El coche grande se come al chico
Me dirán que no se necesita ser ingeniero para concluir que los coches que en realidad son camiones aplastan a los pequeños utilitarios en caso de colisión
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"La línea roja" de Matías Vallés (05/05/22)
Los accidentes de tráfico no solo suponen una sangría tolerada sin rechistar por la sociedad.
Las colisiones y atropellos también generan un extraño morbo.
Siempre nos detenemos en las informaciones sobre accidentes, quizás porque sabemos lo cerca que estamos de protagonizarlas.
Además de fijarse en las víctimas y familiares cuya vida quedará transformada para siempre, la pasión estadística me impulsa a detenerme en los vehículos implicados en una colisión.
Y mi conclusión de mero observador no puede ser más clara, el coche grande se come al chico.
El tamaño, el peso y la potencia de las máquinas involucradas en un choque define el resultado mortal muy por encima del factor humano, de la existencia de una infracción, incluso de la cada vez más frecuente ebriedad de los involucrados.
Me dirán que no se necesita ser ingeniero para concluir que los coches que en realidad son camiones aplastan a los pequeños utilitarios en caso de colisión.
Sin embargo, es curiosa la naturalidad con la que se acepta esta desventaja de partida, que trasladada a la sanidad significaría que las personas con mayor potencial económico gozan de mayor esperanza de vida que el resto.
Y que curiosamente, también ocurre.




