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Opinión

Sin ánimo de ofender

Pedían el perdón de sus pecados, de nuestros pecados de mujer. Viva Brian, viva Juliano el Apóstata y viva la desobediencia feminista

Maruja Torres: "Viva Brian, viva Juliano el Apóstata y viva la desobediencia feminista"

Madrid

Sin ánimo de ofender ni a los creyentes, ni a los costaleros, ni a las preciosas imágenes, ni a las saetas, ni a los balcones, proclamo desde aquí, que soy más de 'La vida de Brian', o de esa oda al paganismo que es la novela de Gore Vidal Juliano el Apóstata. Aparte de que me dan mucho miedo los enmascarados y las caperuzas.

Hechas las proclamas de rigor, quiero recordar cómo eran y qué representaban las Semanas Santas en las que crecí, en un tiempo, al parecer, ahora muy añorado. Eran, exactamente, lo que quiere conseguir Vox, con la ayuda del PP.

Aquellos Jueves, Viernes y Sábados Santos (por entonces teníamos un día más de duelo) reservan para mí la imagen de mujeres enlutadas, veladas por un hiyab llamado mantilla, empitonadas por tridentes llamados peinetas, recogidos sus tentadores cabellos en piadosos moños muy españoles, y envueltas sus provocativas siluetas en negros ropajes atornasolados como el forro de un ataúd. El suyo.

Mi madre me decía que “cuando seas mayor y te vistas así tendrás un marido”, o que “cuando seas mayor y tengas un marido podrás vestirte así”, porque el orden de los factores no variaba el fatal producto.

Aquellas mujeres acababan su periplo arrodilladas ante un varón en taparrabos tendido en diversas iglesias, con los brazos en cruz y un trapo morado encima. Pedían el perdón de sus pecados. De nuestros pecados de mujer. Viva Brian, viva Juliano el Apóstata y viva la desobediencia feminista.

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