Opinión

Paren el mundo que me quiero bajar

La firma de Rosa Alcubilla

La firma de Rosa Alcubilla

Aranda de Duero

Mafalda y Groucho Marx ya decían aquello de "Paren el mundo que me quiero bajar". Conozco personas que han dejado la comodidad, la rutina y el estrés, y han decidido llevar modos de vida alternativos: ecologistas que repueblan aldeas abandonadas, trotamundos que viajan realizando voluntariado social, cooperantes que entregan su vida en lugares peligrosos, y neorurales que se liberan de la dictadura del reloj. Dan ganas de bajarse de este mundo inhóspito, pero mientras sigamos en él debemos conocer la realidad y colaborar para transformarla.

El mundo se paró hace dos años por un inesperado virus, pero no nos ha servido de nada esta dolorosa experiencia. Auguraban que íbamos a salir mejores, teoría que nunca compartí, y sin imaginarlo nos ha sorprendido ahora un desorden mundial que amenaza la paz y la seguridad internacional. No sé si ustedes sienten que tantas noticias desconcertantes nos están aturdiendo. Yo me encuentro noqueada.

Pienso en las ciudades ucranianas que conocí y las amplias y verdes avenidas repletas de músicos al caer la tarde, cuando la gente salía del trabajo y se sentaba a deleitarse con los artistas. No me puedo imaginar a esa población que vivía en paz, construyendo ahora barricadas junto a sus casas. Nos creíamos que el mundo estaba, más o menos, en armonía, ya que aquí no llegaban refugiados de Etiopía, Yemen, Myanmar o Palestina, conflictos candentes. Ahora ya tenemos población refugiada de Ucrania en nuestras ciudades y pueblos, no podemos mirar para otro lado.

Y, ¿qué me dicen del Sáhara Occidental, de la historia de una traición descarada? Abandonamos al pueblo saharaui en el 75, lo olvidamos, y ahora lo volvemos a usar como moneda de cambio. No es un conflicto ni ajeno ni lejano, y afecta directamente a España, pero nuestro gobierno se ha sometido a Marruecos. Por cierto, me pregunto si los conflictos que ocurren en nuestra Europa son más importantes que las guerras del resto del mundo, esa impresión me está dando.

Sin salir al extranjero, en nuestras calles, también sentimos el desasosiego de los camioneros, que no pueden trabajar con los precios desbocados de los combustibles, y comprobamos las repercusiones de su paro en todos los sectores. Abstraerse totalmente de tanto barullo, en el extranjero y en nuestro país, es injusto, inhumano y egoísta. El periodista Carlos Hernández insistía hace unos días en el auditorio de la Casa de Cultura, al mencionar los 303 campos de concentración franquistas (uno de ellos en Aranda), que nos han robado la memoria y falseado la historia. Todavía hoy, más de 80 años después, parte de la población española ignora, o niega, esta parte de nuestra guerra civil.

En la era de la información no tenemos excusas para acceder a debates, análisis y opiniones de lo que acontece en nuestras fronteras, o en el exterior. Y, ardua tarea es investigar para conocer la realidad, pero es necesario. A Mafalda podría decirle que en estos momentos me es inviable bajarme del mundo, aún siendo una tentación grande, lo reconozco. Sólo me permito, por unas horas, imbuirme en la naturaleza, darme baños de bosque, resetearme, y salir con más fuerza.