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La Casa Natal de Picasso se reorganiza para buscar la raíz del pintor

Sus nueve salas reflejan la personalidad de Picasso mejorando el recorrido del visitante.

La Casa Natal de Picasso se reorganiza para buscar la raíz del pintor

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Málaga

El Museo Casa Natal Picasso ha presentado este martes una nueva museografía tras acometer una serie de reformas, que han supuesto la intervención más importante en estas instalaciones desde su reinauguración en 1998. Además del cambio de ascensor y del sistema de climatización del edificio, se han reacondicionado las distintas salas dedicadas a la obra del artista malagueño, subrayando la importancia de Málaga en la raíz de la personalidad y la obra de Picasso.

Salas 1, 2 y 3

El recorrido comienza en la sala 1 de la planta baja que, con el título Pablo, crecer en el taller, recuerda la formación artística de Picasso desde niño bajo la orientación de su padre, José Ruiz Blasco, profesor de dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Málaga, y en contacto con los pintores de su círculo cercano. Se muestran obras originales de Denis Belgrano, Emilio Ocón y Joaquín Martínez de la Vega, al que Picasso se refería como su «padrino de bautismo como pintor», algunas piezas de escayola y fotografías procedentes de la Escuela, grabados de Picasso que guardan relación con las mismas y un retrato al óleo de José Ruiz, firmado por José Ponce Puente.

Las salas 2 y 3 (La modelo y El artista y la modelo) son una inmersión en el universo picassiano a través de una de las claves en la formación de los artistas de su época: la relación con la modelo y el desnudo femenino. Para ilustrarlo, se exponen dibujos originales pertenecientes al cuaderno n.º 7 de bocetos para Las señoritas de Aviñón, el único existente en España de los 16 que dedicó el artista a estudios preparatorios de esta obra seminal del arte moderno. Una pantalla de vídeo permite conocer el álbum completo, página a página, mientras que una serie de grabados de Picasso muestra su despliegue creativo a la hora de afrontar el tema de la modelo y de sus relaciones con el propio pintor en el taller

Vestíbulo y accesos

Las intervenciones que se han realizado en el vestíbulo buscan atraer la atención por el contraste de color entre el interior y la fachada. En esta zona, en las escaleras de acceso y en la entrada al museo en la primera planta se hallan diversos textos y fotografías, entre las que destacan las firmadas por Juan Gyenes, que dan la bienvenida al visitante.

Salas 4, 5 y 6

Las primeras salas de la primera planta evocan el entorno familiar y vital de los años de Picasso en Málaga. «Esta es la historia yo nací de un padre blanco y un vasito de aguardiente andaluz (…)». Son palabras de uno de sus primeros poemas, datado en 1936, que se reproducen en la sala 4 (La Familia), en la que pueden contemplarse sus fotografías de niño y las de sus padres, algunos objetos familiares, una sucinta genealogía y los retratos que Picasso hizo a sus padres y hermanas en un ejemplar facsímil de un cuaderno de dibujos fechado en 1895.

La sala 5 (Estilo de vida), con balcones a la Plaza de la Merced, correspondería al salón principal de la casa. Adornan sus paredes una colección de óleos que en su mayor parte pertenecieron originalmente a la familia de Picasso, incluyendo algunos especialmente dedicados a su padre. La estancia, amueblada con piezas del siglo XIX, acoge además el busto de una virgen Dolorosa, que también estuvo siempre en el hogar de los Ruiz Picasso. El conjunto invita a imaginar la vida en este rincón hace más de un siglo.

Al acceder a la sala 6, el visitante encuentra la reproducción a gran escala de una firma autógrafa del artista, ‘Picasso de Málaga’, que reafirma su identidad de origen y da nombre al espacio. Mediante una cronología ilustrada, se explican las diversas estancias en esta ciudad, desde su nacimiento hasta sus últimos días en 1901. En una vitrina se muestra un facsímil de su acta de bautismo y se conservan prendas y otros objetos personales de su infancia: una camisa de bebé, su fajín umbilical y su vestido de cristianar, uno de los zapatos con los que aprendió a andar y una colección de figuritas de plomo con las que jugó de niño. Varias fotografías fechadas entre 1895-1896, que son testimonio de las visitas de Picasso a la finca de sus padrinos en los Montes de Málaga, completan una sección que pretende dejar claros los vínculos biográficos y vitales del pintor con su ciudad.

Sala 7

El tema más habitual de las pinturas de José Ruiz Blasco fueron las palomas, y su hijo las adoptó como uno de sus motivos iconográficos recurrentes. Uno de sus primeros dibujos, datado en Málaga hacia 1890, muestra a varias palomas en un palomar. El tema alcanzó una dimensión universal al convertirse en símbolo de la paz. El escritor Louis Aragon eligió la litografía de una paloma blanca para el cartel del Congreso de la Paz de París de 1949 y la imagen tuvo un éxito popular enorme, que el artista acogió con entusiasmo, multiplicando sus variantes en años sucesivos. Además, participó personalmente en el movimiento pacifista posterior a la Segunda Guerra Mundial que, aunque auspiciado por la Unión Soviética y los partidos comunistas, atrajo a millones de personas de otros ámbitos, partidarios de la paz entre los bloques y la eliminación de las armas nucleares. En noviembre de 1950, en el Congreso Mundial por la Paz celebrado en Sheffield (Inglaterra), Picasso dio un pequeño discurso en el que se puso a explicar cómo había aprendido a pintar palomas gracias a su padre.

En esta sección se muestran óleos de José Ruiz Blasco y grabados de Picasso sobre la paloma de la paz, así como fragmentos de películas documentales en las que se ve al artista asistir a los congresos pacifistas.

Sala 8

Esta sección, dedicada al Mediterráneo en Picasso, arranca con la reproducción de un pequeño óleo, realizado en Málaga entre 1888 y 1890: El puerto de Málaga. Picasso contó a su hija Maya que hizo esta pequeña obra a escondidas, con pintura cogida de la paleta de su padre. Es una versión hecha de memoria de un cuadro de don José que colgaba en el salón de su casa, copia de Vista del crepúsculo de Málaga (1878), de Emilio Ocón. «Es lo más antiguo de todo, lo primero que hice», dijo Picasso.

El Mediterráneo, ventana de Málaga al mundo, corre por las venas del artista. El Mediterráneo de las bañistas desnudas como diosas, de las ninfas y de los faunos. El mar de la mitología grecolatina, que se apropia para recrear experiencias personales y a la vez universales. Picasso se acercó por primera vez a la Antigüedad mediterránea en 1906, cuando realizó desnudos que recordaban a la escultura arcaica griega, y volvió a ella en 1917, cuando visitó Pompeya en compañía de los ballets rusos, para quienes preparaba decorados, telones y vestuarios.

Grabados y una cerámica ilustran la influencia del Mediterráneo en la obra de Picasso, mientras que una secuencia fotográfica en dos pantallas de vídeo descubre al hombre que disfrutaba de la playa en compañía de familiares y amigos.

Sala 9

Otra de las cosas que Picasso debe a su padre es la afición a la fiesta de los toros. El deslumbramiento que le produjo puede adivinarse en sus primeras obras infantiles con escenas taurinas, como el pequeño óleo sobre madera El picador amarillo (Málaga, 1889-1890). Su pasión por este espectáculo se refleja en una enorme producción poblada de toros y caballos, picadores y toreros. A veces trató el tema como un placer estético, pero otras veces, en el ruedo se muestra una lucha a vida o muerte que trasluce desgarros interiores, un enfrentamiento primordial que llega hasta el Guernica. Picasso se identificó con el minotauro en la arena, y siempre se sintió como un diestro al enfrentarse y vencer cada día al lienzo en blanco, al vacío, a la falta de creatividad, a la muerte.

En esta sala se exponen cerámicas y grabados con tema taurino, siendo especialmente destacable la serie El toro, un hito en la producción litográfica de Picasso en la que asistimos a la depuración absoluta de la figura del animal. El último estado de esta serie fue el único que tuvo una tirada comercial de 50 ejemplares. De todos los demás, solo se imprimieron 18 pruebas de autor; la dificultad de reunir todas las piezas, junto a su valor emblemático, hacen de ella una de las series claves de la colección de litografías del Museo Casa Natal.

Tras la guerra civil, Picasso se juró no volver a España mientras continuara la dictadura franquista. Las corridas de toros del sur de Francia fueron desde entonces su mayor ligazón con el país perdido, el país de la juventud y de la infancia, cuya añoranza se hacía cada vez más fuerte. En estas circunstancias, cobra especial significado su amistad con Eugenio Arias, excombatiente republicano afincado en Vallauris, donde abrió una peluquería con su esposa. Picasso, residente en esa localidad, lo conoció en 1947. Fueron muchas veces juntos a los toros, pero compartieron además la afición por la literatura y el flamenco, la militancia política y el recuerdo de España.

Se muestra en la sala un testimonio de esa amistad: dos páginas de prensa con dibujos originales de Picasso. Forman parte del conjunto de medio centenar de crónicas periodísticas taurinas intervenidas con notas y dibujos dedicados a Arias, inédito hasta 2019, cuando el Museo Casa Natal lo dio a conocer. Junto a estas obras, un código QR permite oír la única entrevista grabada a Picasso en español, en la que habla de su nostalgia por España.

Cuando el 8 de abril de 1973 falleció el pintor, Eugenio Arias acicaló su cuerpo y lo arropó en una capa española. Esta capa, que le regaló Jacqueline, su última mujer, fue enviada desde Madrid por el padre de Arias, quien eligió personalmente el paño en la Casa Seseña. Con esta prenda tradicional, Picasso acudió alguna vez a los toros. En la última estancia del Museo, el visitante puede apreciar una réplica exacta de la tradicional capa española con la que está enterrado el artista.

La despedida del recorrido llega con un retrato de Picasso firmado por Juan Gyenes, cuya colección de fotografías sobre el pintor forma parte de la colección del Museo Casa Natal, y dos citas de Rafael Alberti y Mercedes Guillén. Alberti, el gran poeta gaditano, mantuvo una estrecha amistad con Picasso en los años 60. Guillén, una intelectual en el exilio, halló la protección de Picasso en el duro París de 1939 y contó siempre con su amistad. Sus palabras dan voz al sentimiento de comunión del artista con su Málaga natal, que el Museo desea transmitir con fuerzas renovadas en este nuevo montaje expositivo.

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