Opinión

Cómplices

Cómplices. La firma de opinión de Irene Contreras

02:12

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Cuando los chavales de aquel colegio mayor de Madrid salieron a las ventanas a vomitar bilis machista amparándose en la tradición y la comedia me pregunté cómo podía ser que en ninguna de las cabecitas que asomaban hubiese prendido el pensamiento de que hacer aquello no era buena idea. Pensé si en alguna de las habitaciones sin luz habría algún chaval intentando dormir pese a la rabia que le producía el comportamiento de sus compañeros, si habría intentado convencer a sus amigos de no participar de esa vergüenza, si se habría ido a la cama resignado pero orgulloso de saberse un ser humano decente.

Proferir consignas machistas desde la ventana de un colegio mayor no es equiparable a participar en una violación grupal, pero también pensé lo mismo cuando supe que los chavales de 'la manada' habían compartido el vídeo en sus grupos de WhatsApp, impunes y alegres ante la actitud machista más censurable, incluso para un machista. Que al resto de colegas, los que no pudieron estar en la fiesta, no les repugnó recibirlo, y si lo hizo les dio igual. Claro, tampoco podíamos pedirles que dijeran "creo que lo que estáis haciendo es un delito", ni mucho menos "oye, me parece que estáis destrozándole la vida a esa chavala, y no entiendo cómo eso es divierte".

Hay que agradecer al feminismo su infinita capacidad para hacer pedagogía. Que nos explicara con mucha paciencia por qué nadie debe opinar sobre el cuerpo de alguien, por qué nos incomoda que nos digan cosas por la calle, por qué pedimos siempre a las amigas que nos avisen cuando lleguen a casa, por qué "no" significa "no". Que no solo existe la violencia física, que los asesinatos machistas son la punta del iceberg de todo un sistema de violencias, y también que lo mejor que un hombre puede hacer por el feminismo no es ceder el asiento ni sujetar la pancarta más grande, sino llevar esa misma pedagogía a los espacios a los que el feminismo no llega.

Se ha hablado tanto de la importancia de romper los ciclos de la violencia desde los espacios de socialización que, a estas alturas, el que no se haya enterado es porque no quiere asumir el papel que le corresponde. Y ante eso, al feminismo, que tanto se ha esforzado en explicarnos por las buenas que las mujeres también somos seres humanos, ya no se le puede pedir paciencia, ni que diga las cosas sin gritar. Este 25 de noviembre tampoco acabaremos con las violencias machistas, pero volveremos a acordarnos de las que ya no están y a pedir paz y futuro para las que están todavía. A vosotros no os pedimos mucho. Si acaso, que no seais cómplices ni perpetuéis todo eso que nos está jodiendo la vida.

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