El arte de preguntar por la calle
"Todo se fue al garete cuando les pusieron GPS a los coches. Antes, el GPS era un lugareño que iba por la acera. Uno detenía el coche junto a él, y bajaba la ventanilla para decirle: ¿Voy bien para Tragacete?"

El arte de preguntar por la calle
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Barcelona
Si no sabes de geoestrategia, eres un mindundi. Lo que para nuestros padres era la gimnasia sueca, para nosotros lo es la geopolítica. ¿Cómo puede alguien parar un taxi sin conocer la función histórica de la cuenca del Donbass? Por ejemplo, uno lee aquel libro tan bonito de Garci sobre los combates de boxeo en el Campo del Gas, y ya se siente autorizado para explicar los gaseoductos de Argelia. Y también los de Alemania, pues una vez que se ha pasado por un tubo se cabe por los otros. Antes, si alguien iba a la discoteca y decía Azerbaiyán no le hacían ni Cáucaso. Perdón por el chiste. Demasiadas horas de Travolta. Hoy no eres nadie sin un mapamundi. Aunque los clásicos prefieren el globo terráqueo. La gente también lo llama la bola del mundo, quizá porque bola es sinónimo de trola. Todo se fue al garete cuando les pusieron GPS a los coches. Antes, el GPS era un lugareño que iba por la acera. Uno detenía el coche junto a él, y bajaba la ventanilla para decirle: ¿Voy bien para Tragacete? Toda ventanilla le da un carácter institucional a las preguntas. Somos un país de ventanillas, esto ya lo dijo Larra. El interpelado se inclinaba como para poner una denuncia, y a lo mejor respondía: Pues está usted en Fuente la Higuera. La gente, entonces, tenía coche para poder tener ventanilla, como un ministro. O por lo menos como un funcionario público. Con el aire acondicionado, las ventanillas se quedaron obsoletas. El cambio climático empezó en un asiento con encaje de ganchillo. También podía contestar el señor de la acera diciendo: Mire usted... Esto lo decía mucho Rajoy. Todos los españoles llevamos dentro una ventanilla y un presidente de Gobierno. Lo que pasa es que ya nadie pregunta por la calle. Ni siquiera Tezanos.




