Sociedad
ENTREVISTA

Rafael Ruiz: "En la trata de personas confluyen distintos delitos, pero el blanqueo de capitales siempre está"

El inspector jefe de la Brigada de Extranjería en Córdoba pone el foco en la vulnerabilidad de las víctimas, que "engañadas, llegan a España huyendo de lo peor y pensando en un futuro"

Rafael Ruiz, inspector jefe de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de la Policía Nacional en Córdoba, frente a la comisaría de Avenida Doctor Fleming / Álvaro Guerrero Jiménez

Córdoba

"Sigue el dinero". Es una de las premisas básicas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para desarticular organizaciones criminales. Probablemente, la más eficaz cuando se trata de perseguir a quien comete múltiples delitos y dispone para ello de una red en varios países.

Así que encontrar las migajas en transacciones o en operaciones de blanqueo es una de las diversas funciones que tiene asignado el equipo que comanda Rafael Ruiz. Es el inspector jefe de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de la Policía Nacional en Córdoba y prefiere ser discreto sobre el número de agentes a su cargo, pero acepta la invitación de la Cadena SER para explicar el trabajo que realizan.

La tipología de los delitos que persiguen requiere no solo de los conocimientos y los recursos de su unidad, sino de un gran número de especialistas dentro del cuerpo. Córdoba no es tierra fronteriza, pero desde aquí se presta soporte y apoyo a operaciones de ámbito nacional. No obstante, el punto geoestratégico de la provincia y la importancia de la agricultura ponen de relieve una de las principales misiones de la Brigada de Extranjería: la investigación de las actividades delictivas relacionadas con la trata de seres humanos, el tráfico de personas, la inmigración ilegal y las falsedades documentales.

PREGUNTA: ¿Ha ido ganando importancia la persecución de los delitos de trata para la Policía Nacional con el paso de los años?

RESPUESTA: Siempre ha tenido importancia. Ocurre que a día de hoy tenemos más medios, la sociedad está más concienciada e investigamos mejor. Se están destinando más recursos materiales y humanos, pero sobre todo se nos está ofreciendo más formación para luchar contra esta lacra, así como contra la inmigración irregular y la detección de documentos falsos.

P: Conviene distinguir la trata del tráfico humano...

R: Sí, son fenómenos diferentes aunque investigamos ambos. En el tráfico de personas el objetivo y fin último siempre es cruzar una frontera para entrar en un país de forma irregular y existe consentimiento por parte de los migrantes para que esas tramas organizadas los trasladen. Por otro lado, en el caso de la trata nunca hay consentimiento —o si existe, se debe a un engaño— y el fin siempre es explotar a la persona en el lugar de destino, ya sea sexualmente, laboralmente o con la mendicidad. Aquí entra en juego una retención de la víctima mediante amenazas, coacción o violencia.

P: ¿Qué tipo de infraestructura delictiva tejen las redes de trata de personas?

R: Es complejo. Alrededor de la trata de seres humanos orbitan otros delitos como son falsedad documental, favorecimiento de la inmigración irregular, delitos contra los derechos de los ciudadanos extranjeros, amenazas o coacciones, agresiones sexuales, abusos, tráfico de drogas, asociación ilícita, pertenencia a organización criminal o delitos contra la Hacienda Pública.

Y hago esa enumeración 'de memoria', rápidamente. Pero sí me gustaría destacar uno que es transversal: el blanqueo de capitales. Estos grupos obtienen grandísimos beneficios en dinero negro que tienen que 'lavar' a través de procedimientos muy complejos en los que intervienen empresas pantalla, sociedades interpuestas o testaferros.

Por eso en el ámbito de la investigación confluimos cuerpos policiales, Fiscalía, jueces, ONGs, la Tesorería General de la Seguridad Social y la Inspección de Trabajo. Es un engranaje muy bien engrasado que resulta fundamental.

P: ¿Ha cambiado mucho el modus operandi de estas mafias con la introducción de las nuevas tecnologías?

R: Quizá en los canales de comunicación, pero no en la base de todo, que es la mentira. No podemos obviar que las víctimas son personas muy vulnerables y tenemos que empatizar, porque es muy fácil juzgar desde fuera que una persona haya sido engañada.

Hablamos de gente que viene de sufrir guerras, hambrunas, crisis económicas brutales, huyendo de que les maten, les prostituyan o de la mutilación genital. Los engaños son burdos: "conozco a alguien en España que te puede dar una vida mejor con un trabajo de cocinera o limpiadora". Es muy difícil no agarrarse a esa esperanza, especialmente cuando te la ofrece alguien que sabe manipular.

P: Y ahí llega la deuda con los tratantes...

R: La mal llamada deuda, porque no deja de ser un chantaje. Efectivamente son varias etapas: hay una fase de captación en la que se localiza a la víctima y esta empieza a macerar si emprender el viaje hacia España. En ese punto los tratantes ejercen una presión importante pero envueltos en las mejores formas: le ofrecen adelantar el coste del viaje, le hablan de nuestro país o del trabajo que van a desempeñar. Mientras tanto, van organizando la logística del traslado.

Una vez se montan en el avión, ya hay un dispositivo perfectamente organizado para recibir a la víctima aquí y llevarla a un piso, una nave industrial, un club o donde sea. Nunca terminan de pagar lo que le imponen sus captores y la suma se hace cada vez mayor. Hablamos de cantidades estratosféricas.

P: Suponemos que la trata con fines de explotación laboral se produce eminentemente en el sector primario. ¿Hay colaboración e intercambio de información con la Guardia Civil, ya que el medio rural es uno de sus ámbitos de actuación principales?

R: Totalmente. La relación es extraordinariamente cordial y positiva. Todos los cuerpos policiales tenemos que garantizar la seguridad e investigar los hechos que tengan lugar en nuestras demarcaciones, detener a los responsables de los delitos y ponerlos a disposición de la autoridad judicial.

La explotación laboral suele darse en fincas agrícolas y en las de nuestra provincia este problema está presente. Las organizaciones criminales conocen las temporadas de recolecta, saben que hace falta mano de obra y que hay personas dispuestas a cometer un delito para abaratar costes.

P: Una de las operaciones recientes de mayor impacto en esta materia tuvo lugar en verano de 2020, cuando se liberó a 29 personas explotadas laboralmente en Córdoba y Sevilla. Pasados dos años, ¿puede ampliar más detalles sobre esa investigación para ilustrar cuáles son las condiciones de la trata con fines de explotación laboral?

R: Fue una operación conjunta entre agentes de Córdoba y Sevilla para desarticular una organización criminal de origen sudamericano. Los tratantes eran nicaragüenses, bolivianos y guatemaltecos.

En algunas de las inspecciones que realizamos pudimos recoger varios testimonios de los trabajadores, que nos relataban las condiciones a las que eran sometidos. Me atrevería a utilizar la palabra esclavitud: observamos jornadas interminables sin comer ni beber y sin descanso. Los movían de finca en finca en furgonetas habilitadas para ocho personas, pero trasladaban en ellas hasta a quince trabajadores.

La organización estaba formada por cuatro empresarios y manijeros que estaban a pie de campo vigilando a los trabajadores, que por supuesto recibían un salario muy inferior al percibido normalmente por tareas agrícolas.

Además de registros en domicilios y en la gestoría que realizaba altas fraudulentas en la Seguridad Social, llegamos hasta la nave industrial en la que estaban hacinados varios de los trabajadores. Las condiciones eran infrahumanas: treinta personas, un solo aseo, colchones en el suelo, etc.

P: Las víctimas de trata viven en el temor permanente a sus captores, ¿le tienen miedo también a la Policía?

R: Es muy difícil que las víctimas denuncien. En primer lugar, sobre ellas suele existir una dominación y un control casi absolutos. Y además, hay que tener en cuenta que estas personas vienen de sufrir auténticas calamidades en sus lugares de origen. En ciertos países, fundamentalmente de corte autoritario y dictatorial, la policía está al servicio de estos regímenes y se crean situaciones perversas. Así que, de entrada, no sienten que la Policía esté de su lado.

P: Entonces, ¿cuáles son las fuentes de información principales para que su Brigada inicie una investigación?

R: Es fundamental la investigación proactiva, los controles periódicos que realizamos en empresas y prostíbulos, así como la información que manejan otros equipos de la Policía. También recibimos denuncias a través de ONGs, de algunas víctimas y de algunas personas a las que hemos conseguido 'sacar' de la red.

Además, como siempre, juega un papel importante la colaboración ciudadana. Cualquier persona que tenga información relacionada con la trata de seres humanos puede llamar al 900 105 090 o escribir a trata@policia.es. Se puede denunciar de forma anónima y no queda rastro en la factura telefónica.

Por ejemplo, es habitual que recibamos llamadas de personas que ven como en la vivienda de al lado viven muchas chicas y entran y salen hombres permanentemente. Ya es una sospecha, nuestro trabajo es verificarlo y, a partir de ahí, lo que corresponda.

P: ¿En Córdoba, la comisión de este tipo de delitos está al alza?

R: No podemos facilitar datos operativos concretos, aunque tenemos cada vez más trabajo. En cierto modo, porque nos lo exigimos a nosotros mismos.

P: ¿Qué nacionalidades predominan en la provincia entre aquellas víctimas de trata con fines de explotación sexual?

R: Son múltiples y variadas, pero existe un mayor número de víctimas procedentes de Centroamérica y Sudamérica. Destacan las nacionalidades colombiana, nicaragüense o brasileña.

P: Y entre los tratantes, ¿encuentran más nacionales o extranjeros?

R: Hay de todo, pero suelen predominar los extranjeros.

P: Ustedes llegan hasta la liberación de las víctimas. ¿Alguna vez se preguntan qué ocurre con ellas después?

R: Sí, pero son tantas que es imposible hacer un seguimiento. Quisiera felicitar y agradecer a las ONG porque no solo cooperan con nosotros en la recopilación de testimonios o a la hora de animar a las víctimas a denunciar, sino que además las acompañan en el proceso de regularización como víctimas, así como en su recuperación. Sabemos que algunas víctimas regresan a su país y en otros casos encuentran aquí un trabajo decente.

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