Ocio y cultura

Olor a mar, memoria y Lorca en el Falla

Juan Diego Botto deslumbra en la inauguración de la nueva temporada del teatro gaditano con "Una noche sin luna"

Representación de "Una noche sin luna" con Juan Diego Botto / cedida

Cádiz

¿Se puede traer el olor del mar a un escenario? ¿Cómo se puede representar el cielo y sus estrellas? ¿Cómo se lleva la realidad a un teatro? Juan Diego Botto se plantea esas preguntas al comienzo de Una noche sin luna, la obra con la que se ha estrenado la nueva temporada del Teatro Falla de Cádiz. En realidad, quien se cuestionó todo eso hace mucho tiempo fue Federico García Lorca, al que el actor y dramaturgo homenajea con este impactante y conmovedor texto, en el que reflexiona sobre el poder del teatro y la cultura, reivindica la memoria como forjadora de la identidad de los pueblos y, sobre todo, recuerda al poeta granadino en otro gesto para que nadie le olvide nunca. Porque las personas siguen existiendo en la medida que son recordadas.

Una noche sin luna es una exitosa y premiada obra dirigida por Sergio Peris Mencheta y escrita e interpretada por Juan Diego Botto, con la que el Ayuntamiento de Cádiz ha decidido, de forma atinada, abrir la programación de su principal teatro. La expectación era máxima, como se pudo comprobar en la enorme cola que rodeaba el Falla media hora antes del comienzo, gracias a un público que completó el aforo. Se notaban las ganas de teatro. Botto, Premio Nacional de Teatro por esta obra, acababa de llegar del Festival de Venecia, donde ha presentado su primera película como director, En los márgenes, protagonizada por Penélope Cruz y Luis Tosar, en torno al drama de los desahucios.

En Una noche sin luna Botto quería narrar otro drama, el de la vida y muerte de Federico García Lorca. Lo ha querido hacer poniéndose en la piel del escritor granadino, un personaje que narra su propia experiencia, repasando sus episodios íntimos y públicos, que le llevaron a su cancelación política, y, después, a su asesinato por fusilamiento en 1936. Botto está excelso, mantiene de forma vigorosa el ritmo de un texto poderoso, que va ganando en intensidad, plagado de momentos divertidos, crueles y contundentes, como el que acaricia y pega puñetazos al mismo tiempo. Su Lorca es un personaje entrañable, que asume sus errores, que defiende su derecho a equivocarse, a amar libremente, a pensar y publicar sus ideas, y que reivindica constantemente la cultura como una herramienta imprescindible de crecimiento social, lo que ejercitó con conciencia en su Barraca.

El texto se mueve por encima del tiempo porque está contando en presente cosas del pasado, y, al mismo tiempo, narra un pasado que está presente. Así que lo que cuenta Lorca que ocurrió hace casi un siglo suena tan actual como si estuviera describiendo lo que está pasando ahora mismo. Están visibles las críticas a la censura, a la monarquía, al fascismo, a la intolerancia, a la homofobia. "¿Cómo no se quiebra el equilibro del mundo cuando el más fuerte abusa del débil?", se pregunta el protagonista. El único personaje de la obra se mueve en una especie de barco de madera, cuyo suelo se abre y se recompone, en un maravilloso juego escenográfico que va complementando visualmente la potencia de un texto en el que Botto se crece cuando recrea escenas de Lorca con otros personajes, como dos vecinos manchegos que le increparon cuando fue a llevar a su pueblo una de sus obras; o con un miembro del público, que le responde indignado en una de sus últimas representaciones.

Juan Diego Botto indagó en entrevistas, libros y textos de Lorca para escribir Una noche sin luna. Lo hizo para contar, de nuevo, una historia ya sabida: la terrible muerte de uno de los autores más importantes de la literatura española. Pero también para recomponer los pedazos de este rompecabezas de la historia de España que algunos quieren olvidar. Se sirve del mito de Teseo, ese que transformó por completo su barco pieza a pieza. ¿Por qué todos seguían considerando que ese barco era de Teseo si ninguna de sus piezas era ya del original? Y es entonces cuando Botto-Lorca introduce el principal tema de su obra: la memoria. "Somos porque nos recuerdan". Y también somos lo que somos por esos recuerdos. Esa memoria es nuestra identidad. Y la identidad de un país, dice el protagonista, no se puede construir desde el olvido, sino recordando la verdad de lo sucedido. Una verdad que en España sigue bajo tantas cunetas.

Botto no esconde que su obra no es neutral. Porque siempre hay que ponerse de un bando, en este caso, el de la justicia y la reparación. Todo lo que sucede durante la obra conmociona, rasga el corazón, y llena de rabia hasta la lágrima. Por lo injusto, por lo que pudiera haber pasado si no, por la crueldad, por Lorca y por tantos como él. Por esas infancias rotas con canicas que guardaban universos, por esos versos libres que fueron silenciados con ráfagas de disparos, por esos besos que no pudieron darse nunca. Y todas esas ausencias, esos sueños quebrados, esas ganas insatisfechas continuarían repitiéndose de igual manera si no hubiese autores comprometidos para seguir contando esta Historia que es la nuestra, que es la de todos.

Al poeta de la Luna, como llamaban a Lorca, lo mataron en una noche sin luna. Anoche sí se entrevía la luna entre nubes por las calles de Cádiz en un cielo con estrellas cuando el teatro regresó a la ciudad por todo lo alto. Una noche en la que olió a mar dentro del Falla, como si una ola de realidad lo hubiese inundado desde butacas hasta el paraíso.

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