un accidente de montaña. Fue presidente de la Asociación de la Prensa de Aragón. Así lo recuerda la directora de Contenidos de la Cadena SER Aragón, Eva Pérez Sorribes

El periodista Luis Granell. Cedida por Heraldo de Aragón. / Oliver Duch (Heraldo de Aragón)

Zaragoza

Si hay un tren que lleve al cielo, mucho más allá de la montaña más alta, ese es al que esta tarde se ha subido Luis Granell Pérez. De los Granell de Zaragoza y los Pérez de Vera del Moncayo. Sus 74 años discurrieron en paisajes de letra impresa, vías de trenes olvidados y aire puro de montañas. "La muerte en la montaña - me dijo un día- es una muerte bonita". Y lo que entonces me sobrecogió y este 17 de febrero se ha convertido en premonición, ahora me parece consuelo.

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Luis amaba las montañas como defendía el ferrocarril y ejercía el periodismo, con pasión y compromiso. Porque ninguna de estas aficiones que también fueron profesión y trabajo puede hacerse bien de otra manera. Y él, las cosas, las hacía bien. Puntilloso y detallista, riguroso hasta el extremo y valiente como pocos, para decir, escribir y vivir.

Nunca tuvo reparos en denunciar, exigir, reivindicar y evidenciar lo que hiciera falta. Desde el Franquismo hasta la Transición, contó la realidad con decencia y hasta intentó cambiarla. Luchando por causas que tantos han dado por pérdidas, como el Canfranc y su reapertura, o el Sáhara y su independencia, Luis armaba de datos las batallas en vez de adornarlas con estériles romanticismos y las defendía con ahínco y, sobre todo, con razones.

Tan persistente como tranquilo y casi flemático, las cumbres más difíciles de ascender las conquistó más allá de lo literal, subiendo las cuestas de la vida, y luchando, incluso, por lo que otros tenemos gratis, su identidad en tiempos duros, subrayando a las personas por encima de estereotipos y prejuicios.

No tuvo hijos, pero sí sobrinos -Mónica y Paco-, a los que quiso como si lo fueran, y disfrutó -como ellos a él- más de padre que de tío.

A mí me tocó sucederle en el oficio, lo que ahora mismo me resulta un listón más alto que cualquier Himalaya. Me queda su ejemplo de buen periodista y buena persona, y las historias que estos días tristes me han llegado de sus viejos y buenos compañeros. Me faltaron muchos más cafés contigo, Luis, para arreglar el mundo, reabrir el Canfranc y disfrutar de una excursión al Moncayo.

Espéranos a todos para seguir subiendo alto. Tú, en las alturas, siempre fuiste primero.

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