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Una vida de Evangelio silencioso: Manolo Manaute recibe la Medalla Pro Ecclesia Hispalense

El comentario de Rafael Martín, cronista oficial de la ciudad de Arahal

Arahal

COMENTARIO Nº 72 - Con este título quiero iniciar mi nuevo comentario, esta vez mi grata crónica, ante un acto que tuve el honor de presenciar en el día de ayer, en la iglesia de Ntra Sra de la Victoria, la imposición de la medalla pro Ecclesia Hispalense a un paisano nuestro, a nuestro amigo entrañable Manuel Manaute Lozano. Precisamente, ese día luminoso estuvo teñido por la emoción de la despedida de otra entrañable personaje Antonio Casado Medina, que luchó siempre junto a Manolo y que igualmente le fue impuesta esta medalla el pasado 4 de julio de 2023. Ayer partió hacia la Casa del Padre, como si el reconocimiento de la Iglesia aquí en la tierra fuera también una llamada definitiva desde el cielo.

Rafael Martín Martín, comentario 72

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Hay personas cuya vida se convierte, sin pretenderlo, en un mensaje que interpela, que inspira y que anima a creer en la bondad como fuerza transformadora. Manolo es una de ellas.

Fue allá por el mes de Junio, cuando la Archidiócesis de Sevilla le concedió la Medalla Pro Ecclesia Hispalense, un reconocimiento a toda una vida entregada al servicio de los demás y a la vivencia activa del Evangelio.

La ceremonia de entrega tuvo lugar en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, presidida en estos días por la imagen de la Virgen del Carmen, en un ambiente cargado de emoción, recogimiento y gratitud. Y fue el obispo auxiliar de Sevilla, Mons. Ramón Darío Valdivia Giménez, quien impuso personalmente la distinción, recordando que esta medalla no es un premio, sino una forma que tiene la Iglesia de decir “gracias” a quienes construyen Reino en silencio, desde lo cotidiano.

Una caridad que nace del corazón

Manolo no ha tenido cargos visibles, ni títulos resonantes. Pero ha ejercido como pocos ese ministerio laical silencioso y fecundo que nace de una sola raíz: el amor. Desde muy joven, con esa cordialidad contagiosa, su sonrisa siempre dispuesta y una simpatía que derribe barreras, ha estado siempre donde se le necesitaba, en casas humildes, en hospitales, en prisiones, en la parroquia, en asociaciones, el llegó a fundar en Arahal la Asociación el Tarajal, una asociación que nació con con el propósito de prevenir la drogodependencia y apoyar y facilitar la rehabitación, y sobre todo su enorme labor en Caritas, asociación en la que lleva setenta años luchando por los demás.

Su forma de hacer el bien nunca ha sido protocolaria. Lo suyo no es la filantropía de escaparate, sino la compasión auténtica: ese estar presente, ese saber escuchar, ese ayudar sin pedir nada, ese consolar sin imponer.

Y lo sigue haciendo cada día. Incluso ahora, cuando la vida le pone delante una de sus pruebas más duras: su esposa, compañera de toda una vida padece una enfermedad que le ha borrado nombres, recuerdos y palabras. Pero no ha podido borrar el amor. Y ahí está Manolo, cada día, arropándola, acariciándola, mirándola con la misma ternura de siempre. Porque el verdadero amor no depende de la memoria: nace del alma.

Hermanos sin fronteras

Pero su entrega no se queda en el círculo íntimo. Cada mañana, camino de su café diario, Manolo se detiene en las instalaciones donde los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca acogen a personas migrantes sin hogar, bajo la protección de la Virgen del Rosario. Lo hace con la naturalidad de quien entiende que el hermano está en quien sufre, sin importar de dónde venga.

Raro es el día en que no lleva algo para ellos. Un detalle, una palabra amable, un saludo que rompe el hielo de la exclusión. Y lo hace porque en esos rostros ve lo que el Evangelio le ha enseñado a ver: la presencia viva de Cristo en los últimos.

En el acto de ayer, Ibrahim uno de los inmigrantes, senegalés, subió al altar y le dirigió unas palabras a aquel a quien considera su segundo padre, su padre adoptivo por lo mucho que ha hecho por él, integrándolo en la sociedad arahalense y al que le hizo entrega de una placa de reconocimiento.

Un acto que es símbolo

La entrega de esta medalla, sencilla pero cargada de significado, no fue solo un acto. Fue un testimonio público de que hay otra forma de vivir la fe: no desde el protagonismo, sino desde el servicio; no desde el discurso, sino desde la entrega callada.

Mons. Valdivia lo expresó con claridad: “Esta medalla es para Manolo, sí, pero también para todos los que como él construyen Iglesia desde abajo, desde el corazón, desde la entrega sencilla.”

La imagen de la Virgen del Carmen, ante la que se celebraba la novena, se convirtió en testigo privilegiado de esta escena. Porque como María, Manolo ha estado siempre al pie de la cruz del otro. Como María, ha dicho “sí” sin condiciones. Como María, ha cuidado sin hacer ruido.

No era solo una entrega de medalla, era un gesto eclesial lleno de contenido, era la Iglesia reconociendo públicamente lo que tantas veces pasa desapercibido:el valor inmenso de una vida donada a los demás, con sencillez y fidelidad.

El momento fue profundamente humano y espiritual. Manolo, visiblemente emocionado, recibió la medalla rodeado de los suyos, de amigos, miembros de la comunidad parroquial y voluntarios que lo han acompañado en su caminar. Más que aplausos, lo que se respiraba era una reverencia serena ante una vida ejemplar, tejida de pequeños actos de amor sostenidos durante décadas.

El obispo Valdivia destacó cómo en personas como Manolo se hace visible la Iglesia que sirve, que acompaña, que se entrega, y subrayó que esta medalla no es un premio, sino un reconocimiento agradecido a una vocación laical vivida con autenticidad evangélica.

Más que una medalla

Lo de hoy no fue solo un reconocimiento. Fue una afirmación: la Iglesia también se edifica desde el silencio fecundo de quienes aman con fidelidad durante toda una vida.

Y ese es Manolo. Un hombre bueno, sí. Pero también un testigo. Una semilla. Un espejo. Una inspiración.

Su vida no necesita discursos. Habla por sí sola. Y nos dice a todos que el Evangelio no es solo para ser predicado… es para ser vivido. Enhorabuena, Manolo, porque en este mundo necesitamos personas como tú.

Sonia Camacho

Sonia Camacho

Sonia Camacho es directora de Bética de Comunicación y fundadora de Estudio 530. Comunicadora andaluza...

 

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