Siempre y nunca no existen
Firma de opinión de la periodista Lola Jiménez, en Hoy por Hoy Córdoba

Siempre y nunca no existen. Lola Jiménez
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Córdoba
Vivo en un idioma que no me representa. Tanto hemos estirado la lengua de Cervantes que se nos ha partido en interesadas consignas que caben en un tuit.
Hemos perdido las palabras profundas y rotundas, verbos y sustantivos llenos de significado: amar, aprender, amistad, justicia…
Me siento muy fuera de un lenguaje que cree que caridad es sinónimo de solidaridad.
Me indigna la desmemoria del verbo pasar cuando se usa en expresiones como “yo paso de ir a votar”.
Me revuelvo cuando se generaliza y se habla de “clase política”, como si fueran seres ajenos y sin rostro.
Es un naufragio que alguien se decida por una marca donde solo están ellos, sin rastro de ellas, y llame a su ocurrencia “Caminando juntos”.
Una pena, el verbo caminar no se merece ese sucio manoseo, es una palabra legendaria y seguiré acariciándola como ya lo hiciera Machado en ese poema eterno en el que nos invita a superar etapas, ampliando así nuestro universo.
Algo, por otra parte, muy saludable. Queda demostrado que quienes viven en universos minúsculos tienden a creer que el bien general no es motivo para apearse del trono, haciendo flaco favor a los términos oxígeno y relevo.
No me quiero despedir sin plantar cara a los adverbios siempre y nunca, recordándoles que no existen, y que ni ellos, ni los verbos derogar, derrocar o destruir son la forma de allanar el camino a quienes estamos decididos a no volver a pisar la misma senda de represión y caciquismo.




