Una cuestión dolorosa
La firma de Juan Carlos Camas en Hoy por Hoy Jerez
Jerez de la Frontera
Desde que tengo uso de razón siempre he oído hablar de la cuestión del Sahara Occidental como un asunto en el que España estaba directamente concernida.
Después, con el tiempo aprendí que esa especial relación tenía que ver con la circunstancia de que el Sahara Occidental fue hasta 1975 territorio español y que dejó de serlo en unas condiciones ciertamente excepcionales que han provocado un inmenso desamparo de la población saharaui.
Tal vez por ello, debido a la mala conciencia de no haber hecho las cosas bien con nuestros compatriotas hasta 1975, es por lo que durante todos estos cuarenta y siete años (cuarenta y dos de democracia) se ha ido fraguando un nexo de solidaridad con el pueblo saharaui; especialmente entre el pueblo andaluz y el pueblo saharaui. Hasta tal punto la conexión ha sido tan íntima e intensa que se han llegado a crear verdaderos vínculos familiares con los niños y niñas que venían a pasar aquí sus vacaciones y, con esa excusa, poder darles la oportunidad que todo niño o niña merece: disfrutar de la vida que un campo de refugiados no da.
Algunos de esos niños y niñas que visitaban Andalucía y Jerez cada verano se han quedado entre nosotros y hoy son hombres y mujeres que forman parte de la comunidad ciudadana que integramos todos y dan lo mejor de sí mismos. Pero hace unos días las cosas han cambiado.
De un modo repentino, inesperado e inexplicable para muchos, el Gobierno de España ha variado sorpresivamente su posición sobre el Sahara. Y si hemos sabido de ese radical cambio de rumbo lo ha sido porque lo ha hecho público el país ocupante de los territorios del Sahara. Francamente, no sé qué me duele más. Y de momento así continuamos, sin ningún tipo de justificación y explicación dada a la ciudadanía y a sus legítimos representantes.
Como miembro de esta comunidad, lo que sí sé es que si un jerezano o jerezana de origen saharaui me interpela en la calle Larga y me reprocha que España lo ha traicionado a él o ella y a su familia por segunda vez, no tendré sino que darle la razón y unirme a su sentimiento.