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Adiós a la cereza negra de Serra

El campo valenciano empieza a sustituir cultivos ante el incremento de las temperaturas

Reportaje campo y clima

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09:14

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València

La sustitución de cultivos para adaptarse al aumento de las temperaturas comienza a ser una tendencia en el campo valenciano. Productores y productoras reemplazan sus variedades hortofrutícolas para poder sacar rendimiento de sus cultivos, porque ahora hay de media menos días de frío al año. Las condiciones cambian y el campo también. Maite Cabo es ingeniera agrícola y agricultora. Tiene una pequeña plantación en Serra, en la comarca del Camp del Túria, a unos 35 minutos de València. Allí cultivaba cerezas, pero hace un par de años empezó a notar que algo pasaba con sus árboles: “Cada vez estaban más secos, las ramas se iban rompiendo, daban menos frutos… Sabías que se estaban muriendo”.

¿Qué les sucedía? El origen está en el incremento de las temperaturas. Según el delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en la Comunitat Valenciana, Jorge Tamayo, este invierno climatológico, el periodo que comprende los meses de diciembre, enero y febrero, ha sido “muy cálido y seco”.

Los árboles necesitan determinadas horas de frío al año, los cerezos por ejemplo requieren un mínimo de 700 horas, y si no se alcanza ese mínimo, apunta Salvador García Carbonell, ingeniero agrónomo y catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia, no florecen igual y su producción disminuye: “¿Qué pasa? Que al no cubrir las horas de frío al año, la floración es muy escalonada y muchas yemas de flor no llegan a florecer y caen, por lo que la producción se reduce considerablemente. En algunos casos, entre un 60 y un 80%”.

El campo busca salidas y una de las soluciones es la adoptada por Cabo, que ha reemplazado sus cerezos por olivos. La sustitución de unas especies de árboles o variedades por otras comienza a ser una tendencia en el campo valenciano según exponen desde AVA - ASAJA, aunque matizan que no es generalizada.

El calor afecta a diferentes tipos de árboles. En el caso de los cerezos, por ejemplo, según el último balance anual de la Unió de Llauradors i Ramaders, los productores valencianos dejaron de ingresar más de ocho millones de euros en 2020 “por las condiciones climatológicas adversas”. Respecto a la naranja, sin duda, uno de los principales cultivos en la Comunitat, el incremento de las temperaturas no le afectaría de la misma manera que a los cerezos según García: “En la naranja podría pasar pero de una forma menos acusada porque al ser un perennifolio la falta de frío o el incremento de calor le perjudica menos desde el punto de vista de la floración. Lo que sí le perjudica es la sequía, que hace que el calibre se vuelva no comercial”.

Carles Peris, secretario general de la Unió, se manifiesta en la misma dirección pero matiza que los cítricos perderían calidad solo en determinado momento del año, “el cultivo se puede hacer con normalidad, pero va en detrimento de algunas variedades” comenta.

Además de la sustitución de cultivos o variedades, Peris destaca dos consecuencias más derivadas del incremento de las temperaturas para el campo: la temporada de recolección de hortalizas se alarga y aumenta el número de plagas, porque se adaptan a las nuevas temperaturas.

En este punto también juegan un papel importante las abejas, que son las que en parte reducen la transmisión de plagas; sin embargo, el incremento de las temperaturas también les afecta porque no pueden hibernar y se mueren. Según Alejandro Boronat, vicepresidente de la asociación La abeja es vida, hay algunas plagas que se reproducen a través de una melaza que recogen las abejas pero, si dejan de recogerla, dejan de proteger a los árboles.

La actividad apícola es trashumante y, ante la subida de las temperaturas, están adaptando también su desplazamiento por el territorio. Dejan las colmenas en el norte para que hibernen, entonces argumenta Boronat, “no quitamos esa melaza para parar un poco las plagas en los cultivos”.

¿Cuáles son las perspectivas de futuro?

La temperatura actual ya está más de un grado por encima de lo que era habitual en la década de los 60 o los 70 según el delegado de AEMET y la tendencia es que siga subiendo. Tamayo expone que esto no quiere decir que deje de hacer frío, “pero sí dejará de hacer tanto frío como hasta ahora. Si continuamos consumiendo de la manera en la que lo hemos venido haciéndolo hasta ahora, la temperatura puede subir hasta cuatro grados. Si aplicamos protocolos como los que se aplicaron en París por parte de todos los países y se llevan adelante, se puede controlar que la temperatura no ascienda más de dos grados”.

Ante este panorama, el campo puede cambiar cultivos o variedades, pero desde la Unió de Llauradors, Carles Peris, señala que la decisión no es sencilla: "Tienes que estar bastante documentado e informado de cara a ver hacia dónde vamos y ahí es donde está la dificultad y la incertidumbre. No va a ser fácil". Porque, como apunta Cabo, la sustitución de cultivos es una solución, pero tiene una cara negativa, la desaparición de variedades propias: "Teníamos una variedad [de cereza] solo local que no existía en ningún otro sitio. Se llamaba la cereza negra de Serra. Era pequeña, muy dulce, espectacular. Claro, es una cereza tardía y con lo tarde que hacía sus frutos acaban picándola y ya no tenemos ningún tipo de producción".

Todos estos factores tienen consecuencias económicas, pero hay otro aspecto a tener en cuenta, el emocional. Lo destaca también Cabo, junto a sus nuevos olivos, al hablar de cómo ha cambiado la estampa del municipio: "La panorámica de Serra antes era super chula cuando empezaban a florecer los cerezos, veías muchos trozos de la montaña con flores blancas y rosas. Y ahora solo se ven cultivos de secano, solo ves almendros, algarrobos y cultivos".

Según Tamayo, si la temperatura media se sitúa dos grados por encima, la situación sería similar a la que vivimos en el presente, pero en mayor o medida se podría "controlar" según el delegado de AEMET. Sin embargo, en el caso de alcanzar los cuatro grados, se produciría "un cambio radical respecto a las condiciones meteorológicas" y habría que adaptar algunos aspectos de la vida tal y como los entendemos hoy. Tamayo subraya también que "ya no podemos hablar de cambio climático, porque el clima ya ha cambiado". Ahora solo falta que la especie humana cambie con él.

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