Ocio y cultura

Restauración del retablo de la Ermita de San Antonio

El comentario Nº 69 de Rafael Martín

Hermandad San Antonio de Padua, Arahal

Arahal

Cronista oficial, Rafael Martín Martín - Hoy quiero presentaros un nuevo comentario de esos que, para todos los defensores del patrimonio local, nos enorgullece difundir. Me refiero a una próxima actuación que viene a enriquecer el legado artístico de nuestra localidad: la restauración del retablo de la ermita de San Antonio de Padua.

Rafael Martín COMENTARIO Nº 69 RESTAURACIÓN DEL RETABLO DE LA. ERMITA DE SAN ANTONIO

Ya en mayo del pasado año, compartía mi satisfacción al hacerse pública la Resolución de la Dirección General de Industrias, Innovación y Cadena Agroalimentaria de la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural, en la que se incluía esta intervención entre las ayudas otorgadas. Hoy, con el retablo ya restaurado y nuevamente instalado en su lugar original, es un momento propicio para valorar la trascendencia de esta recuperación.

Soy plenamente consciente del enorme esfuerzo que ha supuesto para la Junta de Gobierno de la actual cofradía asumir este proceso, no sólo desde el punto de vista económico —a pesar de la ayuda recibida—, sino también por la cantidad de adversidades superadas hasta ver hecho realidad este anhelo: rescatar para el pueblo de Arahal un magnífico retablo que vuelve a brillar como lo hizo durante más de 240 años en esta histórica ermita.

Esta cofradía de San Antonio tiene su fundación en el siglo XVII un periodo de importantes transformaciones para Arahal. Durante esta centuria, Arahal —como muchas localidades de la región— vivió los efectos de la crisis general del siglo: la recesión económica, las epidemias (como la peste de 1649) y las tensiones sociales impactaron notablemente en la vida cotidiana. Sin embargo, también fue una época de consolidación urbana y religiosa, con la construcción o ampliación de iglesias, conventos y otros edificios de carácter religioso, reflejo del fuerte influjo de la Contrarreforma. La Iglesia desempeñó un papel central en la vida social y cultural del pueblo, y muchas de las tradiciones religiosas que aún perduran tienen sus raíces en esta época. La presencia de nuevas órdenes religiosas, como la de las Hermanas Dominicas de la iglesia de Ntra. Sra. del Rosario, con su llegada en el año 1612,  los franciscanos alcantarinos, en el 1624 o los hermanos obregones, en el 1664 se unieron a la ya existente desde 1546 de los mínimos en la Victoria. Esto supuso una enorme influencia en la vida espiritual de la localidad y en especial en la potenciación de la piedad popular. En el año 1617 ya existían 16 cofradías, unas fundadas en el siglo XVI como la Hermandad de la Misericordia, Hdad de la Santa Veracruz, Hdad del Santo Sepulcro y Virgen de la Soledad, cofradía de San Roque, Dulce Nombre de Jesús y otras  muchas de ellas fundadas en el primer decenio de este siglo: Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario, del Carmen, de Consolación, Madre de Dios del Campo, Santa Cruz de Jerusalén, de las Ánimas Benditas del Purgatorio, de la limpia Concepción, entre otras ; a ello se unieron nuevas fundaciones a lo largo del siglo, desde el 1624, quizás por la influencia de la llegada de los franciscanos descalzos del convento de San Roque,  la del Tránsito,  la de San José, San Antonio,  la de los Treinta y Tres hermanos, Ntra. Sra. de la Salud, Santísimo Sacramento, San Pedro y Santo Entierro  entre otras. 

Hay un documento conservado en el archivo general del arzobispado de Sevilla, del año 1685 consistente en un pletio de la Cofradía de Ntra. Sra, de la Salud, sita en el Convento de la Victoria, con las cofradías de San Juan Evangelista, los Treinta y tres hermanos, los hermanos de San Antonio y el Tránsito, relacionado con el lugar que ha de ocupar dicha Cofradía de la Salud en las procesiones y funciones públicas y que no se le está respetando. Del citado documento se puede derivar la fecha de la fundación de la cofradía de San Antonio, que podría fecharse en el año 1635, en la Parroquia de Santa María Magdalena. 

Quizás en la fundación de esta nueva Cofradía, como ocurrió con algunas otras, jugó un papel importante la influencia de los hermanos franciscanos descalzos de San Roque, dada su estrecha relación de esta orden con esta nueva advocación religiosa, ya que siempre se le prestó una gran devoción que en el seno de esta comunidad,   desde el momento en se unió a la Orden de Frailes Menores fundada por San Francisco de Asis. Fue entonces cuando Fernando de Bulhoes, que vivió entre 1195 y 1231, adoptando el nombre de Antonio, llegó a ser el formador teológicos de los franciscanos por encomienda del propio San Francisco de Asís. Fue canonizado por el Papa Gregorio IX el 30 de mayo de 1232, once meses después de su muerte, que fue el 13 de junio de 1231 y fue proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Pío XII en 1946.

La fundación de la Cofradía de San Antonio de Padua en la villa de Arahal, hacia la segunda mitad del siglo XVII, marcó un hito decisivo en la proyección de la devoción antoniana en la localidad. A partir de entonces, la figura del santo franciscano comenzó a adquirir un protagonismo religioso y popular creciente, arraigándose en la vida espiritual del pueblo.

La cofradía no solo organizaba cultos, procesiones y celebraciones en su honor, sino que también actuaba como vehículo de transmisión de la espiritualidad franciscana, caracterizada por la sencillez, la caridad y la confianza en la intercesión de los santos. En este contexto, San Antonio fue adoptado como intercesor cercano y milagroso, especialmente en momentos de necesidad, lo que alimentó una fervorosa veneración que traspasaba los muros de la iglesia y la necesidad de la construcción de una ermita, que se situó en la zona extramuros de la zona sureste de la ciudad, próximo al camino de la Vereda de Osuna, cerca pues de un lugar de comunicación entre la villa de El Arahal y la zona este, dirección Granada, que será conocida como Puerta de Osuna, de cuya existencia ya había datos de 1599.

Con el paso de los siglos, esta devoción se consolidó, hasta convertirse en una de las más sentidas del calendario religioso de Arahal. La imagen de San Antonio pasó a ocupar un lugar destacado en el corazón del pueblo, siendo invocado no solo por los fieles que buscaban objetos perdidos, sino también por aquellos que acudían a él en busca de consuelo espiritual, salud y protección.

En definitiva, la fundación de la cofradía fue el punto de partida de una devoción viva y profundamente arraigada en el pueblo de Arahal, que aún hoy se manifiesta en celebraciones cargadas de fe, historia y tradición.

Según un artículo publicado en un paseo por arahal, firmado por Manuel García Amador, la antigua ermita de San Antonio comenzó a construirse en 1650 y se le concedió licencia para la colocación de un altar y decir misa en 1660, pasando a engrosar el número de ermitas situadas en los extramuros de la villa, como así se encontraban la ermita de San Roque o la que en su momento fue ermita de San Sebastián, que se llegó a convertir en iglesia de Ntra. Sra. de la Victoria o la ermita de Madre de Dios del Campo. 

Esta ermita era pequeña, de una sola nave, con una capilla mayor de ladrillo y yeso, con un nicho para el santo y dos más pequeños para otras imágenes; más tarde, a lo largo del siglo XVIII fue objeto de importantes reformas, una de ellas fue la colocación del retablo para albergar la imagen titular de la misma, San Antonio.

Es este el retablo que ha sido objeto de restauración y que estuvo en la citada ermita hasta la década de 1990, que fue desmontado por presentar importantes deficiencias y sustituido por otro retablo, cuyo autor fue D. José Mª Gamboa, un personaje de especial relevancia en nuestra localidad que dejó sello de su buen hacer y su altruismo en todas las obras que realizó en las iglesias de nuestra ciudad. Siempre será recordado por una persona de gran valía y talento, amén de su desintersada colaboración. 

Desde el punto de vista artístico, este retablo rescatado  presenta un lenguaje plenamente barroco y, por sus características formales, puede fecharse en el segundo cuarto del siglo XVIII. No parece haber sido realizado expresamente para este templo, ya que su estructura, distribución y estilo indican que probablemente fue adquirido en otro lugar y adaptado posteriormente a esta ermita. De hecho, ciertos indicios iconográficos sugieren que originalmente pudo estar presidido por una imagen mariana, lo que añade una dimensión histórica de gran interés.

Sus características barrocas residen en la rica decoración con motivos vegetales, rocallas, el uso del estípite como columna característica de este estilo y los ornamentos dorados que cubren casi toda la superficie, resaltando con el uso del pano de oro el lujo y la magnificencia del conjunto; también es característico de este estilo el dinamismo visual, haciendo, para ello, uso de las formas curvas, los elementos tridimensionales y la disposición simétrica que contribuyen a ese efecto visual impactante y teatral.

El retablo tiene una estructura de cuerpos y calles, tres verticales, una central y dos laterales y dos cuerpos horizontales, uno inferior con el altar y otro superiosrcon nichos, remata en el ático, en su parte superior, que contiene una figura en un medallón u óvalo coronando el retablo la figura del Padre Eterno, copia del que primitivamente existió.

Los materiales utilizados son madera posiblemente de la familia de las pináceas,  tallada y estofada, una técnica común en retablos barrocos, con pan de oro aplicado sobre relieve tallado y , en cuanto a su pintura y policromía, aunque predomina el dorado, también hay detalles en tonos rojizos y verdes.

Preside el retable en la hornacina central la imagen de San Antonio de Padua, con el Niño Jesús en brazos y flores, típico de su iconogragía. Esta imagen es de 1937 porque la anterior sufrió los desmanes generalizados en las iglesias de nuestra localidad en los sucesos relacionados con la guerra civil de 1936, donde se quemaron obras escultóricas de gran devoción y de incalculable valor artístico.

Le acompañana en los dos cuerpos laterales, las imágenes de Santa Ana y de San Ignacio de Loyola. 

Vuelve, por tanto a ocupar ese espacio que durante  tanto tiempo estuvo en esta ermita, no solo enriqueciendo el valor estético del citado espacio, sino también restableciendo una conexión tangible con el pasado, lo que permite a fieles y visitantes experimentar una parte esencial de su herencia cultural y espiritual y devolver el protagonismo a una obra que ha sido, durante siglos, símbolo de fe y de arte.

La intervención ha sido realizada por el conservador-restaurado D. Jorge Anillo Rodrigo que ha devuelto al retablo su estabilidad estructural, ha limpiado y consolidado su policromía original, y ha recuperado elementos decorativos que se habían perdido o deteriorado con el tiempo. El resultado es una pieza revitalizada, que conserva su integridad histórica sin renunciar al esplendor que merecía.

En definitiva, la restauración del retablo de San Antonio es mucho más que una mejora estética: es un triunfo para la conservación del patrimonio local. Asegura la continuidad de una tradición artística y religiosa de gran importancia y representa un ejemplo claro de cómo el esfuerzo colectivo, el compromiso institucional y el amor por nuestras raíces pueden hacer posible la preservación de lo que nos define como comunidad.

Gracias a la implicación de la Junta de Gobierno, al compromiso constante de los hermanos de la Hermandad ,al generoso apoyo del pueblo de Arahal y el buen trabajo del conservador-restaurado D. Jorge Anillo Rodrigo , ha sido posible devolver a este retablo su esplendor original, manteniendo viva la memoria, la fe y la devoción que durante siglos ha inspirado San Antonio de Padua en esta tierra. Que este esfuerzo conjunto sea reflejo del amor que nos une al santo y testimonio del valor que damos a nuestro patrimonio espiritual y cultural.

Sonia Camacho

Sonia Camacho es directora de Bética de Comunicación...