Cerrar un colegio, recalificar su parcela, construir un hotel

Cerrar un colegio, recalificar su parcela, construir un hotel
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Sevilla
La educación es una de las políticas públicas más ingratas para políticos en tiempos electorales. Las decisiones de peso que se adoptan en el ámbito educativo se cuecen despacio y tardan diez años en fructificar.
Para cuando llega el momento de evaluar el impacto real de esas medidas, el político que las adoptó ya no está, el gobierno probablemente es otro, la ley educativa seguramente es otra, y la continuidad de aquel proyecto se habrá roto o disuelto antes de saber si funcionaba.
Pero da igual, porque en diez años ya todo se olvida. El Gobierno andaluz acaba de anunciar el cierre de un colegio público de Sevilla por falta de alumnos. Ocurrirá en un barrio de clase trabajadora, con otros cuatro colegios públicos que, en los últimos años, han visto cómo la Junta iba recortando sus aulas hasta quedarse con una sola clase por curso.
El cierre de un colegio público no es una decisión burocrática ni la consecuencia lógica del desplome de la natalidad en España. El Gobierno de Juan Manuel Moreno ha ido cerrando cada aula de Infantil que se quedaba por debajo de la ratio media de estudiantes: hay 360 menos este curso; 2.758 menos desde que llegó al poder. Todas públicas, ninguna concertada.
El Partido Popular suele explicar esta política educativa aludiendo a la ley del mercado -oferta y demanda-, piedra angular de la ideología neoliberal.
Necesitamos diez o 20 años para saber qué sentido tiene cerrar hoy aulas y colegios públicos en Andalucía, en vez de aprovechar el desplome de la natalidad en beneficio de una enseñanza más personalizada, con menos alumnos por profesor.
Para entenderlo, quizá no haya que mirar 20 años adelante, sino 20 años atrás. El centro histórico de Sevilla tiene el doble de colegios concertados que públicos. Hace dos décadas el Ayuntamiento y la Junta (ambos del PSOE) se lamentaban (cínicamente) por la falta de suelo disponible para construir nuevas escuelas públicas en el centro, en un contexto de sobredemanda de alumnos. El único solar reservado para esto, en la céntrica calle Sol, lleva 20 años esperando a que se construya ese colegio que hoy, dicen, ya no hace falta porque no hay niños.
En cambio, un colegio privado regentado por familias de rentas altas acaba de anunciar que se marcha del Casco Antiguo y, de inmediato, el Ayuntamiento ha iniciado los trámites para recalificar el solar donde se ubica y poder construir más hoteles, viviendas de lujo y comercios. Estos, a diferencia de las aulas, no caducan en 20 años. Son imperecederos, como el capitalismo.




