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Terrorismo a la carta

La firma de Juan Infantes en Hoy por hoy Jerez

Jerez de la Frontera

Uno como yo, que tiene ya la cabeza cana, observa con perplejidad la última ‘ocurrencia’ o pirueta jurídica de los primeros espadas del gobierno, tratando de justificar y convencer a la opinión pública de que existe un terrorismo de primer grado y segundo grado, para eludir las previsiones del Código Penal sobre este delito que afectarían de lleno a los encausados por todas las tropelías que cometieron durante el proceso independentista.

No hay que ser jurista para darse cuenta de que, con esto, se está retorciendo groseramente el argumento. Cualquiera de las tres acepciones de la RAE, encajan perfectamente en el concepto -no jurídico- de terrorismo, si bien, yo me quedo con la tercera: actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común, de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos. Lo que pasó, entonces, tiene un perfecto encaje en la definición ordinaria. No veo yo clara la distinción entre que afecte a derechos fundamentales o que no.

Sinceramente, en la deriva jurídica en la que se ha convertido todo esto de la amnistía, siempre habrá oportunidad de una nueva ocurrencia, viendo cómo negocian los independentistas que lo hacen por el método de conquistas. Son insaciables, no de ahora, de histórico. Y una vez han alcanzado lo inicialmente propuesto, a la vista de la debilidad de su oponente (que quiere mantenerse a toda costa en el poder, cueste lo que cueste), vuelven a tensar la cuerda, a doblar la mano, hasta volver a extorsionar a todo un gobierno de una nación.

Y encima, después, socialmente, los representantes de los catalanes, al menos los que condicionan el gobierno de España, se lamentan de que el resto del país, demonice a los catalanes de bien que -incomprensiblemente- están siendo manipulados por un grupúsculo de político. El resto de los españoles vemos con asombro cómo una tierra tan culta y europea (siempre se dijo que eran los más europeos de los españoles, quizás por la cercanía), están en manos de unos catetos ombliguistas que solo están trabajando por y para su interés particular. Para tratar de evitar los efectos de su actuar delictual.

No sé yo si es el momento de, como dijo el otro día Martínez Ares en su segundo pasodoble de cuartos, abrirles las puertas del corral y que se vayan. Pero la verdad es que son cansinos hasta el hartazgo. Y cuando consigan lo que pretenden, seguirán… lo dicho, son insaciables.

Personalmente, yo soy de los que opinan que los territorios no se negocian, se conquistan. Pero me da a mí que el concepto de los que ahora mandan dista mucho de lo que yo y la inmensa mayoría de españoles piensa. Que siete votos no pueden costarnos tanto. El tiempo dirá…