Pablo Und Destruktion: "La pandemia empezó hace más de 20 años"
El músico asturiano presenta 'Ultramonte', un disco que nos trae el pasado, lo ancestral ante un capitalismo y una modernidad en caída libre

Pablo Und Destruktion: "Vengo con una guadaña a segar la política para que rebrote fuerte, sana y nutritiva"
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Ultramonte es lo que está más allá de los montes y de allí regresa Pablo García, Pablo Und Destruktion. De su pueblo en Asturias, donde tiene La Synthesis, un refugio donde escribe, compone, toca y graba. El disco está lleno de letras con humor absurdo e ironía, pero también con reflexiones viscerales, poéticas, desafiantes, políticas.
Antes de abrir el disco y escucharlo, llama la atención la portada. Apareces con una guadaña, esa herramienta labriega para segar, delante del Congreso y del Banco de España. ¿Qué pretendes?, ¿a qué vienes con la guadaña?
(Se ríe). Se nota que tienes origen de pueblo tú también y sabes que la guadaña sirve para segar, fundamentalmente. Voy a segar el Congreso y el Banco de España en la medida de mis posibilidades, porque creo que son dos cosas que hay que segar en condiciones para que luego lo que crezca esté fuerte, sano y nutritivo. Es la guadaña con la que yo siego mi prao y mi pueblo, está bien trabajada y la tengo que cabruñar de vez en cuando, para que esté en condiciones. Y me dio la ventolera de venir un día a Madrid de visita y me traje la guadaña. Me metí en el metro, la saqué en Banco de España de una toalla, la armé y no me paró nadie. Con la guadaña al hombro y solamente me paró una vagabunda chiflada, chiflada en el mejor sentido de la palabra, para decirme que estaba delante de dos demonios, que esas dos caras del Banco de España son dos demonios.

Fotografía del disco Ultramonte, de Pablo Und Destruktion / MaríaLaCartelera

Fotografía del disco Ultramonte, de Pablo Und Destruktion / MaríaLaCartelera
¿Cuáles son tus demonios, tú que invocas a tantos en tus canciones?
Los demonios son siempre los adversarios, son los miedos y son los que te ponen un poco el palo en la rueda hacia donde quieres ir y te muestran los peligros de tus propios deseos. Mis demonios son los de todo el mundo, que están recogidos en casi todas las tradiciones filosóficas. Ambiciones de poder, de ser querido… el poder. Decía Bakunin que el poder es el único demonio. Es verdad, el poder en todas sus manifestaciones es el único demonio. No podemos vivir sin demonios, porque no somos seres inmaculados que han nacido en colonia, todos los tenemos. Yo trato de tenerles lo más presentes posibles, invitarles a un cafetín, como digo en Lobito, y perdonarlos. Así te consigues liberar de ellos. La política tiene mucho de demonios, de derivar frustraciones personales en situaciones ideológicas.
Dices en Lobito, ahora que lo mencionas, que occidente ha caído. ¿Ha caído ahora, con la pandemia, o cuándo cayó Occidente?
Europa ha muerto, ya lo decía Jorge Ilegal en los 80, y las cosas mueren y vuelven a nacer mil veces. La pandemia, para mí, empezó mucho antes de 2020, tal y como yo lo interpreto, que es de forma simbólica. No me meto en cuestiones sanitarias, sino en lo político, social, cultural y simbólico. Lo que tiene que ver con las gestiones del miedo y con las dinámicas de chivos expiatorios, que van siempre de las manos de las gestiones del miedo. Llevamos mucho tiempo, por lo menos desde el 11-S, en una dinámica que anda en esta tesitura: de polarizaciones, de miedos. Es algo muy occidental, en otros lugares del mundo no se vive de la misma manera, pero la globalización lo ha extendido. Estamos llegando a una especie de final de la modernidad, pero hay que mantener la moral de combate y cierto humor negro, muy asturiano por otra parte, para ver qué narices nos vamos a encontrar después de este fin y cierre de temporada de nuestra serie favorita, que está siendo la modernidad. A ver qué nos depara.
El disco está lleno de letras con humor absurdo, ironía, pero también reflexiones profundas, viscerales, poéticas, desafiantes, políticas y también filosóficas, como dices, tiene mucha espiritualidad
Espirituales somos todos y las canciones siempre son espirituales, aunque hablen de asuntos totalmente peregrinos. Por ejemplo, con todo el tema trapero, se me viene a la cabeza el tema de Bad Gyal: tú me llamas santa María, porque tengo apretado el coño todo el día. Espiritual es, porque lo espiritual es escurridizo. A veces los demonios se convierten en ángeles y los ángeles en demonios, dependen únicamente del ojo del que mira. Como decía Hermes Trismegisto, para el puro todo es puro y para el impuro todo es impuro. Ese punto es el que me mola de la vida en general y es de lo que van mis canciones. Pero yo no trato de ofender a nadie, solo remover conciencias, movilizar.
Te defines como un trovador. Un trovador enviado del más allá al mundo moderno. ¿Cómo es un trovador en el siglo XXI?
Los trovadores estamos para criticar al poder y cantar a las señoras a las que cortejamos. Siempre ha sido así. Los trovadores nacen con el amor cortés y con el catarismo. En octubre me fui a Monségur con un amigo a conmemorar el 700 aniversario de la muerte del último catar, de Guilhèm de Belibasta, y tengo presente esa forma de estar en el mundo, esa concepción de amor romántico. No el de Julio Iglesias, sino de los cátaros, el primero, que trata de hacer una síntesis de los distintos amores clásicos. Y mantenerlo con vida. En ese sentido es algo eterno, es una forma de estar en el mundo que es eterna. Hay que distinguir a los trovadores, el que es bufón de corte, el trovador de corte y el trovador libre. Yo me considero un trovador libre, voy de pueblo en pueblo tocando en baruchos, a poder ser llenos de serrín, y comparto con los vecinos que haya por ahí mis alegrías y mis penas. Como decía Serrat, titiritero allez hop de feria en feria. Y así estoy muy a gusto.
Ultramonte es folk y canción astur. ¿Qué te parece la popularidad hoy de la música tradicional, de raíz, la revitalización del folklore?
Es complicado, todo el tema de apropiaciones culturales y de revitalizar el folclore. El folclore no se puede revitalizar, el folclore es lo que hay. La propia palabra folclore es un poco escurridiza. Yo trato de controlarme a mí mismo para no apropiarme de determinados símbolos y para no introducir al mercado alguno de los últimos reductos que le quedaban, como pueden ser estas canciones populares que la gente antes cantaba en el taller, o a los niños para que durmieran. Las canciones infantiles son un reducto de folclore real. Yo eso trato de separarlo mucho, que sean canciones sueltas, las cantó en directo, pero no las grabo. Ocurre como con la normalización de determinados hechos culturales, corres el peligro de matarlo. A veces creo, esa es una pequeña lucha personal, que se recurre a la tradición para acabar con la tradición. No solo con las partes malas de la tradición, sino también con las buenas, las vaciamos de contenido y se convierten en mero mercado. Ese es el peligro al que estamos expuestos todos los creadores, yo el primero. Lo tengo en cuenta y le tengo cierto respeto.
En esta semana en la que nos han vuelto a situar la dicotomía entre comunismo o libertad, Casado o Ayuso, tú te quedas con las dos. Comunismo y libertad
Los ismos son muy de la modernidad y la modernidad ya está tocando a su fin. Me hizo mucha gracia cuando vi lo de comunismo o libertad, las alertas socialcomunistas por un lado y las antifascistas por otro. Todo ese juego mercantil electoralista. Cuando presenté el disco anterior, Futuros valores, que coincidió con la campaña electoral en Madrid, yo fui con el lema de campaña "comunismo o libertad" para decir me quedo con las dos cosas. Además, aquí en España tenemos uno de los máximos exponentes del comunismo libertario, que trataba de aunarlos y con el que yo tengo mucha sintonía. Y luego la canción de lo que habla es de amor, de una pareja y de un viaje hacia la tercera fase. En la que también estas divisiones y estas dicotomías no solo se plantean en política, sino en muchas otras cosas y son muy perniciosas. Por querer, yo lo quiero todo, con alegría y alboroto, y de eso va la canción.




