En defensa de la Semana Santa de Arahal
El comentario del cronista oficial de Arahal, Rafael Martín Martín
Arahal
COMENTARIO Nº 71 - El comentario de hoy lo he titulado En defensa de la Semana Santa de Arahal, en el que vierto mi opinión sobre las recientes novedades que, con respecto a esta efemérides, se ha producido en nuestra ciudad.

Rafael Martín Martín, comentario 71 - En defensa de la Semana Santa de Arahal
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En 2026, la Hermandad de la Santa Caridad y Misericordia de Arahal celebrará su 525 aniversario fundacional. Más de cinco siglos de historia ininterrumpida la convierten en una de las instituciones más longevas y queridas de nuestro pueblo y comarca. Esa efeméride, cargada de significado para el mundo cofrade local, llega envuelta en un contexto inesperado: la no renovación del contrato con la Agrupación Musical Santa María Magdalena de Arahal. La banda que, por obra y gracia de su fundador, Manuel Ruiz, ha estado acompañando al Cristo de la Misericordia en la tarde del Jueves Santo durante las últimas cuatro décadas.


La noticia ha dejado un poso de tristeza en nuestra localidad y, muy especialmente, en el seno de la Hermandad. La Agrupación Musical Santa María Magdalena, distinguida recientemente con la Bandera de Andalucía de las Artes 2025, deja la tarde del Jueves Santo para marcharse a tocar a Sevilla. Nadie en Arahal comprende bien qué ha sucedido, máxime cuando la Hermandad se prepara para conmemorar una efeméride tan señalada. Desde luego, no se trata simplemente de un cambio de acompañamiento musical, porque no estamos ante un contrato de prestación de servicios cualquiera. Es una separación que, en Arahal, duele. Porque se produce en el corazón de una relación que parecía inquebrantable, y en la que están implicados elementos tan cargados de identidad, historia y emoción. Es, sin duda, una muy mala noticia para todos y, particularmente, para la Semana Santa de Arahal.
Semana Santa urbana vs. rural: una jerarquía que pesa
Durante décadas, el modelo sevillano de Semana Santa ha irradiado una influencia que ha llegado a todos los rincones de la provincia. No se trata solo de una estética: hablamos de un lenguaje completo, con sus cánones visuales, musicales, devocionales y procesionales, que se ha consolidado como referente hegemónico. Pero ese influjo ha traído consigo un efecto perverso: la aparición de una especie de jerarquía simbólica en la que el mundo rural sevillano, por sistema, parece ocupar los escalafones más bajos.
Sevilla, con su aparato mediático, sus modas y su capacidad de atracción, se sitúa como el vértice indiscutible de esa pirámide. Frente a ella, los pueblos quedan relegados a una suerte de periferia simbólica, como si fuesen versiones menores o imitaciones provincianas de una supuesta "Semana Santa verdadera". Lo más doloroso, sin embargo, no es solo la existencia de esa percepción desde la ciudad, sino el hecho de que esas mismas categorías son interiorizadas y reproducidas en nuestros pueblos. Parte de nuestra propia comunidad ha acabado asumiendo, aunque sea de forma inconsciente, que hay que parecerse y entregarse a Sevilla para ser reconocidos; que solo lo que viene de la capital tiene categoría, calidad o prestigio. Así, se diluye lo propio en un afán de homologación que no pocas veces pasa factura a la autenticidad, a la historia y al sentido profundo de nuestras tradiciones.


Un daño que nos alcanza a todos: la pérdida de lo propio
Cuando una banda como la Agrupación Musical Santa María Magdalena deja de acompañar a una de nuestras hermandades, no es solo una formación musical la que se marcha. Es una parte del alma de Arahal la que se apaga. Esa banda no ha sido únicamente música: ha sido relato, memoria colectiva, lenguaje sonoro de una devoción que se reconoce en cada nota, y en marchas tan significativas como la que Manolo compusiera al "Señor de Arahal".
En un momento en que el municipio trabaja con esfuerzo por potenciar y proyectar su Semana Santa hacia el exterior, este tipo de decisiones suponen un duro golpe. Nos despojan de recursos culturales propios, debilitan nuestro atractivo patrimonial y turístico, y fracturan la continuidad de una tradición construida desde dentro, popular y cargada de sentido para los locales.
Por eso es necesario alzar la voz, con respeto, pero con firmeza. A las hermandades de Sevilla que seducen a nuestras bandas con el glamour de la capital, conviene recordarles algo esencial: no todo lo que reluce engrandece. Esa dinámica de absorción —de atracción constante de talento desde la periferia hacia el centro— no fortalece el cuerpo cofrade andaluz. Lo desequilibra. Lo hace menos diverso. Lo concentra. Lo empobrece y, como en este caso, lo agrieta. Porque lo que Arahal pierde, no lo gana Sevilla: lo pierde la provincia entera.
En tiempos donde casi todo parece efímero, superficial o importado, Arahal necesita referentes que permanezcan. No solo bandas y cofradías, sino también personas e instituciones que encarnen valores firmes, compromiso con lo local y una forma auténtica de vivir y respetar nuestras tradiciones. Construir una identidad local sólida no es solo mirar atrás con nostalgia, sino proyectar nuestras virtudes y nuestro orgullo comunitario hacia el futuro.
La salida de una agrupación musical no debería hacer tambalear tanto el escenario local, pero lo hace, porque no se trata solo de música. Se trata de símbolos. De vínculos. De memoria. De Arahal como espejo de sí misma. Arahal puede y debe proyectarse más allá de sus límites, desde luego. Pero sobre todo necesita reconocerse dentro. Porque para los arahalenses, las puertas del cielo están aquí. En nuestras calles. En nuestros templos.

Sonia Camacho
Sonia Camacho es directora de Bética de Comunicación y fundadora de Estudio 530. Comunicadora andaluza...




