Ocio y cultura

La centenaria goleta holandesa Oosterschelde navegará en aguas de Pasaia

El barco, monumento de la construcción marítima a vela, participará en el Itsas Festibala de mayo

Goleta holandesa Oosterschelde

San Sebastián

Se va acercando la fecha. Pasaia volverá a llenarse de vida y de sabor a sal y a otras culturas. El mar volverá a ser el centro de todo y más de 150 barcos de distintas nacionalidades surcarán nuestros mares.

Entre los barcos visitables que nos encontraremos en la segunda edición de Pasaia Itsas Festibala estará la goleta Oosterschelde. Es una embarcación de tres palos que, con sus 50 metros de eslora, es la más grande de todas las embarcaciones que participarán este año.

La historia del Oosterschelde empieza tras la Primera Guerra Mundial cuando, ante la pérdida de muchos barcos y la subida del precio del fuel, la industria marítima neerlandesa comenzó a invertir en barcos de carga a vela para minimizar riesgos y gastos al mismo tiempo. En ese periodo, fueron construidos en Holanda 500 barcos de este tipo, entre ellos, en 1918 la goleta Oosterschelde, construida en la Sailing Ship Fondation de Rotterdam.

Se diseño como carguero rápido, para poder transportar hasta 400 toneladas de mercancía (arcilla, madera, piedra, paja, entre otros, así como arenques, bananas y patatas etc.)

La goleta cuenta con 50 metros de eslora, 40,12 m de largura de casco, un calado de 3 m, 7,5 m de manga y un velamen de 891 m2.

En 1921fue vendida al capitán Kramer con quien el Oosterschelde navegaría principalmente por las costas europeas y africanas hasta 1939, a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, que pasó a manos de una empresa danesa convirtiéndose en uno de los barcos más modernos de su flota. Fue entonces rebautizado como Fuglen.

En 1954 pasó a tener bandera sueca. Los cargueros de vela ya no eran lo suficientemente rápidos para el transporte de mercancías, y se transformó en un carguero para poder seguir en el mercado. Quitaron sus mástiles e instalaron una torre de observación y empezó a navegar con el nombre de Sylvan hasta que en 1988 volvió a Holanda para ser restaurado a su forma original.

Los planes de restauración se llevaron a cabo gracias a investigaciones históricas y la colaboración del último capitán alemán que había navegado a bordo antes de su transformación. La Sailing Ship Fondation de Rotterdam pagó los cuantiosos gastos de la restauración gracias a la publicidad.

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